La Edad Media está patente en numerosos edificios como castillos, palacios, catedrales, ciudades envueltas por una muralla o calles empedradas. Viajar al pasado a través de ellos es posible. Pero lo que muchos aún no han experimentado es hacerlo desde las estancias más oscuras y terroríficas de los calabozos. Lugares en los que uno puede sentirse como un auténtico reo de la antigüedad.

Aunque cueste creerlo, las cárceles son también un atractivo turístico para mucha gente cuyo interés por la historia excede en curiosidad. Este tipo de turismo está empezando a ganar cada vez más terreno en España, pues son diversas zonas de su geografía las que cuentan con construcciones de esta temática escabrosa donde sucedieron algunos de los peores crímenes del medievo. Para quienes aún las desconocen, las cárceles pueden llegar a ser una gran fuente de interesantes historias.

Hasta hace poco, las prisiones fueron utilizadas como un poderoso instrumento de control social y de represión de las conductas para someter a la población más indeseada, peligrosa. Al tiempo también fueron empleadas como forma de exclusión social y marginación consentida. Los presos de aquella época sufrieron un maltrato constante e intencionado por parte de la autoridad judicial del reino y de sus agentes, quienes se sirvieron del terror y del miedo como mecanismo eficaz de castigo.

Cárcel de la Villa de Pedraza

Villa de Pedraza. | Shutterstock

El pequeño e histórico pueblo segoviano de Pedraza cuenta con una de las prisiones medievales mejor conservadas. Tras años y años de abandono, las autoridades de la villa decidieron darle una segunda oportunidad. Pero esta vez convirtiéndola en un espacio público y de interés turístico para el disfrute de sus vecinos. Pese a su remodelación, la cárcel de Pedraza sigue manteniendo su aspecto sombrío con los cepos y grilletes que se empleaban.

Entrada a la cárcel medieval de Pedraza. | Cárcel de la Villa

La prisión está situada en la entrada del recinto amurallado del pueblo, en un edificio que data sus orígenes en el siglo XIII. Su interior se distribuye en torno a dos niveles de mazmorras: el primero fue usado para los criminales más comunes, aquellos que habían cometido algún robo o delito menor. Mientras que la parte más baja estuvo reservada para los presos más problemáticos. En los archivos de este complejo penitenciario se descubrió que el acceso hacia esos espacios era a través de un agujero en el techo, desde donde eran lanzados los prisioneros.

La reclusión en la legislación medieval de Castilla

Fachada de la Cárcel de la Villa de Pedraza. | Shutterstock

El encierro como castigo no estaba previsto en la legislación medieval castellana, y mucho menos en el ánimo de aquella sociedad. La cárcel fue entendida como instrumento para la retención y custodia de los reos a la espera de juicio o la ejecución de la sentencia. Las Partidas de Alfonso X el Sabio prohibían expresamente sancionar los delitos con pena de prisión, a excepción de fechorías merecedoras de castigo corporal.

Uno de los cepos conservados en los calabozos. | Cárcel de la Villa

No obstante, la reclusión misma se transformaba en una medida coactiva para el detenido que trascurría un largo tiempo en los lóbregos y sucios calabozos. Por otro lado, y aunque la teoría jurídica prohibiera el uso de la cárcel como pena, los retenidos fueron sometidos a todo tipo de abusos y prácticas punitivas por los carceleros. Hoy las pruebas se encuentran en las cadenas, cepos y esposas que aún conservan las mazmorras.

Museo de Historia Medieval de la Curia-Prisión s. XIV, en Castelló d’Empuries

Entrada al Museo de Historia Medieval donde se encuentra la cárcel. | Museu d’Història Medieval de la Cúria-Presó, s. XIV

Otro conjunto carcelario igual de interesante es el que alberga en Castelló d’ Empuries, en la provincia de Girona. La prisión de la villa se encuentra dentro del Museo de Historia Medieval de la localidad, situado en un edificio gótico construido en tiempos del infante Pedro I, allá por el año 1336. Este fue el complejo jurídico-penal del municipio, en el que se integraban dos funciones: la curia y la prisión. La curia era la sede del tribunal de justicia, encargada de enviar a prisión a las personas que habían cometido algún delito.

En el recorrido por su interior se aprecian las condiciones infrahumanas de las mazmorras, donde los reclusos se esforzaron por dejar su memoria entre los muros de piedra. Gracias a los grafitos se han podido conocer los estados anímicos de los presos y su desasosiego.

Museo de Historia Medieval de la Curia-Prisión, s. XIV. | Manel Puig

A diferencia de la legislación castellana, en la Corona de Aragón ésta fue bastante variada debido a los diversos fueros y privilegios que concedieron sus reyes a medida que la Reconquista se desarrollaba. Aún así, el modelo legislativo era prácticamente el mismo. Las prisiones aragonesas se usaron para la custodia de los reos y para cumplir pequeñas correcciones que se imponían.



La Prisión de Morella

Una de las celdas de la cárcel medieval. | Prisión de Morella

Otra de las cárceles medievales aragonesas que guarda un gran pasado histórico es la de la localidad de Morella, en la provincia de Castellón. Como en la mayoría de municipios, esta prisión estaba instalada en los húmedos y oscuros bajos de su Ayuntamiento, construido en el siglo XIV. Su reciente rehabilitación como museo de historia de la villa ha sido reconocido con el premio Europa Nostra por el estado original de su arquitectura. Se mantiene la autenticidad del primitivo escenario, a la vez que ofrece un recorrido dinámico a través de paneles y proyecciones audiovisuales de lo más entretenidas.

Pasadizo interno de la cárcel medieval. | Prisión de Morella

Morella fue durante la Edad Media una de las grandes ciudades del Reino de Valencia. La autoridad judicial corría a cargo del Justicia Mayor de la Villa, quien resolvía los recursos a las sentencias de los justicias de la parte norte del Reino. Siendo así, no extraña en absoluto que La Prisión de Morella fuera una de las más relevantes del territorio. De hecho, la localidad llegó hasta con tres cárceles, una por cada jurisdicción estamental: eclesiástica, militar y Real. Pese a sus orígenes medievales, su función como cárcel siguió vigente hasta la pasada centuria. Los grafitos que se conservan en las paredes de la celda datan del s. XIX.