Rascafría – El Paular

La Perla de la Sierra

Rascafría se encuentra al noroeste de la Comunidad de Madrid, en el Valle Alto del Lozoya. A apenas 2 kilómetros del pueblo, en un impresionante anfiteatro natural rodeado por varias cimas de la sierra de Guadarrama, se levanta el Monasterio de El Paular, “La Perla de la Sierra”.

Planifica tu escapada a Rascafría

El monasterio de El Paular es el principal lugar que ver en Rascafría, entendiendo que éste destino es el conjunto del valle de Lozoya; éste incluye las numerosas sendas y pistas forestales, su embalse, las cercanas pistas de esquí de fondo y esquí alpino, y las variadas opciones de Turismo activo que pueden realizarse en la cara sur del Parque Natural de la Sierra de Guadarrama. Quien agote tan amplias oportunidades puede planificar en su vuelta a Madrid una parada de unas horas en la medieval Buitrago de Lozoya. Hay algunos muy buenos sitios donde parar en el Valle de Lozoya, que hemos incluido en la página de reservas Dormir y Comer en Rascafría – El Paular.

¿Quieres conocer este sitio?

El núcleo de Rascafría surgió en época medieval como consecuencia de la repoblación de la sierra de Guadarrama por gentes procedentes de Segovia, muchos de ellos pastores. Por eso, el valle dependió desde sus orígenes del concejo de Segovia.

A finales del siglo XIV se construyó la Cartuja de El Paular en el terreno de la antigua ermita de Santa María del Pobolar y de un palacio de caza del rey Juan I, edificio citado en el Libro de cetrería de Alfonso X el Sabio con el exagerado nombre de “Palacios de El Pobolar”, nombre del que derivará el actual de Paular. Parece ser que, para limpiar su conciencia, Enrique II de Trastámara (que en sus campañas militares en Francia había quemado un convento de la orden de La Cartuja), ordenó en su testamento que se construyera un cenobio cartujano. Seguramente influyó también el movimiento reformista que tuvo lugar en la corte de su hijo Juan I de Castilla, quien puso la primera piedra en 1390. La historia de la Cartuja está así ligada a la Casa de Trastámara, que donó los palacios y las tierras con sus correspondientes rentas, sufragó los gastos de construcción y otorgó privilegios a la orden religiosa. El monasterio de El Paular continuaría recibiendo bienes y protección real hasta que un rey de otra dinastía -Felipe II- eligió El Escorial para construir su propio monasterio.

Aprovechando la materia prima de los bosques para fabricar pasta de papel y la energía que se podía obtener del poderoso flujo de agua proveniente de las cumbres cercanas, hacia el siglo XVI se construyó un molino de papel en Los Batanes; éste fue situado en una antigua serrería del río Lozoya. Con su excelente papel se imprimiría la primera edición de El Quijote de Cervantes.

En el siglo XVII la economía de Rascafría se centraba en la ganadería, sobre todo lanar, y en los cultivos de regadío, cereales y árboles frutales. En paralelo continuó la prosperidad de la Cartuja, que poseía propiedades rústicas y urbanas fuera del valle, así como intereses bancarios. Esto permitió en el siglo siguiente que su comunidad se independizara de la Grande Chartreuse, cabeza de la orden en Francia.

Vista del Monasterio de Rascafría desde Los Batanes

A comienzos del siglo XIX finalizó la larga época de esplendor del monasterio. En 1809 el rey José Bonaparte decretó la exclaustración de su comunidad, y en 1835 se produjo la Desamortización de Mendizábal, por lo que el monasterio acabó por ser abandonado, y sus archivos y colecciones se dispersaron. Entre medias, en 1833, Rascafría dejó de depender de Segovia y pasó a formar parte de la provincia de Madrid.

A finales de siglo se produjo un incipiente desarrollo industrial, con una fábrica de papel y otra de vidrio, tres molinos harineros y varias serrerías. En 1876, la Cartuja es declarada Monumento Histórico Artístico, paralizándose su progresivo estado de abandono y ruina.

En 1954 el recinto recuperó la vida religiosa de la mano del general Franco quien, tras una estancia en Montserrat, quiso trasladar aquel ambiente religioso a Madrid, eligiendo para ello El Paular (hasta aquel entonces deshabitado). Se ofreció el recinto a los cartujos, que rechazaron la propuesta, siendo aceptado el inmueble por una comunidad de benedictinos, que comenzó su restauración. Actualmente la abadía cuenta con una pequeña comunidad de monjes de esta regla que mantienen una hospedería monástica. En parte de los aposentos reales se ha instalado el otel Santa María de El Paular.

En los últimos años, a la explotación ganadera y de la madera se ha sumado una fuerte actividad turística, incrementada en invierno por la proximidad a las estaciones de esquí de Valdesquí y Cotos.

Rascafría y El Paular se encuentran situados en un marco paisajístico incomparable, en pleno Parque natural de la cumbre, circo y lagunas de Peñalara, entorno que hace de ellas un lugar de interés turístico natural.

El principal atractivo histórico-artístico de Rascafría es su cercano Monasterio de Santa María de El Paular. El proyecto del conjunto del cenobio constaba de tres edificios: monasterio, iglesia y palacio -para uso de los reyes-. Iniciado por Juan I de Castilla, fue concluido en 1442, bajo el reinado de Juan II, y sería posteriormente remodelado en tiempo de los Reyes Católicos por el arquitecto Juan Guas.

Una cruz de término o mojón, del siglo XVII, indica el acceso. A través del Patio de la Cadena, uno de los más bellos patios monasteriales según la Orden, se accede al Patio del Ave María, actualmente el núcleo principal del Hotel de Santa María del Paular. Este es cuadrado y con dos plantas; la inferior cuenta con hermosas columnas toscanas de granito (casi todas originales) y la segunda es de ladrillo visto. En el centro se sitúa un pilón octogonal con surtidores. A un lado del Patio de la Cadena se encuentra la Capilla de los Reyes, levantada en el siglo XIV sobre la primitiva ermita, lugar de oración de los reyes que sirvió como primera iglesia de la cartuja. A continuación, se accede al Atrio de la iglesia, cubierto con bóveda de crucería. En el muro oriental del atrio hay un gran bajorrelieve (S. XVI), con restos de policromía, que representa a San Bruno y seis monjes. A lo largo del recorrido por el monasterio encontraremos también varios escudos -en cerámica, escayola y madera- que contienen siete estrellas. Éstas simbolizan a los fundadores de la Cartuja, San Bruno y sus seis compañeros que se retiraron a Chartreuse (cerca de Grenoble, Francia) donde, en el año 1084, fundaron la primera Cartuja.

La Iglesia, con una única nave, tiene planta y exterior isabelinos. Posteriormente se añadió una decoración barroca y rococó, visible en la bóveda de medio cañón con lunetos que cubre la nave, con adornos de escayola policromados y dorados, obra de artífices que trabajaban en el palacio de La Granja. Pero la verdadera joya de la iglesia de El Paular es el Retablo, de estilo hispano-flamenco, labrado en alabastro -algo excepcional en Castilla- por artistas de la escuela de Guas a finales del siglo XV y posteriormente policromado. Está dividido en compartimentos donde se representan escenas de la vida de Jesús con una gran minuciosidad de detalles, mientras en la predela, o parte inferior, se representan escenas de la vida de la Virgen. Siempre en el interior del templo, el Sagrario o Transparente (llamado así por los juegos de luz) se compone de dos estancias detrás del ábside y está iluminado por siete grandes ventanales de arco de medio punto. El Tabernáculo, realizado en ricos mármoles, es una complicada creación en la que se combinan columnas salomónicas y pilastras prismáticas, ángeles y angelotes, estatuas de Apóstoles y Evangelistas y alegorías de las Virtudes. En el centro se alza la figura triunfante de Cristo resucitado. También llama la atención la reja de hierro forjado y policromado, de estilo isabelino, quizá el mejor ejemplar de esta época que se conserva en España, obra de Fray Francisco de Salamanca, en donde aparece el escudo de los Trastámara. Otro elemento destacable es la Sillería del Coro de los Padres (s. XVI), que en el año 1883 había sido trasladada a San Francisco el Grande de Madrid y que ha sido devuelta. Está tallada en madera de nogal por el segoviano Bartolomé Fernández.

Desde el atrio de la iglesia, a través de una bella portada del gótico florido y una galería de nervadura gótico-trapezoidal, se pasa al Claustro de la monjía. El conjunto claustral fue construido entre 1484 y 1486 por Juan Guas, a quien Isabel la Católica ordenó que se trasladara a Toledo para iniciar la construcción de San Juan de los Reyes, impidiéndole culminar su obra en El Paular, que finalizaría la familia de los Colonia. En él, y tras 150 años dispersas a causa de la desamortización, es posible contemplar la serie de Pinturas que narran la vida de San Bruno de Colonia, que con sus diez metros cuadrados son la obra maestra del artista toscano Vicente Carducho (XVII). Las antiguas celdas o casitas cartujanas abren sus puertas a las galerías del claustro. En el centro, el Jardín-cementerio, donde pueden contemplarse dos templetes, uno octogonal y otro cuadrangular sobre columnas a la derecha. Al fondo, la atrevida Torre de Ventura Rodríguez, de 1200 m de altitud, parece retar a las crestas del Peñalara.

El Refectorio está revestido de una artística sillería gótica de madera de los pinares de Valsaín. El púlpito, para la lectura durante las comidas, parece ser obra del morisco Abderramán de Segovia, el primer arquitecto de El Paular, verdadera mano derecha de Juan II. En el Claustro de la Recordación (s. XVIII), destacamos la azulejería de Talavera, en la que aparece el escudo real y el de la orden cartujana. El Claustrillo comunica el claustro mayor con el refectorio y la iglesia, permitiendo también el acceso a la sacristía. La Antigua Capilla Capitular, de estilo barroco, alberga un retablo de Churriguera, con columnas salomónicas en el cuerpo central, exuberante vegetación y unos mofletudos angelotes.

Finalizada la visita del monasterio, encontramos el Puente de la Reina (s. XVIII), que comunica la cartuja con la Casa de la Madera (también del s. XVIII), antigua serrería del monasterio.

Muy cerca se encuentra el Puente del Perdón, construido por los monjes para facilitar el acceso a la fábrica de papel. Una leyenda local explica el origen del nombre. Unos milicianos, conocidos como Los Quiñoneros, administraban justicia sin consultar con la corte. Antes de partir hacia la Casa de la Horca se revisaba la sentencia a los reos y, al llegar al puente, se comunicaba la buena nueva a aquellos que habían sido perdonados, que por fin cruzaban el mismo en libertad.

Frente al Monasterio del Paular se encuentra el Arboreto Giner de los Ríos, un jardín botánico con más de 200 especies de árboles y arbustos. El Centro de Educación Ambiental Puente del Perdón organiza visitas guiadas.

Monasterio de Santa María, El Paular

Una vez concluida la visita a El Paular y sus alrededores comenzaremos nuestro recorrido por Rascafría en la Iglesia Parroquial de San Andrés, atribuida al reconocido arquitecto Gil de Hontañón, quien vivió en la localidad hacia el año 1500. El templo fue construido en el siglo XV, con intervenciones en los siglos XVII y XVIII y restaurado en 1952. En su interior presenta bóvedas góticas y artesonado del siglo XVI en la nave central. Conserva varias esculturas procedentes de El Paular, tras su desamortización, entre ellas San Miguel Arcángel (s. XVIII), obra de Luis Salvador Carmona y en su interior se pueden apreciar varias pinturas de artistas españoles del siglo XVII como Juan Sánchez Cotán y Alonso Cano.

Adosado al presbiterio de la iglesia se localiza el Corral de Comedias, de mediados del siglo XX y, muy cerca, La Casona, levantada sobre un solar de los Trastámara, que fue un antiguo lazareto u hospital. Es un conjunto de dos edificios con huerta y jardín, cuya fachada principal y el portón son originales (s. XIV).

La Casa de Postas o Casa Vasca está fechada en 1726. No está probado su uso como cambio de caballerías pero sí se conoce la existencia de un mesón con hospedaje en el municipio. El Ayuntamiento, en la Plaza de la Villa, es un edificio neo-mudéjar de principios del siglo XX, posteriormente rehabilitado.

Se cuentan muchas leyendas sobre Rascafría y una de ellas tuvo lugar en la Plaza de España, punto final de nuestra visita, donde se alza un olmo.  Hubo un bandolero, un Robin Hood en Rascafría, que en las noches robaba a los ricos y a las iglesias y asaltaba a la gente en los caminos para repartir su botín entre los pobres. Este personaje se llamaba Fernando Delgado Sanz, conocido como “El Tuerto Pirón”, y durante el día se escondía en el tronco de un viejo olmo de más de tres siglos que murió enfermo tras una nevada en el año 2000 y que ha sido sustituido por este ejemplar que contemplamos hoy día.

Y si hay más que ver en Rascafría, no deje de escribirnos para mejorar la página.

Imprescindibles

Sierra de Guadarrama
Valle de El Paular

Datos prácticos

Coordenadas

40° 54′ 17″ N, 3° 52′ 46″ W

Distancias

Madrid 94 km

Altitud

1163 m

Habitantes

1893 (2013)

San Sebastián (20 de enero), Virgen de la Paz (24 de enero), San Marcos (15 de abril), San Isidro Labrador (15 de mayo), San Antonio (13 de junio), Virgen de Gracia y San Roque (Fiestas Patronales del 15 al 21 agosto), San Andrés (finales de noviembre)

Comentarios Facebook

About the author

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons

Utilizamos cookies de terceros para mejorar la usabilidad para dispositivo de usuario. Si usted continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración y obtener más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar