Qué ver en Viana

Frontera, César Borgia y Camino de Santiago

Originalmente una plaza fuerte en las lindes del Reino de Navarra, Viana no ha dejado nunca de lado su aspecto fronterizo. Aquí conoció su funesto final el célebre César Borgia. Hoy sigue estando en toda una encrucijada. A medio camino entre la ciudad navarra y Logroño limitan al tiempo las Comunidades Autónomas de Navarra, Euskadi y Castilla y León. El Camino de Santiago Francés pasa por ella, siendo la última localidad navarra que visita esta ruta jacobea. Una despedida inmejorable de la Comunidad Foral de Navarra.

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A pesar de no llegar a los 5000 habitantes, Viana da la sensación de ser mayor. Su casco histórico conserva la impresionante Iglesia de Santa María y las ruinas de la de San Pedro. Ambos templos fueron parte del conjunto inicial con el que se fundó la urbe en 1219. Acompañaron 4 puertas y un castillo, con un concepto similar al de un fuerte romano. Entre sus calles flotan historias de la turbulenta historia navarra, salpimentada con la herencia de César Borgia. A los peregrinos se les presenta una difícil decisión: quedarse en la ciudad o continuar hasta Logroño. La capital riojana queda a menos de 10 kilómetros.

Aunque da para un fin de semana, Viana tiene cerca múltiples atractivos. El más obvio es el antes nombrado. De hecho, si el tiempo lo permite, lo ideal es plantear una escapada en tándem con Logroño. La rioja alavesa, con Laguardia a la cabeza, queda a menos de media hora. Asimismo, si se decide no salir de Navarra, Los Arcos y Estella son destinos muy apetecibles.

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Diversos yacimientos demuestran que el municipio de Viana ha sido poblado desde el Paleolítico. De entre los diversos restos cercanos destacan dos, el Hipogeo de Longar y La Custodia. El primero es una tumba subterránea megalítica descubierta en los años ochenta y excavada durante la década posterior. Más de cien cuerpos fueron hallados, datados entre el 2650 y el 2500 antes de Cristo. Su excepcional estado de conservación se debe a que la losa que lo cubría se rompió y tapó la entrada. La vegetación baja de la zona y su situación hicieron el resto, ocultando el Hipogeo de Longar de por 4500 años.

La Custodia es un yacimiento en activo situado a apenas kilómetro y medio de Viana. Posee restos desde el Paleolítico hasta la Edad de Hierro, siendo estos últimos los más representativos. El terreno acogió una ciudad prerromana habitada por el pueblo celtíbero de los Berones. Los estudios han confirmado la existencia de murallas en alguno de sus recintos. La teoría más aceptada actualmente apunta a que se trata de la antecesora de la Vareia romana, que se asentó en barrio logroñés de Varea. El final de la ciudad berona llegó con la guerra entre Sertorio y Roma. Al estar aliada con Pompeyo, se cree que el rebelde la destruyó.

La época romana posterior se vio marcada por la construcción de varias villas y la dominación local de la mencionada Vareia. Con su mejor acceso al Ebro, fue el punto de referencia de la zona hasta la caída del Imperio. Algunos de estos asentamientos, como Tidón, lograron alcanzar la Edad Media en forma de aldeas.

En el lugar ocupado desde el siglo XVIII por una nevería que aportaba hielo al Santo Hospital de Viana existió un monasterio benedictino del siglo XI. San Pedro de Torreviento se erigía cerca del Portal de San Felices, en una zona hoy transitada por los peregrinos que van a Logroño. Adscrito al priorato de Santa María de Najera, no queda resto físico alguno de aquella comunidad religiosa.

La historia de Viana tal y como se la conoce ahora se remonta al año 1219. Con el Reino de Navarra en conflicto constante con sus vecinos castellanos, la tensión era máxima. La concesión de los fueros de Logroño por parte de Castilla en 1095 motivó la respuesta navarra. La escalada llevó a la edificación del castillo del corvo en las inmediaciones, así como muchas otras fortificaciones. Finalmente, el rey Sancho VII el Fuerte decidió establecer un punto de referencia local que aunara la población de las pequeñas poblaciones circundantes. El día 1 de febrero de 1219, San Felices, se puso la primera piedra en el portal del mismo nombre. Por este motivo el santo da nombre a las fiestas de la localidad. En abril del mismo año se funda oficialmente Viana con el llamado “Fuero del Águila”.

Antigua iglesia de San Pedro, algo que ver en Viana
Restos de la iglesia de San Pedro en Viana

La disposición de la villa seguía las bases de un campamento romano, con cuatro puertas correspondientes a los puntos cardinales. Las murallas acogían una fortaleza interna y dos iglesias, la de Santa María y la de San Pedro. Viana se situaba así como un enclave defensivo con el que hacer frente a Logroño.

Los siguientes siglos fueron tan turbulentos para la población como para el reino al que pertenecía. Tras resistir asedios en ocasiones anteriores, en 1378 fue ocupada por Castilla, siendo retomada por Navarra después de varios años. Pese a la guerra y la peste negra, Viana prosperaba. Su posición como zona de paso entre reinos facilitó el crecimiento de una extensa judería. Las viñas, el pan y el Camino de Santiago enriquecieron el lugar.

En 1423 Carlos III, el Noble, decidió imitar la moda europea y crear un principado a su sucesor. Desde entonces, los herederos a la corona de Navarra pasaron a ser los Principes de Viana. Dicho título sigue vigente hoy en día, ostentándolo actualmente la Infanta Leonor.

El tránsito entre la Edad Media y la Edad Moderna fue el fin del Reino de Navarra como tal. Viana no se libró del conflicto. En la Guerra Civil Navarra, que enfrentó al esposo de la difunta Blanca I, el bando de los agramonteses, con su hijo, los beaumonteses. La villa cayó del lado de los primeros. Castilla aprovechó el momento para debilitar la frontera, pese a lo que la villa terminó en manos navarras. Gracias a su resistencia se ganó el título de “muy noble y leal”.

Aunque la guerra terminara oficialmente en 1464, el beaumontés 2º Conde de Lerín siguió rebelándose contra la monarquía navarra. Lo hizo apoyado por Castilla. Esto le llevó a conquistar Viana. La Historia quiso que César Borgia, el mítico militar italiano, se encontrara en el bando contrario tras haber caído en desgracia en su país natal. El otrora general de los ejércitos papales logró arrebatar la parte civil de la villa a su enemigo. La fortificación, por otro lado, siguió en manos de los rebeldes.

Un error funesto permitió reabastecerse a las tropas sitiadas en el castillo de Viana. César Borgia, iracundo por la falta de disciplina de sus tropas, decidió ir él solo a por sus rivales. Estos le tendieron una emboscada cerca de la villa y acabaron con su vida el 12 de marzo de 1507. Su cuerpo desnudo fue encontrado por su paje. En su honor se construyó un sepulcro en la iglesia de Santa María.

Poco después Castilla y Aragón, unidas en la figura de Fernando el Católico y con el apoyo del Conde de Lerín, conquistan navarra tras muchos vaivenes. Viana dejó de tener su carácter defensivo. Por ello el perímetro de la población se extendió más allá de sus límites originales. A mediados del XVI los restos de César Borgia fueron sacados de Santa María por el obispo de Calahorra, ahora principal figura eclesiástica del lugar. También en esta época se creó la plaza del coso, para celebrar fiestas taurinas.

La patrona del lugar se instauró en 1599, cuando una peste masacraba a la población. Se decidió que el/la santo/a del primer día sin víctimas tendría tal honor. Santa María Magdalena fue la afortunada al no perecer nadie el 22 de julio. Esta fecha, además hacía que las festividades de Santiago quedaran muy cerca. Por ello, las actuales fiestas patronales honran a ambos, algo lógico al pasar por Viana el Camino de Santiago.

Ciudad desde 1630, la importancia de Viana volvió a relucir mucho después, en las Guerras Carlistas. Durante la primera, de nuevo fue su carácter fronterizo el que la convirtió en lugar clave. Famosa es la contienda que allí ocurrió entre las tropas de Zumalacárregui y Carondolet. El mando carlista lideró a los lanceros de navarra a la victoria mientras su infantería hizo lo propio en el poblado. El enclave cambiaría varias veces de manos, siendo usada como cabeza de puente a Navarra y Euskadi por el General Espartero.

Otro hecho notable acaeció en Viana durante la tercera Guerra Carlista, cuando se produjo un importante intercambio de rehenes. El siglo XIX fue duro para los monumentos de la población navarra. La centenaria iglesia de San Pedro quedó arruinada, mientras que Santa María sufrió importantes desperfectos.

De esta forma el tiempo pasó por la ciudad. Una crisis en los viñedos franceses, provocada por el insecto filoxera, impulsó a Viana. Así entró en el siglo XX. La Guerra Civil acabó con la tendencia positiva. Aunque no hubo grandes combates en sus calles, la pobreza que se instauró en el país la arrastró. La emigración hacia núcleos urbanos más prósperos azotó el municipio hasta casi los setenta. Entonces, con la instalación de un polígono industrial, la prosperidad retornó.

Durante los últimos años el patrimonio de Viana ha sido restaurado y recuperado. Así, se ha consolidado como una atractiva opción turística. Este hecho se ve apoyado en buena medida por el renacimiento del Camino de Santiago. Como hace siglos, los peregrinos que siguen el Camino Francés vuelven a recorrer sus calles de camino a la tumba del santo en Galicia.

Esto es lo que tienes que ver en Viana. Su casco antiguo destaca sobre el resto. La extensa historia del lugar hace que sus alrededores también sean muy interesantes. En todo caso, si hay que escoger de entre todos sus atractivos, la imponente iglesia de Santa María sale ganadora.

El templo del siglo XIII se comenzó a construir poco después de la fundación de la villa. Las obras iniciales abarcaron de 1250 a 1312. Situada junto al portal del mismo nombra, Santa María de la Asunción muestra su carácter defensivo a la claras. Poderosos contrafuertes y contundentes muros aportan un inequívoco aire de solidez al conjunto.

Original es su portada occidental. Muy sencilla, posee una representación de la Virgen con el niño. La Sur es, sin embargo, un gran ejemplo del Renacimiento tardío español. Diseñada por Juan de Goyaz, Juan Ochoa de Arranotegui y Juan de Orbara, muestra imágenes de la vida de Jesús. A sus pies se encuentran los restos de César Borgia, expulsados del interior por el obispo de Calahorra a mediados del siglo XVI. Se puede encontrar una placa, de 1953, en el lugar exacto donde se encuentran. La torre, también renacentista y de corte herreriano, fue ejecutada a finales del siglo XVI. Las expansiones continuaron en forma de capillas, sacristía y sala capitular.

En su interior destaca la capilla mayor, con un exultante altar mayor barroco y pinturas de Juan Bravo. La capilla de San Juan brilla por el trabajo del pintor Luis Paret. Tanto los dos oleos como los temples de la cúpula, 1786/7, hacen del enclave uno de los más interesantes de la Iglesia de Santa María de Viana.

Peor suerte corrió la iglesia de San Pedro. Sus características defensivas hicieron que funcionara como cuartel improvisado en varios conflictos. Su uso en la Guerra Carlista, unido a una deficiente ampliación, llevó a que se derrumbara en 1844. Sin embargo, recientes obras de restauración han hecho posible que las ruinas sean visitables. Entre los restos que se conservan están la nave lateral y cabecera que muestran su carácter gótico cisterciense original. También queda parte del torreón. Entre las reformas barrocas que todavía pueden verse están el trascoro y una intacta portada. Adscrito al recinto se encuentra el cementerio-parque de San Pedro. El mirador que presenta muestra el valle del Ebro entre Viana y Logroño de forma espectacular.

Especial significado tienen para los que hagan el Camino de Santiago otros dos monumentos en Viana. Se trata del Hospital de peregrinos y la ermita de la Virgen de las Cuevas. El primero es actualmente la Casa de la Cultura de la ciudad navarra. Constituye un claro ejemplo de gótico civil, de gran sobriedad. La ermita de las Cuevas se sitúa a la salida del pueblo, camino de Logroño. Como zona de paso, el viajero a Santiago pasa a su lado. Tras ella puede descansar entre árboles, con una fuente disponible.

La otra ermita importante de Viana es la de San Martín. Situada al noroeste y de inicios del siglo XI/XII, permaneció casi en ruinas hasta su reconstrucción en 2009. Para concluir el apartado de arte sacro que da el convento de San Francisco. Edificado a mediados del XVII, acogió en sus inicios a frailes franciscanos venidos de las cercanías. Tras sufrir durante la dominación francesa, formó parte de la desamortización de Mendizabal. Fue cerrado por los liberales al posicionarse su comunidad a favor del Carlismo. Su labor se reinició de la mano de las Hermanas de la Caridad y actualmente es una residencia de ancianos. Destacan en varias capillas y el presbiterio una serie de peculiares pinturas que imitan retablos barrocos.

Los dos edificios civiles más destacados de Viana tienen mucho que ver entre ellos. El consistorio y el balcón de toros fueron levantados a finales del XVII ante la necesidad de ampliar los espacios municipales. Más concretamente, se necesitaba una casa de juntas.

Ubicado en la Plaza de los Fueros, frente a la iglesia de Santa María, el ayuntamiento presenta un aspecto clásico. Su doble altura muestra en la parte baja un soportal con siete arcos de medio punto sobre pilares. Sobre ellos, otros siete balcones en simetría. Corona el edificio un escudo de la monarquía española datado en 1688. A ambos lados se levantan torres, también abalconadas.

Hipogeo de longar, alrededores de Viana
Hipogeo de Longar, cerca de Viana.

La plaza del coso se ubica en el extremo oriental de Viana. Su construcción, de Juan Raón, derivó de los problemas generados por la recién ejecutada casa de juntas. Esta, que estaba en la plaza de los fueros, se vino abajo. Por ello, se decidió trasladar la misma a otro sitio y edificar el antes descrito ayuntamiento. Muy semejante a la casa consistorial, también posee dos pisos y torres a los lados. Del mismo modo, su planta baja tiene un soportal con arcos de medio punto sobre pilastras, aunque en este caso son nueve. Simétrica es la composición de la gran balconada, que posee sobre su arco central un escudo de la ciudad. El conjunto destila racionalidad y equilibrio.

Las murallas que cercaron la villa medieval han ido desapareciendo con el tiempo, aunque todavía se pueden contemplar fragmentos adjuntos a las iglesias de Santa María y San Pedro. Los cuatro portales que daban acceso al interior se conservan restaurados. Se trata de las puertas de Santa María al norte, Estella al oeste, La Solana al sur y San Felices al este. En la hornacina de cada una se encuentra una representación de su santo. El que más peso histórico tiene es el de San Felices, ya que se dice que allí fue puesta la primera piedra de Viana.

La expansión de la ciudad llevaron a crear más puertas en siglos posteriores. Han sido preservadas dos, La Trinidad y San Miguel. A lo largo del casco antiguo pueden observarse las fachadas de diversas casas señoriales que en muchos casos conservan los escudos de sus antiguos tenedores

Accesible en coche, bicicleta o a pie, el ya descrito hipogeo de Longar es una visita obligada para los aficionados a la Prehistoria. Situado al norte de Viana, más allá del pueblo de Aras, la zona también ofrece una bella panorámica del Ebro.

Para terminar, también a tiro de piedra de Viana, se encuentran el embalse de Las Cañas y el Observatorio de Aves El Bordón. Desde este último se puede observar el humedal, así como planificar la visita a la Reserva Natural, de más de cien hectáreas.

Imprescindibles

Retablo de la iglesia de Santa María en Viana
Iglesia de Santa María
Ayuntamiento de Viana

Datos prácticos

Coordenadas

42° 30′ 54″ N 2° 22′ 18″ W

Distancias

Pamplona 81 km, Madrid 337 km

Aparcamiento

Mejor fuera del centro histórico, queda cerca andando.

Altitud

469 m

Habitantes

4048 (2015)

Santa María de la Magdalena y Santiago (del 21 al 25 de julio), Virgen de la Nieva (de sábado a miércoles coincidiendo con el primer domingo tras el 8 de septiembre), San Felices o de La Fundación (1 de febrero).

El lunes de Pascua y el 7 de septiembre se realiza una romería a la Ermita de la Virgen de las Cuevas. El 11 de noviembre y el segundo sábado de junio se realizan romerías a la Ermita de San Martín.

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