La Transpirenaica, una ruta que cose las fronteras de España y Francia a través de los Pirineos

Más antiguos que los Alpes, los Pirineos se yerguen como una fortaleza rocosa entre los países de España y Francia. Sin embargo, como las rocas no entienden de límites, su orografía discurre indistintamente entre ambos Estados, que cruzan el mapa de este a oeste. Entre sus muros, los Pirineos encierran picos con más de 3.000 metros de altitud, de los cuáles el más alto es el Aneto, que se levanta hasta los 3.404 metros. Aunque se prevé su desaparición en unos 30 años, los únicos glaciares de la Península Ibérica y los mayores del sur de Europa se enclavan en estas cordilleras, que año tras año recorren millones de personas. Una de sus rutas más famosas es la conocida como ruta Transpirenaica.

Esta ruta une al mar Mediterráneo con el Cantábrico, desde el cabo de Creus hasta la localidad de Hondarribia, o viceversa, a lo largo de 800 kilómetros de longitud. Su recorrido se puede hacer en coche, moto, bicicleta o, incluso, andando.

Transitar por 800 kilómetros de naturaleza

Bosque de Irati en Otoño

El bosque de Irati en Otoño | Shutterstock

La ruta Transpirenaica se extiende por las regiones francesas de Nueva Aquitania y Occitania y por las comunidades del País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña, así como por el pequeño Estado de Andorra. Su recorrido se puede seguir por distintas carreteras, aunque el camino oficial para quien decide hacerlo andando es el del sendero GR11. 

Si se eligiera ir en el sentido que va de oeste a este el excursionista o conductor empezaría la travesía en Hondarribia. Después de dejar atrás el País Vasco, los valles y los frondosos bosques de Navarra se abren paso hasta el valle del Baztán. En el municipio de Roncesvalles la ruta Transpirenaica se cruza con algunos peregrinos, que comienzan aquí el Camino de Santiago. Después, el recorrido se topa con la selva de Irati, el segundo bosque de hayas y abetos más grande y mejor conservado de Europa, solo por detrás de la Selva Negra. 

El camino continúa, pasando por los escarpados Pirineos aragoneses, el parque de Ordesa y Monte Perdido, los Altos Pirineos franceses, los circos glaciares, la Gran Cascada o Candanchú. Las opciones son diversas, ya que el coche permite desviaciones y cambios en la ruta, y numerosas, pues hay muchos lugares en 800 kilómetros

La ruta Transpirenaica a pie: una epopeya de más de 40 días

El pueblo de Aínsa con los Pirineos Aragoneses de fondo

El pueblo de Aínsa con los Pirineos Aragoneses de fondo | Shutterstock

En el año 1985, el Sendero de Gran Recorrido GR11, también conocido como ruta Transpirenaica, fue homologado oficialmente. El GR11 consta de unas 42 o 46 etapas, dependiendo del ritmo de marcha, y acumula un desnivel de hasta 42.000 metros. Ya que muchos no gozan de tantos días libres como para emprender tal epopeya, los excursionistas suelen repartirse el viaje en bloques que completan en meses y años distintos. 

Para hacer la ruta Transpirenaica a pie es recomendable disponer de una buena condición física e ir bien equipado. Las pernoctas se pueden realizar en los pueblos por los que pasa el camino, los refugios repartidos a lo largo de este o, incluso, es posible dormir bajo las estrellas en tiendas de campaña o directamente en un saco de dormir a la intemperie. Eso queda a la elección del viajero. Sin embargo, siempre hay que tener en cuenta que hay algunos de los sitios en los que está prohibido pernoctar al aire libre. Es el caso del Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici. Por todo ello, es conveniente organizar con detalle la ruta antes de empezarla.

Otra recomendación es la de hacer la Transpirenaica solo entre mayo y octubre, cuando las temperaturas son más suaves. En invierno la nieve inunda las sendas y el frío arrecia con fuerza. 

La Transpirenaica en carretera: disfrutar del camino

La carretera de Tourmalet en Francia

La carretera de Tourmalet en Francia | Shutterstock

Otra opción, ya mencionada, puede ser la de reducir las más de 40 etapas a pie a unas pocas en coche por las serpenteantes carreteras que discurren entre las montañas. En este caso, la ruta puede alargarse todo lo que uno quiera, pues lo mejor es disfrutar del camino. Parar, observar y hacer también algún sendero o desviarse unos kilómetros del camino para visitar lugares tan espectaculares como el lago de Gaube, en el lado francés, o detenerse en pueblos como Ansó o Aínsa.

Para los apasionados de la conducción o los moteros viajeros, son destacables las vistas desde Tourmalet o la subida al Pic Negre, puesto que se trata del único pico por el que pueden subir vehículos de motor. 

En cualquier de los casos en los que se realice la ruta Transpirenaica o sea cual sea el medio, lo que está claro es que se trata de una gran aventura que compensa a quien la hace con paisajes de ensueño.