Azkoitia

Cuna de beldades, caballeritos y pelotaris

Hay quienes discuten su reputación como cuna de beldades, así como las cualidades energéticas de sus célebres macarrones, pero nadie puede negar la trascendencia histórica de sus muchos hombres célebres: los Idiaquez, los eruditos caballeritos y sus invencibles pelotaris.

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El recorrido del pueblo y la visita a su iglesia y palacios  puede durar una hora o dos. Lo más recomendable es continuar la excursión hasta el cercano Santuario de Loiola (cuya visita lleva un par de horas). Se puede dejar allí mismo el coche e ir caminando hasta el cercano pueblo de Azpeitia, con bastantes casas palacios en su casco urbano y alrededores. En dirección norte por la carretera G631 se llega en un cuarto de hora al pueblo balneario de Zestoa; tras dejar el coche en el parking y pasar por su oficina de turismo para sacar las entradas, una caminata de unos veinte minutos desde el parking lleva al moderno centro de interpretación de la Cueva de Ekain, con unas réplicas de pinturas rupestres. A un cuarto de hora de allí está el pueblo de Zumaia, con su parque del flysch y la rasa mareal. Se trata de un lugar muy conocido por las excursiones en barco por la costa para ver dicho fenómeno geológico. La buena gastronomía de la zona y los lugares donde parar los tratamos en nuestra página especializada Dormir y Comer en Azkoitia.

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La historia de Azkoitia (Azcoitia) comienza cuando fue fundada en 1324 por Alfonso XI de Castilla en la falda del monte Izarraitz con el nombre de San Martín de Iraurgui, que era el de la ermita más cercana. Para su poblamiento se le concedió el fuero de Mondragón, que obligaba a visitar la villa a todos los mercaderes que transitasen entre Getaria y Mondragón. Siete años después, sus habitantes compraron unos terrenos, situados al otro lado del río Urola, al monasterio de Santa María de Balda, recibiendo autorización del rey para refundar la localidad en la nueva localización con el nombre de Miranda de Iraurgi.

En 1456, los miembros del linaje oñacino de los Idiaquez clavaron en la fachada de su torre un documento en el que desafiaban a sus rivales, los Villanos de Azkoitia. Esto provocó la entrada en Guipúzcoa del rey Enrique IV de Castilla, que dirigió a la Hermandad de Villanos hasta derrotar a los banderizos y desarmarles.

En la iglesia azcoitarra de Santa Cruz se reunieron desde la Edad Media las Juntas Generales de Guipúzcoa. Precisamente en sus actas de 1457 la villa aparece ya denominada como Azcoitia (con su grafía en castellano). Era además una de las cuatro “villas de tanda” (junto con Azpeitia, Tolosa y San Sebastián) en las que, de manera rotatoria, residía el corregidor nombrado por el rey, el diputado general y la burocracia provincial. Esto da una idea de su importancia durante este periodo histórico.

Su historia corre paralela a la de su vecina Azpeitia. Ambas sufren las graves consecuencias de las Guerras de Bandos y ven florecer una pujante industria del hierro a partir del siglo XVI. Durante estos siglos las familias nobiliarias de la zona se enriquecieron gracias al boyante comercio de ultramar con América.

Teniendo en cuenta el tamaño de la población, llama la atención el amplio número de azcoitarras que alcanzaron gran poder y fama, empezando por el linaje de los Idiaquez, que entre los siglos XV y XIX desempeñaron los más altos cargos en la administración y el ejército de la Monarquía. También oriundo es Juan de Insausti, secretario (funcionario similar a ministro) de los reyes Felipe III y Felipe IV. Otro personaje destacado fue Ignacio Manuel de Altuna, ilustrado que polemizaba -y sin embargo fue muy amigo- del ensayista francés Rousseau. Y por último, mencionaremos a Javier María de Munibe e Idiaquez, conde de Peñaflorida, que en 1765 fundó en su palacio de Azkoitia-Azcoitia la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (RSBAP). Esta fue la primera de las llamadas sociedades económicas que revitalizaron el pensamiento y la administración de España en el siglo XVIII.

Al año siguiente de la fundación de la RSBAP estalló en Azkoitia-Azcoitia una revuelta popular conocida como la Matxinada, que se extendió por las poblaciones cercanas, muy especialmente entre los canteros que construían el Santuario de Loyola y que fue sofocada por el propio grupo de los “caballeritos”, ilustrados que en el siglo XVIII constituyeron un grupo cultural con el fin de promover la cultura vasca y la investigación científica en Euskadi.

En 1838 el pretendiente carlista Calos María Isidro contrajo matrimonio con la princesa de Beira en la Torre de los Idiaquez. En sus memorias, el militar alemán al servicio de los carlistas, Félix Lichnowsky narra como quedó maravillado ante la belleza de las gentes de Azkoitia: “Sus habitantes pasan por ser los más hermosos” del País Vasco, escribía; “no se ve un rostro que no sea agraciado”. Verdad o exageración, es deber del visitante juzgarlo durante su viaje. En cualquier caso, algunos azcoitianos tratan de ejercer de “Don Juanes” con mayor o menor éxito.

Edificio de la Albóndiga

Durante los siglos XIX y XX, Azkoitia conoció un reflorecimiento de su actividad industrial. Primero gracias a la industria textil (famosas fueron sus boinas y continúan siéndolo sus alpargatas) y más tarde a la siderometalúrgica.

Por su entorno privilegiado, Azkoitia atrae mucho turismo de montaña, especialmente senderista. Pero si la localidad es famosa gracias a un deporte, éste es sin duda la pelota vasca. De hecho, de aquí es originaria una de las sagas de pelotaris más famosa del País Vasco: la de los Atanos. Uno de sus miembros, Atano III, es considerado popularmente como el mejor pelotari de todos los tiempos. Los partidos de pelota son por tanto auténticos acontecimientos sociales en Azkoitia.

Gastronómicamente hablando son famosos los macarrones de Azkoitia, unos dulces hechos a base de almendra, yema y azúcar cargados, además, de cualidades taumatúrgicas. Según la leyenda, no solo contribuyeron a que Miguel Indurain ganase varios Tours de Francia, sino que también estuvieron presentes en el ascenso a Primera División del Real Zaragoza en 2009.

La localidad de Azkoitia es ahora fundamentalmente industrial, pero posee un casco histórico de notable interés, en el que abundan las casas-torre, como la Casa-Torre de Balda (finales del XII-principios del XIII) donde vivió María de Licona, madre de San Ignacio de Loyola; o la Casa-Torre de Idiaquez, de estilo gótico y también conocida como Etxe-Beltz (casa negra) por el color de sus muros. En esta última vieron la luz los duques de Granada de Ega, que fueron famosos secretarios durante los reinados de la dinastía de los Austrias y que continúan siendo sus actuales propietarios. Por último, mencionar el Palacio Insausti, un hermoso palacio barroco construido a mediados del siglo XVIII que fue la sede donde el marqués de Peñaflorida fundó la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, que comparte instalación y actividades con el Ayuntamiento de Azpeitia.

En la plaza mayor destaca la Casa Consistorial, con un llamativo escudo en su fachada, y la Parroquia de Santa María la Real, un templo gótico-renacentista de planta de salón y tres naves que fue construido a raíz del traslado de la antigua parroquia de Santa María de Balda en 1510. En su interior se conservan retablos de la escuela madrileña y sevillana, pero si algo sobresale es su órgano romántico-sinfónico, inaugurado en 1898 y surgido de la prestigiosa organería parisina de Arístides Cavaillé-Coll.

Sobre la colina que fue primer emplazamiento de Azkoitia se alza la Ermita de San Martín de Iraurgui, con su reloj de 1859. Actualmente el templo ha sido reconvertido en museo, en el que se muestran los orígenes de la localidad.

Parroquia de Santa María la Real

Por último, hay que ver en Azkoitia la Fundación Antonio Oteiza (hermano menor de Jorge), dedicada a diversas labores de carácter artístico y cultural. Otro conjunto destacado de la villa y vinculado a la familia Oteiza, en este caso al propio Jorge, son los Frontones Jorge Oteiza, inaugurados en 2006. Forman parte del Centro de Pelota de Euskal Herria y están dedicados a su inspirador, Jorge Oteiza, con el objetivo de ensalzar al artista. Por ello, el conjunto se muestra como una escultura gigante en la que se pueden sentir los espacios y jugar con ellos, y donde cada uno de los siete territorios del País Vasco es representado por el tipo de frontón que corresponde a la modalidad de pelota más frecuente en el mismo.

Imprescindibles

Paseo por el Río Urola
Torre Negra

Datos prácticos

Coordenadas

43° 10′ 39.17″ N, 2° 18′ 45.15″ W

Distancias

Donostia-San Sebastián 45 km, Barcelona 589 km, Madrid 419 km

Aparcamiento

En el centro urbano funciona la OTA (dos horas gratuito), también hay dos parkings: el de los Frontones de Jorge Oteiza (gratuito) y el de Floreaga (de bajo coste)

Altitud

113 m

Habitantes

11 463 (2013)

Asunción de Nuestra Señora o Andramaris (15 de agosto), San Andrés (30 de noviembre)

Partidos de pelota.

Pastelería Presalde

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