La primera vez que uno se encuentra frente al imponente Castillo de Caravaca de la Cruz tiene la sensación de estar soñando. De sus torres infinitas se desprenden leyendas de conquistadores. Las murallas se extienden desafiando al horizonte en un rectángulo de piedra perfecto. Durante el día el sol ilumina gran parte de sus secretos. Cuando la noche se cierne, sus recovecos se llenan de magia. Estas líneas se han escrito con pinceladas de su encanto.

La primera aproximación al castillo viene de la mano de su pintoresca ubicación. Se sitúa al Noroeste de la región de Murcia. Concretamente en la ciudad de Caravaca de la Cruz, a una altitud de 675 metros. En el bello paisaje natural que le rodea se encuentra la sierra de Mojantes. A lo lejos se atisban las sierras de Cazorla y Segura. En esta última corretea el cauce del río Segura. Un hermoso lienzo de colores verdes y anaranjados que invita a ser descubierto poco a poco.

Una historia llena de incógnitas

Imagen característica de los templarios

Imagen característica de los templarios | Shutterstock

Son muchos los que han investigado la historia del Castillo de Caravaca de la Cruz. Como la mayoría de las obras de arte, su pasado alberga tintes de misterio. Algunos historiadores apuntan a un origen medieval. Otros lo atribuyen al final de la Edad Antigua. Los hay, incluso, que le otorgan una procedencia mística. Lo que está claro es que esta fortificación posee características típicas de la arquitectura musulmana. Por esta razón, la teoría sobre el origen del Castillo de Caravaca de la Cruz más extendida se inclina sobre los siglos X u XI.

Con la conquista castellana, el rey Alfonso X cedió el castillo a la Orden del Temple. La fortaleza tuvo un papel determinante durante la Guerra de la Independencia, ya que fue uno de los puntos principales de defensa contra las tropas francesas. En el siglo XIV la Orden de Santiago se quedó con su custodia, hasta mediados del siglo XIX. Un siglo antes se construyó la hermosa Basílica de Santa Cruz, una joya del Barroco de la que destaca su impresionante portada. El castillo tuvo dos puertas, inexistentes hoy en día, que lo conectaban con Lorca, Granada y Calasparra.

Objetivo, el castillo

Cuesta del castillo

Cuesta del castillo | Shutterstock

La subida al castillo de Caravaca de la Cruz es un ritual en sí mismo. El estratégico emplazamiento de esta fortaleza la vuelve visible desde prácticamente cualquier punto de la ciudad. Su esbelta figura siempre está presente en los caminos. Un vigilante insomne que abre sus puertas a todos los curiosos que quieren adentrarse en sus recovecos.

Las animadas callecitas de Caravaca de la Cruz serpentean hasta llegar a una colina que preside la ciudad. Lo primero que sorprenderá al visitante será la imponente estampa que se alza ante sus ojos. Extensas murallas que se reformulan en una puerta principal custodiada por dos grandes torres. Una de ellas recibe el nombre de Torre de las Toscas y cuenta con una ventana geminada. Todo está a punto para adentrarse en el interior del castillo.

Descubriendo los secretos del Castillo de Caravaca de la Cruz

Vistas desde el Castillo de Caravaca de la Cruz

Vistas desde el Castillo de Caravaca de la Cruz | Shutterstock

La expedición comienza en la antigua “albacara” o plaza de armas. Una explanada desde la que ya se atisba la majestuosidad de este conjunto arquitectónico. Sus 14 torres y el canapé están ubicados estratégicamente. Parece que vigilaran constantemente desde todos los ángulos. Entre ellas destaca la Torre Chacona. Conocida como Torre del homenaje, cumplía con un importante valor militar, ya que funcionaba como elemento defensivo con independencia del resto.

Otro de los tesoros arquitectónicos del Castillo de Caravaca de la Cruz son los aljibes medievales. Estas construcciones impregnan de historia a todo aquel que las visita. Se componen de espacios rectangulares revestidos de bóvedas, pilares y arcos. De hecho, uno de ellos está construido sobre la antigua ermita de Santa María la Real. Los más curiosos adivinarán rápidamente la función de estos aljibes. En ellos se acumulaba el agua de lluvia de la que se abastecía el castillo en épocas de asedio.

En la antigua casa del alcaide se construyeron espacios que estuvieron habitados hasta principios del siglo XX. Más adelante se convirtieron en escuelas públicas que fueron remodeladas en los años 60. De esta manera se devolvió al castillo su esencia impenetrable y solitaria. Las recomendación imperdibles: las vistas panorámicas desde el baluarte, la Casa del Capellán y el Museo de la Vera Cruz.

Basílica de Caravaca de la Cruz, la joya de la corona

Portada de la Basílica

Portada de la Basílica | Shutterstock

Ser testigo de la belleza y sencillez de la Basílica de Caravaca de la Cruz es una de esas cosas que no se olvidan nunca. Un soplo de aire fresco entre las murallas de piedra. Un regalo al alma que la impregna de tranquilidad. Una hermosa sorpresa que cautiva la mirada.

Construida en el siglo XVII bajo la supervisión del Duque de Lerma, esta maravilla arquitectónica destaca por su impresionante portada barroca. Vale la pena detenerse y observar cada uno de sus detalles esculpidos en mármol. La delicada precisión en cada uno de los elementos de la basílica le ha valido el título de Monumento Histórico-Artístico Nacional .

La planta responde a la forma de cruz latina. En su interior reside el ábside dividido en dos secciones: la Capilla Mayor y el ático. La primera alberga dos elegantes lámparas de plata. El Rey Fernando el Católico otorgó una de ellas a la basílica en una de sus visitas en el siglo XV. En el ático descansa la ventana sobre la que se cierne la creencia de que la Santa Cruz se apareció. En una de las naves laterales se encuentra un acceso directo a la Torre Chacona.

La cruz de las leyendas

¿Qué se sabe sobre la Santa Cruz de la Basílica de Caravaca de la Cruz? Cuenta la leyenda que en el siglo XIII en Murcia se asentaban los reinos de Taifas. En aquellos tiempos el rey musulmán tenía prisionero a un sacerdote con el que charlaba habitualmente. Un día se interesó por su trabajo y le confesó su deseo de asistir a una misa cristiana.

El sacerdote, mientras le explicaba en qué consistía el ritual, le dijo que no podía realizar tal encomienda ya que no disponían del elemento más importante: la cruz. En ese momento el rey vio cómo una cruz se aparecía en la ventana de la mazmorra. Según dicen, el monarca se convirtió al catolicismo después de presenciar el milagro.

Otro de los grandes misterios que flotan alrededor de esta reliquia es su desaparición en el año 1934. Fue tal la repercusión nacional que se enviaron especialistas en identificación de huellas dactilares e, incluso, se asignó un juez específico para el caso. Nunca se llegó a saber quién fue el autor del robo, aunque hubo todo tipo de especulaciones.

Caballos, vino y tradición

Fiestas tradicionales Caravaca de la Cruz

Fiestas tradicionales Caravaca de la Cruz | Shutterstock

Una visita al Castillo de Caravaca de la Cruz no es una visita sin la tradicional Carrera de los Caballos del Vino. Todo un acontecimiento cultural que se celebra el día 2 de Mayo. La carrera transcurre en diez intensos segundos en las que más de 60 peñas caballistas tratan de llegar a la explanada del castillo abriéndose paso entre la multitud. Los caballos se engalanan con telas adornadas con oro y seda. Esta fiesta tradicional es la oportunidad perfecta para degustar la deliciosa gastronomía caravaqueña, conocer su artesanía típica y divertirse en uno de los mayores eventos de la ciudad.

El origen de esta fiesta se remonta al siglo XIII y rememora cómo unos caballeros templarios consiguen burlar a los vigilantes musulmanes para introducir alimentos y agua en la ciudad. Consigo llevan vino en el que bañan la Reliquia de la Cruz y consiguen sanar a los enfermos. La Carrera de los Caballos del Vino está declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Un escenario lleno de encanto

Panorámica de Caravaca de la Cruz

Panorámica de Caravaca de la Cruz | Shutterstock

La majestuosidad del Castillo de Caravaca de la Cruz combina a la perfección con el encanto de su entorno. A pocos metros de sus impresionantes murallas se encuentra el barrio medieval. Un laberinto lleno de callejuelas, calles irregulares, placetas y callejones que enamora al visitante. Muy cerca de esta zona se encuentran otros puntos de interés como el Ayuntamiento, el Convento de Santa Clara, el Templete y la Torre de los Templarios.

Las placitas que se ubican en el centro de la ciudad son el mejor escenario para disfrutar de un buen vino en un ambiente agradable y animado. El final ideal para una visita repleta de historia y leyendas que deja una maravillosa puerta abierta a la imaginación.