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El castillo de Montjuïc: de escenario de represión a espacio de convivencia

castillo de Montjuïc

Con Barcelona rendida a sus pies, el castillo de Montjuïc se alza sobre una atalaya que domina el paisaje. Es el recuerdo en piedra de un pasado heroico, aunque también de algunos de los episodios más terribles que se han escrito en la historia de ciudad. Pero esta fortaleza es hoy mucho más que un monumento histórico. Es el ejemplo de cómo una construcción diseñada para la guerra puede transformarse en un espacio para el entendimiento y la cultura. Las armas hace tiempo que dejaron paso a exposiciones, a conciertos, a jornadas cinematográficas y hasta a actividades deportivas. Por ello, de un modo u otro, el castillo de  Montjuïc es visita obligada en la capital catalana.

Unas vistas privilegiadas de Barcelona

Las vistas que se obtienen desde la fortaleza son uno de los motivos indiscutibles por los que merece la pena ascender a lo más alto de la montaña de Montjuïc. La terraza del castillo ofrece una de las postales más bellas de la Ciudad Condal. Barriendo 360º con la mirada es posible contemplar todo el trazado urbano, los paisajes que rodean Barcelona y también alguna localidad cercana, al menos si el día amanece despejado.

Vistas Barcelona
Vistas de Barcelona desde el castillo de Montjuïc. | Shutterstock

No hay que forzar la vista para encontrar la silueta de la Sagrada Familia, las torres de Puerto Olímpico o el peculiar perfil de la Torre Abgar. Un poco más allá, la mirada choca con el Templo Expiatorio del Sagrado o la sierra de Collserola. Y, justo enfrente, la belleza de ese mar Mediterráneo que en el ocaso regala imágenes idílicas. Es lo que se ve desde el castillo de Montjuïc. Pero no solo merece la pena el paisaje, también adentrarse en la singular historia de una edificación que ocupa un lugar destacado en las crónicas de Barcelona durante sus últimos 400 años.

Una fortaleza que se levantó por una revuelta popular

Íberos, romanos, visigodos y musulmanes ocuparon la atalaya sobre la que hoy se alza el castillo de  Montjuïc. Se sabe que en el siglo XI ya había en ella una pequeña torre vigía. Sin embargo, y a pesar de su posición privilegiada, pasarían siglos hasta que se levantara el primer fortín, allá por 1640.

¿Pero qué llevó a construirlo? La revuelta popular que desencadenó la Guerra de los Segadores. Fue la ciudad la que alzó el fortín, en un intento de defenderse de las tropas castellanas de Felipe IV. No lo consiguió. El ejército real sofocó la rebelión, conquistó la ciudad y ocupó la instalación militar, que se fue ampliando en los años siguientes.

A principios del siglo XVIII, durante la Guerra de Sucesión, el fortín quedó prácticamente en ruinas. De hecho, la fortaleza que ha llegado a nuestros días no comenzaría a construirse hasta 1753, siguiendo un diseño del ingeniero Juan Martín Cermeño.

El castillo de Montjuïc: el lugar donde se fusiló a Lluís Companys

Esa nueva fortaleza sería protagonista de algunos de los capítulos más trágicos y sangrientos acontecidos en la Ciudad Condal. Desde sus baluartes se bombardeó la ciudad en 1842, 1843 y 1856 para sofocar revueltas populares. Menos de 100 años después, esta misma fortaleza se transformaría en prisión. Era el comienzo de la leyenda negra del castillo de  Montjuïc.

castillo de Montjuïc
Atardecer en el castillo de Montjuïc

En las últimas décadas del siglo XIX fue testigo de encarcelamientos masivos, de torturas y fusilamientos de sindicalistas, revolucionarios y anarquistas. Ya entrado el siglo XX, continuó siendo lugar de represión, de tribunales militares, de consejos de guerra y ejecuciones. En la Guerra Civil lo sería bajo las autoridades republicanas primero y, después, bajo el mando nacional. Precisamente, fue en el castillo de  Montjuïc donde tuvo lugar un acontecimiento de enorme trascendencia política e histórica. Ocurrió el 15 de octubre de 1940 y fue el fusilamiento de Lluís Companys, presidente de la Generalitat.

El castillo se mantuvo como prisión militar hasta 1960, cuando pasó a convertirse en museo de armas. Finalmente, ya en 2007, pasaría a manos del Ayuntamiento de Barcelona para convertirse en lo que es hoy, un espacio dedicado al encuentro, a la cultura y a la libertad.

Un paseo por las estancias del castillo de Montjuïc

Por su historia y su singularidad, el castillo de  Montjuïc merece una visita calmada. Visita que se inicia cruzando el puente de acceso para salvar el foso de Santa Eulalia hasta llegar a la puerta de acceso, con una magnífica fachada de estilo neoclásico adornada con el escudo de Carlos III.

Ya en el interior del recinto, hay mucho que ver: los cuatro baluartes, la muralla de marina y, de manera especial, el patio de armas, cerrado por una galería porticada. Es en él donde se encuentra el centro de interpretación que permite sumergirse en la historia del castillo. Y en su parte superior es donde se encuentran la torre vigía y la terraza que domina la ciudad.

Interior del castillo de Montjuïc
Interior del castillo de Montjuïc. | Shutterstock

Pero volvamos al foso. En concreto, al de Santa Eulalia. Sus tres metros de profundidad están excavados en la montaña. Pero no es eso por lo que merece mención aparte, sino porque se trata del lugar elegido para muchas de las ejecuciones aquí acontecidas, incluida la de Lluís Companys. En la actualidad, en este lugar se alza un pequeño monolito en su recuerdo. Así, lo que fue un lugar de muerte es hoy un lugar de vida, una zona ajardinada que sirve de escenario de eventos culturales e incluso de práctica de tiro con arco.

Para finalizar la visita, una pequeña anécdota. Puede sorprender encontrar en el castillo un homenaje al metro, a esa imprescindible unidad de medida. Tiene su explicación. Fue aquí, en el castillo de Montjuïc, donde en 1792 un equipo de científicos liderado por el astrónomo francés Pierre-André Méchain definió esta unidad de medida.

Un lugar desde el que descubrir el resto de Montjuïc

Vistas teleférico Montjuïc
Vistas desde el teleférico de Montjuïc. | Shutterstock

Como se ha dicho, el castillo de Montjuïc se alza en la parte más elevada de la montaña del mismo nombre. Para llegar a él es posible hacerlo tanto en coche como autobús, ya que hay un aparcamiento en las cercanías. Si hay fuerzas, merece la pena subir andando para disfrutar del entorno mágico de la montaña. Y, si no apetece la caminata, el teleférico es la mejor alternativa. Con casi 800 metros de recorrido y tres estaciones, es una buena forma de contemplar la ciudad a vista de pájaro y, por supuesto, llegar a la fortaleza.

Una última recomendación. La cima de la montaña y el castillo no deben ser el final de la visita. Son un punto de partida ideal para descubrir otros rincones maravillosos, como el Jardín Botánico, los jardines de Joan Brossa o los jardines de Mossèn Cinto Verdaguer. También se encuentra en esta zona el precioso Museu Nacional d’Art de Catalunya.