Un viaje al pasado por el conjunto monumental de Castro Urdiales

Conjunto monumental Castro Urdiales

Ubicada en el noreste de Cantabria, en la frontera con Vizcaya, descansa a orillas del Cantábrico una de las villas marineras más hermosas de Cantabria, un punto de paso habitual para los peregrinos que transitan el Camino del Norte a Santiago de Compostela. Se trata de Castro Urdiales, un enclave que se cree que existe antes incluso de la llegada de los romanos, aunque su consolidación no se produjo hasta la fundación de la colonia romana Flaviobriga. De entre todos los atractivos turísticos de este municipio, que no son pocos, hay una estampa que destaca por encima de todas: la del conjunto monumental, que engloba a la iglesia de Santa María de la Asunción, el castillo-faro y la ermita de Santa Ana.

La vista más impresionante de esta postal es la que se obtiene desde el largo brazo que sale del peñón donde se ubican los monumentos. Un malecón desde el que observar, vigilando desde las alturas, a dos grandes y antiguos edificios que protegen la ciudad. Porque Castro Urdiales se construyó, ante todo, con un fuerte carácter defensivo. Alfonso VIII le concedió el fuero en 1.163 con el propósito de proteger la frontera marítima del Cantábrico de posibles enemigos, ya que Castro Urdiales desempeñó un importante papel comercial para Castilla, al hacer de puente con Francia, Inglaterra y Países Bajos.

Conjunto Monumental de Castro Urdiales
Vista aérea de Castro Urdiales. | Shutterstock

Este carácter militar se refleja aún en el peñón, que en el pasado se completaba con dos murallas. La primera de ellas rodeaba tan solo la explanada monumental, mientras que la segunda abrazaba la totalidad de la villa. Aquella disposición, unida a la militarización de los enclaves próximos, mantuvo al municipio a salvo de ataques a lo largo de varios siglos.

Pero, aún así, en 1.813 las tropas de Napoleón tomaron la villa. No obstante, el castillo de Castro Urdiales cumplió una fuerte labor defensiva. Primero, defendiendo la invasión marítima con baterías y cañones. Y en segundo lugar, hizo posible que vecinos y soldados pudieran ampararse en la fortaleza. Muchos aprovecharon su salida al mar para huir en buques ingleses.

Un faro encima de un castillo

Castillo de Castro Urdiales
Castillo-faro de Castro Urdiales. | Shutterstock

El castillo de Castro Urdiales es uno de los pocos que se conservan aún en Cantabria. Su construcción se produjo casi hace un milenio, pues aunque no se sabe la fecha exacta de su construcción, se estima que fue entre los siglos XII y XIII, cuando el municipio brillaba económica, política y socialmente. Como se ha dicho, la principal función de esta fortaleza fue la de la defensa del municipio, una labor que desempeñó muy bien.

A lo largo del tiempo, el castillo de Castro Urdiales se ha visto sometido a varias reformas y ampliaciones. De su estructura original, aún se mantienen sus muros, realizados en mampostería y rematados en las esquinas por torres de forma cilíndrica. Dentro, la nave principal y las bóvedas superiores. Y en el patio trasero, las escaleras que conducen al punto fuerte de la visita: la azotea. Desde allí, el mar Cantábrico se extiende en el horizonte haciendo gala del eslogan Cantabria infinita. Las vistas del resto de Castro Urdiales tampoco están nada mal.

Conjunto monumental de Castro Urdiales
Conjunto monumental de Castro Urdiales visto desde el malecón. | Shutterstock

Pero quizás, lo que más llama la atención de este castillo es que en esta misma azotea hay un faro. ¿Un faro encima de una fortaleza? Eso no se ve todos los días. Fue encendido por primera vez en noviembre de 1853 durante el reinado de Isabel II. Durante mucho tiempo dispuso de una vivienda anexa para el farero, pero ésta fue demolida al restaurarse el recinto.

Asimismo, el castillo de Castro Urdiales pasó de ser una fortaleza inexpugnable durante siglos a servir de prisión en la Guerra Civil Española, tanto para presos republicanos como fascistas. En la actualidad, sus instalaciones están dedicadas a las visitas turísticas.

La catedral de Santa María: el mejor ejemplo vivo del Gótico en Cantabria

La iglesia de Santa María de la Asunción, también conocida como la catedral de Santa María, es la otra joya arquitectónica del conjunto monumental de Castro Urdiales. Se trata, de hecho, del mejor ejemplo vivo del Gótico en toda Cantabria. Su construcción se remonta al siglo XIII, aunque se desconoce la fecha exacta. En cualquier caso, su edificación se corresponde, de nuevo, con el periodo de gloria de la villa. Asimismo, bajo el amparo del rey Alfonso VIII de Castilla, los trabajos en la iglesia se prolongaron hasta el siglo XV.

Iglesia de Santa María de la Asunción
Iglesia de Santa María de la Asunción. | Shutterstock

Este templo de culto cristiano, considerado Bien de Interés Cultural desde el año 2002, presenta nada menos que tres naves, rematadas por una girola o corredor del que emergen tres capillas. En su exterior, la fachada, hecha de piedra arenisca, presenta nuevamente un carácter defensivo. Incluso aún es posible ver en ella las cicatrices que dejó la invasión napoleónica, conocida, por cierto, como la francesada.

Además, el interior de la iglesia está salpicado de no pocas piezas artísticas, algunas de gran interés. Tal es el caso de un Cristo gótico de madera policromada y de tamaño natural. También destacan la Virgen de piedra policromada o un lienzo atribuido a Zurbarán que representa al Cristo de los Milagros.

Un paseo al pasado por el conjunto monumental de Castro Urdiales

Aunque estos dos edificios son los más representativos del conjunto monumental de Castro Urdiales, no son los únicos. Junto a la iglesia de Santa María de la Asunción se hallan las ruinas de la iglesia románica de San Pedro. Y justo a los pies del castillo, está el puente medieval, conocido por los castreños como el puente romano.

Puente medieval de Castro Urdiales
Puente medieval de Castro Urdiales. | Shutterstock

En el pasado, este grupo de edificios no estaba unido de la forma en la que lo está ahora. Los diferentes inmuebles (el castillo, la ermita y la iglesia) se hallaban repartidos en varios peñones que se unían a través de puentes y pasarelas. Uno de ellos era este, el cual ahora solo dispone de un arco ojival. De esta forma, podemos hacernos una idea de cómo era antes el conjunto monumental de Castro Urdiales.

Alejada y a la vez próxima del resto de los monumentos se encuentra la ermita de Santa Ana. Este edificio era el que antiguamente presidía la entrada natural al puerto de Castro Urdiales. A través de unas escaleras excavadas en la roca del peñón, se accede al pórtico de la ermita, un edificio contemporáneo de forma cuadrada, erguido con sillares de tierra. Si la ermita está cerrada, la subida habrá merecido aún la pena, pues las vistas del castillo y de la iglesia no son para menos.

Si está abierta, el visitante se encontrará a la entrada con la imagen de Santa Ana, madre de la Virgen María. Esta figura preside una exposición de restos arqueológicos del Paleolítico Superior que se pueden ver a través de un suelo transparente. La guinda perfecta para una visita al pasado.