La Orden del Temple fue uno de los grandes actores del periodo medieval en Europa. Desde 1118 hasta 1312 evolucionaron de un grupo de nueve caballeros a una organización militar y religiosa con un inmenso poder. Precisamente esa influencia acumulada les llevó a desaparecer debido a una conspiración organizada por el rey Felipe IV de Francia. No obstante, su legado es inmenso y no faltan ejemplos de ello a lo largo del país. Castillos, iglesias o ermitas que los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón levantaron durante su pugna contra los musulmanes de la Península Ibérica. Esta ruta templaria por el norte de España recoge algunos de los más llamativos o importantes del tercio norte peninsular.

Aunque hay muchos lugares asociados a los caballeros de la Orden del Temple, su presencia en Euskadi, Cantabria y Asturias solo se basa en mitos o costumbres. La ausencia de conflictos en estas zonas supuso que no elevaran fortalezas ni haya muchos restos importantes al respecto. Por ello, la mayoría de los lugares de esta ruta de cuatro días transcurren algo más abajo, por tierras catalanas, aragonesas, castellanas y leonesas. En Galicia los caballeros también tuvieron dominios, por lo que de contar con un día más es una buena idea desplazarse hasta Temple y Cambre. Sea como fuere, toca ir a Tarragona para empezar.

Ponferrada, parte de la ruta templaria por el norte de España

Ponferrada, parte de la ruta templaria por el norte de España.

Primer día: de Miravet a Monzón

La provincia de Tarragona es conocida por la influencia que los templarios tuvieron en varias de sus poblaciones. Por ejemplo, en Tortosa se halla el castillo de la Zuda. La encomienda de este lugar fue una de las más prosperas que tuvo la orden en el Reino de Aragón junto a la de Miravet. Precisamente aquí arranca la ruta templaria por el norte de España. De ahí sigue por Lleida, en el Castell de Gardeny, y Huesca, en Chalamera y Monzón.

Miravet, km 0

Castillo templario de Miravet

Castillo templario de Miravet.

El origen del lugar, al igual que en el caso tortosino, se remonta a poco después de la llegada de los caballeros al lugar, a mediados del siglo XII. Cuando el reducto almorávide de Miravet cayó en 1153, tras un año de asedio en que los soldados del Maestre Pere de Rovira ayudaron de forma decisiva a las tropas condales de Ramon Berenger IV, la fortaleza quedó en manos templarias. Sobre el fuerte árabe se decidió crear un castillo para defender el curso bajo del Ebro. El modelo seguiría el estilo que la orden había mostrado en Tierra Santa y muchos otros lugares de la cristiandad. Recta, sencilla y compacta, la mole fue el foco desde prosperaron los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón.

Siglo y medio después tropas reales aragonesas sitiaron el lugar. El motivo fue la suspensión de la Orden del Temple. Tras resistir, hubieron de rendirse. La torre de Sangre es donde se rindieron los últimos, un punto indispensable en la visita. Aunque la leyenda que le da nombre afirme que se ajustició a los caballeros, estos sobrevivieron como prisioneros.

Antes o después de ver las distintas estancias del castillo de Miravet se puede visitar el poblado viejo, que creció en torno a la fortaleza. También merece la pena prestar atención a la iglesia vieja, desarrollada inicialmente por los herederos de los templarios, los caballeros de la Orden Hospitalaria. El tiempo a dedicar al lugar depende de si se quiere parar en el Castell de Gardeny o en Chalamera. Si directamente se avanza a Monzón, es posible dedicar medio día.

Castell de Gardeny, km 89

Castell de Gardeny en Lleida

Castell de Gardeny en Lleida. | Shutterstock

En Lleida capital se sitúan los restos de este castillo, en la loma del mismo nombre. El alto permite repasar la historia de la orden en la provincia ilerdense. Ya en época romana se usó el alto en que se ubica la fortaleza, como en los combates que protagonizó Julio César contra sus enemigos pompeyanos.

Siglos después los templarios elevarían el Castell de Gardeny, que sobrevivió a su desaparición. Bien musealizado, muestra las adaptaciones que sufrió durante la Edad Moderna. Además, al estar a medio camino de Monzón, Lleida es una gran opción para parar a comer.

Monzón, km 180

Castillo templario de Monzón

Castillo templario de Monzón.

De camino al hito templario más famoso del territorio de Huesca merece la pena parar brevemente a conocer el entorno de Chalamera. Allí aguarda una ermita del siglo XII elevada por la propia orden. Se trata de una gran muestra de románico. Antiguamente tanto en dicha población como en la vecina Belver de Cinca había sendos castillos oscenses, que fueron destruidos al desaparecer los caballeros. En el chalamerino resistieron los últimos miembros aragoneses del temple, tras haber cedido Monzón al asedio inquisitorial propiciado por Felipe IV de Francia.

Sí que pervivió el magnífico castillo de Monzón. En un monte, dominando el pueblo, permanece impasible. En un inicio fue una fortaleza árabe, pero acabó en poder de los templarios tras ser reconquistado por los aragoneses. Las defensas del complejo se mejoraron mucho durante la estancia de la orden. El prestigio adquirido sirvió para que el maestre Guillem de Montodrón educara allí al futuro Jaime I El Conquistador.

A pesar de que se adaptara a la irrupción de la artillería pesada y haber participado en los grandes conflictos de la historia española, su esencia templaria permanece clara. La visita incluye la sala capitular, las caballerizas, la torre de Jaime I o la iglesia de San Nicolás. Antes de descansar conviene visitar la ermita de Nuestra Señora de la Alegría o la catedral de Santa María del Robledal, donde se celebraron varias cortes de la Corona de Aragón

Segundo día: de Monzón a Torres del Río

Aunque haya un buen trecho desde Monzón, las dos pequeñas iglesias a visitar merecen la pena. Ambas comparten características, como estar en Navarra, la relación con el Camino de Santiago y la planta octogonal, que retrotrae especialmente en el caso de la de Torres del Río a la iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Son asimismo buenos ejemplos de la tradición que asigna este tipo de construcciones a la orden del Temple, ya que diversas investigaciones apuntan a que fueron estos caballeros quienes las elevaron.

Santa María de Eunate, km 424

Santa María de Eunate

Santa María de Eunate.

Hay que salvar más de 200 kilómetros hasta la iglesia románica de Santa María de Eunate. Como tanto ella como la iglesia del Santo Sepulcro de Torres del Río se ven rápido, si se madruga se puede parar de camino en Huesca u Olite. Ya en el municipio de Muruzabal se puede contemplar este pequeño pero precioso templo del siglo XII. Se ubica al lado de Puente La Reina, otra opción turística para alargar las visitas del día. Muy cerca se conecta el Camino Aragonés y el Francés navarro, por lo que es muy probable cruzarse con peregrinos. De este modo, la precaución en las zonas comunes de carretera debe ser máxima.

La mayor curiosidad de Santa María de Eunate, además de su curiosa planta, es la galería externa que la rodea. Esta posee asimismo una notable arquería que crea gracias a lo aislado del templo un conjunto encantador. Cabe resaltar que varias de sus tumbas medievales se han hallado conchas, lo que la asocia directamente con la ruta jacobea. Un trayecto en el que la Orden del Temple se vio muy involucrada, protegiendo a los peregrinos.

Torres del Río, km 484

La iglesia del Santo Sepulcro dominando Torres del Río

La iglesia del Santo Sepulcro dominando Torres del Río. | Shutterstock

Unos 60 kilómetros más adelante, pasado Puente La Reina y Estella, Torres del Río podría parecer un pueblo más. Sin embargo, posee una joya arquitectónica: la iglesia del Santo Sepulcro. Data del mismo siglo que Santa María de Eunate. El románico del templo tiene también rasgos mudéjares. Posteriormente se instaló una linterna en lo alto de la construcción que guiaba a los peregrinos en su camino a Santiago de Compostela. Una vez vista una buena alternativa es continuar un poco más adelante y pernoctar en Logroño o Viana.

Tercer día: de Torres del Río a Villalcázar de Sirga

De nuevo la ruta templaria por el norte de España se corresponde aproximadamente con el Camino de Santiago Francés. Gracias a ello, es posible realizar un alto en Burgos antes de alcanzar Castrojeriz. En esta población se ubica la iglesia templaria de San Juan. Mientras tanto, en el siguiente hito, Villalcázar de Sirga fue la única encomienda del temple en Palencia.

Castrojeriz, km 680

Iglesia de San Juan en Castrojeriz. | Shutterstock

En un par de horas se llega de Torres del Río a Castrojeriz, algo menos si se hizo noche en Logroño. Antes de llegar al pueblo y su iglesia templaria de San Juan es buena idea parar el coche en las ruinas del monasterio de San Antón. Pertenecía a otra orden, la de San Antonio. Esta se encargaba de tratar el ergotismo o fuego de San Antón, producido por un hongo del centeno. Su símbolo era una cruz en forma de «T», o Tau. Su importancia fue muy grande y sirvió como sede de los antonianos en la Península Ibérica.

Siguiendo al centro de Castrojeriz, cabe destacar su disposición en torno al Camino de Santiago. Entre sus muchas e importantes iglesias, como la de Santa María del Manzano, destaca la mencionada de San Juan. Aunque la presión bélica estaba más al sur, los templarios mantuvieron su influencia en la zona gracias a construcciones como esta. Gracias a una reforma del siglo XVI, ejecutada por Rodrigo Gil de Hontañón, su antiguo aspecto quedó oculto. Sin embargo, su torre de corte defensivo muestra el carácter militar que tenía. El claustro, con clara influencia cisterciense es también original.

Villalcázar de Sirga, km 733

glesia de Santa María la Blanca en Villalcázar de Sirga

glesia de Santa María la Blanca en Villalcázar de Sirga. | Shutterstock

La condición de encomienda templaria de Villalcázar de Sirga está confirmada al menos desde 1307. Localidades cercanas, como Terradillo de los Templarios, estaban asociadas a ella. Antes de esto ya estuvo muy relacionada a la Orden del Temple. Por ejemplo, el primer hospital de peregrinos que tuvo la localidad palentina lo desarrollaron estos caballeros. Al tiempo, la principal iglesia del lugar es también templaria. Conocida como Santa María la Blanca también era un verdadero fortín.

Del edificio destacan la portada del siglo XIII, que anticipaba el gótico que dominaría la arquitectura religiosa poco después. Algo que se refleja en los elementos del interior. El conjunto fue también un santuario relacionado con la virgen María. De esta forma, inspiró a reyes castellanos. Por ejemplo, Alfonso X el Sabio compuso una de sus cantigas basándose en el templo.

Cuarto día: de Villalcázar de Sirga a Ponferrada

El final de esta larga ruta visita no podía ser otro que Ponferrada. La actual capital de El Bierzo pone fin a esta gran ruta templaria por el norte de España. Si hay algún día más disponible es posible realizar un epílogo en Zamora o Galicia. Antes de los montes que separan la comarca berciana de León se puede hacer una parada en Rabanal del Camino. Su pequeña iglesia perteneció a la orden, dependiente de los caballeros ponferradinos. Su misión era proteger el ascenso al monte Irago, zona de paso jacobea. Hoy día, arriba del todo aguarda Tomás, hospitalero que se declara como el último templario.

Ponferrada, km 944

Castillos de castilla y león

Castillo de Ponferrada.

Quizá la impronta más espectacular de este viaje sea la del castillo templario de Ponferrada. Esta inmensa mole pétrea se desarrolló tras ser dado el control de la urbe a los templarios por la corona leonesa casi en el siglo XIII.

Intrigas entre el reino de León y Castilla llevaron a que lo perdieran unos años frente a la Orden hospitalaria. La localidad había crecido en torno a un puente fortificado para que pasaran los peregrinos a Santiago y la iglesia de San Pedro. El impacto del temple fue muy profundo. Por ejemplo, se les asigna el descubrimiento de la patrona de El Bierzo, la negra virgen de la Encina. La habrían encontrado talando madera para ampliar su sede o durante el abandono de la misma tras caer en desgracia.

La fortaleza fue desarrollándose durante décadas, aumentando su tamaño considerablemente. Las murallas se reforzaron y se erigieron las dependencias necesarias para que los monjes guerreros desarrollaran su peculiar estilo de vida. De estas apenas han sobrevivido restos. La traición del rey de Francia que supuso la desaparición de la orden militar se saldó con la entrega de la ciudad a la corona. El acuerdo se cerró entre el infante Don Felipe junto con María de Molina y el maestre Rodrigo Yáñez. Las ampliaciones del siglo XV y XVI aumentaron aún más la fortaleza. Sin embargo, la Guerra de la Independencia conllevó enormes daños gracias a la acción de los franceses al retirarse. Hoy reconstruido, posee una enorme exposición sobre el temple y la era medieval.

La capital del Bierzo, además del castillo templario, posee notables atractivos. La basílica de la virgen de la Encina es un buen ejemplo. La gastronomía local es asimismo excelente y no lejos se asientan pueblos con un largo pasado como la aislada localidad de Peñalba de Santiago y su iglesia mozárabe. Siguiendo la huella templaria, la fortaleza de Cornatel es también imprescindible.

Epílogos

Castillo de Alba

Castillo de Alba. | Wikimeadia

Si todavía se quiere seguir un poco más adelante en esta ruta templaria por el norte de España hay dos opciones. Por un lado, cruzar los Ancares a Galicia y atravesarla hasta Temple y Cambre. Toda la zona estuvo controlada por la orden de la que heredó el nombre. Por otro, se puede bajar a la comarca del Aliste. Allí esperan los restos del castillo de Alba y Alcañices, muy cerca de la frontera con Portugal.

Resumen de la ruta templaria por el norte de España

Distancia total: 944 kilómetros

Días: Cuatro (sin ida y vuelta)

Distancias parciales: Día 1, 180 km | Día 2, 304 km | Día 3, 249 km | Día 4, 211 km

Paradas propuestas: Salida, Miravet | Día 1, Monzón | Día 2, Torres del Río/Logroño | Día 3, Villalcázar de Sirga | Día 4, Ponferrada

 


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