En medio de la línea imaginaria que une Olite y Estella queda un curioso conjunto amurallado. Impresionante pese a tener unos siete siglos, el Cerco de Artajona despliega sus murallas e iglesia-fortaleza a lo largo de un cerro. Una poderosa imagen que retrotrae a la época medieval tanto como otros famosos castillos, por ejemplo los de Gormaz, Monzón o Ponferrada. Elevado a raíz de los conflictos entre religiones en el siglo XI, lo que hoy se ve pertenece en su mayoría al XIII y XIV. Rocas que conservan la épica en que se vieron envueltas desde su primer día.

Cerco de Artajona e iglesia de San Saturnino

Conjunto del Cerco de Artajona. | Shutterstock

El disputado castillo de los monjes franceses

Hito en la parte media de Navarra, al sur de Pamplona o Monreal pero al norte de Tudela, Artajona es un pueblo con mucha solera. La zona ya estuvo habitada en época prehistórica, como demuestran sendos dólmenes cercanos, los más destacados de esta región navarra. Se trata de los de Portillo de Enériz y la Mina de Farangortea. Sin la fama de Guadalperal o Lácara, son en todo caso de gran interés. También los romanos colonizaron el terreno, dejando un rastro que se pierde en época visigótica. Puede que la cercanía de antiguas ciudades fundadas cerca por los germánicos, Vitoria y Olite, le restaran protagonismo.

En todo caso, la llegada de los conflictos musulmanes en el siglo VIII llevó a unos 300 años de guerra continua. Un toma y daca en el que Artajona no duraba demasiado tiempo en manos de nadie. En esta situación, con el reino de Pamplona y Nájera en auge, se decidió dejar el lugar en manos monásticas. Desde Saint Sermin de Toulouse llegaron canónigos dispuestos a defender el monte sobre el que se asentaba la castigada localidad. Los lideraba Hugo Conqués. Así nació el Cerco de Artajona en el 1086.



La relación con tierras francesas fue muy fuerte. Algo habitual en Navarra pero especialmente notable aquí. La influencia gala se ve incluso en lo que hoy se conserva, que data de la segunda mitad del siglo XIII. De la primera fortificación medieval, inspirada en parte en algunas del sur del país vecino como Carcassonne, apenas hay restos. Durante esta fase inicial de su nueva vida logró consolidar su poder y prosperar. Dominada por la iglesia, se hizo cargo de un notable territorio que incluía varias villas.

Entrada al Cerco de Artajona

Entrada al Cerco de Artajona. | Shutterstock

Doña Urraca la Asturiana se convertiría en monarca del muy breve reino de Artajona. Hija ilegítima del rey de León Alfonso VII, llegó a ser reina consorte de Pamplona. Junto con Olite y otras villas, la localidad del cerco capitalizó un territorio independiente entre 1144 y 1158. La dama gobernó en solitario desde la muerte de su marido en 1150. Solo tres años después regresaría a Asturias a ocupar puestos de responsabilidad.

Tomó el relevo su hermanastro, Sancho III de Castilla. En 1157 alcanzó la gloria al coronarse monarca castellano, pero la alegría le duró poco. Concretamente, un año, lo que tardó en morir. Generó un fuerte vacío de poder que aprovechó otro noble para convertirse en Sancho IV, primer rey de Navarra. Él fue quien devolvió Artajona a territorio navarro, acabando con el paso de la historia del reino artajonenese.

Vista panorámica de Artajona con el Cerco en lo alto

Vista panorámica de Artajona con el Cerco en lo alto. | Shutterstock

Una iglesia-fortaleza preparada para recoger agua

El continuo estado de guerra entre Navarra y el resto de reinos cristianos hizo que el Cerco de Artajona siguiera siendo importante. Algo que se vio reflejado, por ejemplo, en los enfrentamientos entre Logroño y Viana. Así, entre finales del XIII y principios del XIV se conformó el conjunto que ha sobrevivido hasta la actualidad. Ya en el siglo XII se elevó el castillo del rey, cuya torre del homenaje alcanzaba entre 20 y 30 metros de altura. Daba cobijo al alcaide, máxima autoridad civil. Por contra, la iglesia dominaba desde un templo ya desaparecido.

Iglesia de San Saturnino con su portada gótica

Iglesia de San Saturnino con su portada gótica. | Shutterstock

Durante el periodo de 1260 a 1300 se erigió la actual iglesia-fortaleza. De duras líneas rectas, la portada gótica realizada al final de la construcción es su elemento externo original más vistoso. La advocación que posee es a San Saturnino o San Sermin. Perfectamente integrada en la línea defensiva, su tejado posee una ronda de guardia que reforzaba su labor protectora. Por su parte la torre se añadió en el siglo XIV como algo más que un campanario. Fue la prisión de este reducto, un lugar donde encerrar a los enemigos de Navarra.

Por su parte, el curioso tejado de la iglesia-fortaleza de San Saturnino tenía una función vital. Su forma irregular servía para canalizar el agua de lluvia que caía sobre él. Gracias a ello se llenaba un enorme aljibe subterráneo. Junto al resto de pozos construidos en el cerro, solventaba la problemática de que no hubiera acceso a manantiales o un cauce fluvial que lo atravesara al estar en lo alto de un cerro.

De la muralla de este bonito pueblo navarro se conservan más de 700 metros. En su momento tenía entre 14 y 17 torreones de los que han sobrevivido en buenas condiciones nueve. Se abren hacia el interior, una solución que en arquitectura militar se denomina «bestorre». Permitían una fuerte defensa tanto hacia el interior como al exterior. Plataformas de madera conformaban tres cuerpos con distintas funciones: almacenaje, guardia y vigilancia. No en vano, desde el monte se controlan 25 kilómetros a la redonda.

Cerco de Artajona e iglesia de San Saturnino

Cerco de Artajona e iglesia de San Saturnino. | Shutterstock

Tres puertas permitían el acceso al interior. La de San Miguel al norte aparece hoy muy reformada y era la principal. Mientras tanto, la sur destaca por estar perfectamente conservada. Muy estrecha, no dejaba pasar a carros y apenas a un caballo. Por su parte, la tercera desapareció. Artajona y sus murallas pasaron a ser villa realenga a finales de la Edad Media, bajo el reinado de Carlos III de Navarra.

Las últimas etapas del Cerco de Artajona

La Edad Moderna supuso grandes cambios para el Cerco de Artajona, que pese a ello conservó su aire medieval. Por un lado en 1515 es cuando se elaboró el magnífico retablo de la iglesia de San Saturnino. De estilo gótico-flamenco, es el gran tesoro artístico del templo. Para desgracia de Navarra, el reino cayó en manos castellanas y aragonesas durante aquellos años. Finalmente acabó asociada al bando beaumontés, que apoyaron a Fernando el Católico. Hasta 1621 no volvería a manos reales.

Entrada al Cerco de Artajona

Entrada al Cerco de Artajona. | Shutterstock

Tras estos conflictos perdió su condición de villa militar activa. La relativa pacificación interna hizo que evolucionara en un sentido más civil que bélico. Por ello, las bastorres comenzaron a integrarse en las viviendas de los siglos XVI a XVIII. Lo hicieron por alquiler o compra. Este carácter habitacional de la zona interior se conserva gracias a una serie de pequeñas casas supervivientes de tiempos pretéritos. Por ello, pese a la actual prohibición de edificar dentro del Cerco de Artajona sigue habiendo alojamientos particulares.



Otra curiosidad del Cerco de Artajona tiene que ver con la alta torre de la iglesia, superior a los 30 metros. Sus campanas han adquirido fama mundial debido al modo en que se bandean. Lo hacen hacia el interior en vez de al exterior, al revés de lo que es habitual. Gracias a ello, las ocasiones especiales en que repican son todo un evento. Cabe destacar su importante tamaño, ya que la mayor pesa más de 1.800 kilos.

Pese a sufrir deterioros, tanto la iglesia de San Saturnino como lo que queda de la muralla están en muy buen estado. Por ello son Monumento Histórico Artístico Nacional, siendo el retablo gótico-flamenco Bien de Interés Cultural por sí mismo. La buena cara que muestra el conjunto se debe en parte a diversas remodelaciones llevadas a cabo en los últimos años.

Restos de la torre del homenaje del castillo del siglo XII del Cerco de Artajona

Restos de la torre del homenaje del castillo del siglo XII

Es posible visitar todo el recinto. Hay opciones guiadas que permiten conocer más en profundidad el Cerco de Artajona. La iglesia de la que fuera antigua es accesible previa compra de entrada. Económica, unos tres euros, viene con audioguía. En horarios concretos se lleva a cabo un recorrido por el tejado y su paseo de ronda. De esta forma se accede al mejor mirador del lugar, en el espacio donde hacían guardia los soldados medievales.