El camino de la lengua castellana

Este camino es una experiencia de viaje centrada en poner en valor la lengua castellana. Se recorren seis lugares esenciales en su desarrollo y transmisión. En ellos se podrá disfrutar de sus monumentos, plazas, claustros, bibliotecas, palacios, escritores y, por supuesto, de la gastronomía (ver en nuestros enlaces a cada lugar donde comer y dormir). ¿Te animas a recorrer el camino de la lengua castellana?

San Millán de la Cogolla, cuna de la palabra escrita

Empezamos en San Millán de la Cogolla, el lugar donde Gonzalo de Berceo, primer poeta en lengua castellana, escribió parte de sus versos en el siglo XIII. Patrimonio de la Humanidad, es aquí donde aparecen las primeras manifestaciones escritas del castellano en las Glosas Emilianenses. En esta localidad se encuentran los Monasterios de Suso (arriba) y Yuso (abajo), esenciales por la labor cultural que allí se desarrolló. En el interior de Suso están el Cenotafio de San Millán (ahora los restos de San Millán se encuentran en Yuso) y los sepulcros de los Siete Infantes de Lara. Por su parte, el Monasterio de Yuso (también conocido como ‘El Escorial de la Rioja’) alberga 22 lienzos de Juan de Rizzi y un claustro de estilo renacentista con añadidos góticos y platerescos.

Santo Domingo de Silos, la palabra cantada

El camino de la lengua castellana nos lleva a Santo Domingo de Silos , donde se conserva un documento del año 958. Su fama llegó en 1040, cuando el Prior de San Millán de la Cogolla, el Abad Santo Domingo de Silos, se instaló allí. A finales del siglo XI se escribieron las Glosas Silenses, otra de las primeras manifestaciones escritas del castellano. Su claustro es una de las obras cumbres del arte románico en la Península Ibérica y en él se encuentra el “enhiesto surtidor de sombra y sueño…” al que Gerardo Diego dedicó sus versos en su famoso soneto El Ciprés de Silos. También este ciprés fue fuente de inspiración para Unamuno, Alberti, Machado…. No se puede dejar de visitar la botica, con cerca de 400 jarros, y su biblioteca; y, por supuesto, no se puede ir uno sin escuchar los cantos gregorianos de su comunidad benedictina, que sigue activamente con la tradición.

Valladolid, la palabra literaria

Seguimos nuestra ruta hasta Valladolid, cabecera de estado y corte, ligada a reyes y con una gran vida cultural. Destacan su histórica universidad y los muchos escritores que ha dado esta tierra, como José Zorrilla, Rosa Chacel, José Jímenez Lozano, Miguel Delibes, Jorge Guillén, Francisco Umbral o el propio Cervantes, que vivió aquí y dejó recogidas en sus obras multitud de rincones vallisoletanos.

Salamanca, la palabra sabia

Salamanca, la Ciudad del Saber, fue declarada en 1988 Patrimonio de la Humanidad y guarda un patrimonio artístico tan rico que se le ha llegado a calificar como “la pequeña Roma”. Su universidad, la más antigua de España, es y sigue siendo un relevante foco cultural. Aquí impartió clases Fray Luis de León (su aula se conserva intacta y tal como él la dejó), se escribió la primera Gramática Española (1492) y Miguel de Unamuno fue su rector. En la antigua casa rectoral puede visitarse el museo dedicado a su memoria. Es otra de las paradas imprescindibles en este camino de la lengua castellana.

Ávila, la palabra mística

Esta urbe Patrimonio de la Humanidad es el mejor ejemplo de una ciudad amurallada medieval. Ávila y la mística están íntimamente relacionados. Lugar escenario de las Vivencias de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, la ciudad se convirtió en un referente por la fuerza de su trabajo religioso y literario. En el Centro de Interpretación de la Mística, único en España, se ha creado un espacio innovador para el conocimiento de esta actividad espiritual.

Alcalá de Henares, la palabra universal

Acabamos nuestro camino de la lengua castellana en la antigua Complutum romana, Patrimonio de la Humanidad “por la importancia de su Universidad y su Recinto Histórico…. y su papel en la difusión de la lengua y cultura española”. Hoy en día la Universidad de Alcalá de Henares y su Paraninfo siguen siendo el centro de las letras internacionales españolas, con la entrega del Premio Cervantes de Literatura cada 23 de abril. Por sus calles han pasado personajes como Quevedo, Cisneros, Nebrija y el propio Miguel de Cervantes, su hijo más ilustre; su huella salpica cada rincón alcalaíno.

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