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Maravillas de Álava que hay que ver al menos una vez en la vida

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Álava es un auténtico tesoro por descubrir, una de esas provincias que asombra a quien la recorre por primera vez sin ideas preconcebidas. Tierra de buenos vinos, paisajes fascinantes y lugares cargados de historia, es mucho lo que hay que descubrir en ella. La lista de maravillas de Álava es larga, desde su capital hasta rincones que parecen de otro planeta. En este viaje descubrimos solo algunas de sus joyas.

Maravillas naturales de Álava

La belleza de la Rioja Alavesa

Laguardia, Rioja Alavesa
Laguardia, Rioja Alavesa. | Shutterstock

La Rioja Alavesa es un territorio de paisajes dominados por viñedos casi infinitos que cambian de color con las estaciones. El vino da sabor a una comarca donde las bodegas más tradicionales se mezclan con otras que son auténticas maravillas de la arquitectura moderna. Todas tienen un denominador común: la producción de unos excelentes caldos con denominación de origen.

En esta comarca, además, se suceden algunos de los pueblos más bonitos de la provincia, allí donde la piedra habla de viejos tiempos de esplendor. Calles adoquinadas, recuerdos medievales en forma de murallas, palacetes renacentistas o iglesias magníficas son parte de la identidad de localidades tan auténticas como Laguardia, Elciego o Labastida.

Un rincón de vértigo: el Salto del Nervión

Salto del Nervión
Salto del Nervión. | Shutterstock

Ya en el límite con la provincia de Burgos, un curso de agua se precipita desde lo alto de un imponente acantilado. Son más de 200 metros de caída libre, el mayor salto de agua de la península y el segundo de Europa. Se trata de un espectáculo visual estacional, pero no por ello menos sobrecogedor. El Salto del Nervión es uno de esos escenarios de fantasía que hay que disfrutar desde las alturas, pero también desde el lugar en el que muere.

A la base de esta cascada se llega atravesando otra de las maravillas de Álava: el Cañón del Delika, excavado con infinita paciencia por el río Nervión durante millones de años. Sus paredes dan forma a un rincón de excepcional belleza. Solo el sonido de pequeñas cascadas y el vuelo de los buitres que anidan en los roquedos rompen la paz de un lugar asombroso.

La magia del Parque Natural de Gorbea

Parque Natural de Gorbea
Parque Natural de Gorbea. | Shutterstock

Hogar de seres mitológicos, el Parque Natural de Gorbea atesora algunos de los rincones más bellos de Álava, aunque su territorio está compartido con la provincia de Vizcaya. A la sombra de la cumbre que da nombre a este espacio se suceden bosques poblados por viejas hayas, robles y pinos que ejercen un poder hipnótico en quienes se adentran en ellos.

En su vertiente alavesa, el parque natural presume de espacios cautivadores donde la gran protagonista es el agua. Las joyas de la corona son, por un lado, la Cascada de Gujuli, una impresionante caída de 100 metros y, por otro, la ruta de las cascadas del río Bayas. Queda por mencionar un tesoro oculto: la Cueva de Mairuelegorreta, un mundo subterráneo de auténtica fantasía.

El Embalse de Maroño, el espejo de Álava

Embalse de Maroño
Embalse de Maroño. | Shutterstock

La silueta de Sierra Salvada se refleja en las cristalinas aguas de este embalse. Es una postal bucólica aderezada por infinitas praderas y bosques de pinos y robles que lo abrazan y que también ascienden por la ladera de la sierra. Todo ello convierte el entorno de este espejo de agua en uno de los lugares más relajantes de la provincia.

Esa sierra que hace de telón de fondo es otra de las maravillas de Álava. Se trata de un macizo de paredes rocosas que alcanzan 300 metros de altura y que se extiende a lo largo de 25 kilómetros como una muralla rocosa. Es un coloso pétreo horadado por centenares de cuevas y cuyas cimas ofrecen vistas espectaculares.

La ‘Suiza alavesa’ o el Valle de Aramaio

Valle de Aramaio
Valle de Aramaio. | Shutterstock

Fue Alfonso XIII quien comparó este rincón con los paisajes suizos. Razón no le faltaba. La niebla que lo cubre, caseríos aislados y las montañas del Parque Natural de Urkiola que lo rodean dibujan una postal que podría confundirse con la de algún valle alpino. A pesar de su encanto y de estar a solo 30 kilómetros de la capital, el Valle de Aramaio es todavía uno de los lugares secretos de Álava.

Además de pequeñas aldeas llenas de encanto y de rutas en las que resuenan ecos de viejas leyendas, el Valle de Aramaio destaca por sus delicias gastronómicas. La miel, la sidra, la carne y los quesos representan tentaciones en las que sí o sí hay que caer en este precioso y tranquilo rincón.

Maravillas de Álava: patrimonio histórico y cultural

El Valle Salado de Añana, un lugar de otro planeta

Valle Salado de Añana
Valle Salado de Añana. | Shutterstock

Si hay un lugar donde se diluyen a la perfección historia, tradición y entorno son las Salinas de Añana. Manantiales de salmuera recuerdan que en tiempos remotos esta zona estuvo cubierta por el mar. El agua que brota de ellos se canaliza hasta alcanzar las 5000 plataformas de evaporación que cubren la zona, dispuestas en casi 800 terrazas.

El Valle Salado de Añana es una de las postales más extrañas y a la vez más sugerentes de Álava y también es uno de los paisajes de sal más antiguos de España. Su explotación se inició hace 7000 años y se sigue realizando a la manera tradicional. Por cierto, esa sal que se obtiene tiene fama de ser una de las mejores del mundo.

El dolmen de Aitzkomendi y otros tesoros de la prehistoria

Dolmen de Aitzkomendi
Dolmen de Aitzkomendi. | Shutterstock

Algunas de las maravillas de Álava más misteriosas adquieren la forma de monumentos megalíticos. El más renombrado está cerca de la localidad de Salvatierra. Es el dolmen de Aitzkomendi, que con sus 60 metros de diámetro es uno de los más impresionantes del País Vasco. No muy lejos se encuentra el de Sorginetxe, que según la leyenda es obra de un grupo de brujas que bajó las piedras desde la Sierra de Entzia para celebrar aquelarres a su alrededor.

Viejas historias envuelven también otros monumentos funerarios prehistóricos que se reparten en el territorio de la Rioja Alavesa. Son ocho y, aunque el más conocido es el de la Chabola de la Hechicera, los del Montecillo, Lazaya o El Sotillo tienen poco que envidiarle.

La inspiradora Catedral Vieja de Vitoria

Catedral Vieja de Vitoria
Catedral Vieja de Vitoria. | Shutterstock

Vitoria es una de las escasas ciudades españolas con dos catedrales. Su Catedral Vieja, la de Santa María, es una joya gótica con un cierto aire de fortaleza, fruto de la convulsa época en la que se iniciaron las obras. A pesar de ello, es un templo magnífico, tan rico en detalles y secretos, que seduce a todo aquel que se adentra en él. No es exagerado, pues el archiconocido escritor Ken Follett se inspiró en este templo para escribir Un mundo sin fin, la segunda parte de Los pilares de la Tierra.

La Catedral Vieja se alza en el casco histórico de la capital vasca. Su entramado de calles conserva aún su ambiente medieval y algunas otras pequeñas maravillas que no hay que pasar por alto, como la Iglesia de San Pedro o la Plaza de la Virgen Blanca.

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