Patones

El reino de la arquitectura negra de pizarra

Patones es un pueblo de la Sierra Norte madrileña que consta de dos núcleos diferenciados: Patones de Arriba, un bello y singular pueblecito de casas de mampostería de pizarra y calles enlosadas que se asienta en la vertiente de la montaña y, en el llano (a 2,5 km), Patones de Abajo, un barrio nuevo al que los vecinos se trasladaron a partir de los años 40. Según la leyenda su aislamiento le concedió la consideración de “Reino Independiente”. La gente que va a comer y marcharse de allí se equivoca, pues esa comarca tiene grandes oportunidades de senderismo.

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A falta de monumentos, lo que hay que ver en Patones es el conjunto del pueblo serrano; además, se debe de ir preparado para hacer senderismo por sus alrededores y visitar la cercana Cueva del Reguerillo; en los meses más cálidos hacia el norte hay vario pantanos excelentes para el wind surf y el piragüismo, entre otras actividades que pueden hacerse de turismo activo; en la localidad se pueden realizar paseos a caballo o rutas 4×4. Quien esté dispuesto a recorrer las estrecha carreteras que circundan el embalse de El Atazar puede dirigirse en dirección norte para visitar la interesante villa amurallada de Buitrago de Lozoya. Hay múltiples buenos sitios donde parar en esta localidad, resultando imprescindible reservar con antelación porque están muy concurridos durante los fines de semana; los hemos incluido en la página de reservas Dormir y Comer en Patones.

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La primera noticia histórica del lugar se encuentra en un padrón del año 1555, en el que se habla de cinco vecinos de la alquería (conjunto de casas) de la Hoz de los Patones, dependiente de Uceda (actualmente en Guadalajara).

Patón es seguramente el nombre de una familia de pastores que tomó su denominación del fundador del clan. Algunos de sus miembros aparecieron registrados en un documento anterior al citado sobre la reparación de un puente en el río Jarama.

En un documento de 1653 se menciona la visita de un denominado “Rey de los Patones” al cardenal Moscoso, el cual ofició el casamiento de Felipe IV con su sobrina Mariana de Austria cuando el Rey se detuvo en la vecina localidad de Torrelaguna. El motivo de la visita fue solicitar al cardenal autorización para la construcción de una ermita en el poblado.

En 1787, el ilustrado viajero Antonio Ponz, menciona la localidad como “reino” en su Viage de España. Semejante apelativo puede deberse al gran aislamiento del lugar, la ausencia de una jurisdicción efectiva sobre sus habitantes, y la costumbre hereditaria de los ancianos de la familia Patón de poner orden en las rencillas de los vecinos y administrar justicia. Se especula que cuatro generaciones sucesivas de la misma estirpe “reinaron” en el lugar al que dieron nombre sus antepasados.

Por lo apartado del lugar (y para reafirmar su insólita condición de “reino”) los vecinos de Patones han presumido siempre de no haber sido invadidos nunca. Sin embargo, algunos documentos atestiguan el pago de tributos a los destacamentos franceses durante la Guerra de la Independencia, así como el suministro de víveres a los guerrilleros de Juan Martín, “El Empecinado”. Por lo tanto, puede afirmarse que la soberanía patona fue un tanto limitada, siendo tributarios de los militares más próximos a sus dominios.

En 1851 -durante el reinado de Isabel II- se construyó en el curso bajo del río Lozoya (dentro del término de Patones) el Pontón de la Oliva, la presa del primer embalse del Canal de Isabel II para el abastecimiento de agua a la ciudad de Madrid. Muchos obreros participaron en su construcción -la mayor parte soldados carlistas condenados a trabajos forzados-. Lo apartado del lugar y la inaccesibilidad del mismo motivó que los ingenieros de la obra utilizasen palomas mensajeras para comunicarse. A pesar de los grandes esfuerzos realizados, la presa nunca pudo ser explotada adecuadamente debido a las filtraciones del terreno kárstico en el que estaba ubicada, por lo que dejó de funcionar después de tres décadas.

Después de la Guerra Civil y, dadas las duras condiciones de vida de los primeros años cuarenta, los vecinos de Patones comenzaron a trasladarse a la vega del río Jarama, junto a la carretera que conduce a Torrelaguna y Torremocha. Allí levantaron sus nuevas viviendas según los métodos que habían empleado desde hace siglos sus antepasados (en piedra caliza y pizarra). De esta forma se evitaban tener que bajar cada día desde Patones de Arriba a la zona llana para segar y trillar el cereal. Las eras de Patones de Arriba, construidas en bancales para librar la pendiente, dejaron de utilizarse por ser mucho más difíciles de explotar que las del llano, que además eran mucho más accesibles desde las nuevas viviendas. El resultado fue el crecimiento del nuevo núcleo de Patones de Abajo y el abandono del nucleo original en los años 60 (incluidos los edificios públicos).

Procesión de la Virgen de la Candelaria, a mediados del siglo XX

Los habitantes de Patones de Abajo se dedican hoy en día al sector de servicios y muchos de ellos trabajan para el Canal de Isabel II. El río Lozoya es embalsado en cinco ocasiones a lo largo de su curso y su principal embalse, El Atazar, próximo a Patones, es el de mayor capacidad de almacenamiento de agua de la región.

En cuanto a Patones de Arriba, a partir de los años setenta empieza a configurase como destino de fin de semana. Se produce con ello un fenómeno de recuperación de las antiguas viviendas por nuevos propietarios, acompañado de apertura de restaurantes, hoteles y casas rurales. En 1999, Patones fue declarado Bien de Interés Cultural y, desde entonces, sólo es posible rehabilitar los antiguos edificios siguiendo unas normas, lo que ha convertido el viejo Patones en uno de los pueblos con más encanto de la Comunidad de Madrid.

Debido al aprovechamiento que hicieron los antiguos pobladores de las vertientes de la montaña, Patones de Arriba aparece configurado en dos zonas: las viviendas en la parte inferior y los tinados, arrenes (ambos para los animales) y las eras según vamos ascendiendo.

En Patones de Arriba, lo primero que llama la atención es la tipología de sus viviendas, la llamada “arquitectura negra” por la pizarra empleada en la construcción, muy abundante en la zona. Gracias a la propuesta museográfica del Ecomuseo de la Pizarra, el visitante se hará una completa idea de esta singular arquitectura. El Ecomuseo es en realidad un museo al aire libre, un recorrido por los edificios más emblemáticos del municipio de Patones, que permite conocer sus tradiciones y su patrimonio cultural.

Las viviendas de Patones de Arriba estaban construidas en mampostería de pizarra en el exterior y barro, como aislante, en el interior, y se caracterizan por la gran escasez de vanos, para protegerse del frío. Normalmente tenían tres plantas, en la primera, la cocina con el horno; los dormitorios en la segunda y en la tercera, la cámara o sobrado, donde se guardaba el grano. Pilares y vigas de madera se utilizaban para el forjado y la cubierta; sobre las vigas se colocaba retama y jara y finalmente la teja árabe curva tradicional. Los suelos antiguamente estaban hechos de cantos rodados.

Podemos comenzar nuestra visita en CITECO Centro de Iniciativas Turísticas, Educativas, Culturales y de Ocio, instalado en la antigua Iglesia de San José, donde se puede obtener una primera impresión sobre la arquitectura de pizarra y los principales materiales rocosos. Este edificio era en 1653 una ermita de piedra y cal con un campanario, que un siglo más tarde (en 1753, para ser más exactos) se convertiría en iglesia. Varios de sus retablos e imágenes desaparecieron con la guerra civil y, con el traslado de la población a Patones de Abajo, la iglesia se cerró y permaneció abandonada hasta 1988 cuando, tras su restauración, abrió sus puertas como CITECO. De su pasado se conserva aún una pequeña capilla con una imagen de la Virgen de las Candelas, patrona de Patones.

A partir de este punto recomendamos que el visitante pasee por el pueblo recorriendo sus diferentes calles, subiendo a la parte alta y gozando de las impresionantes vistas. En determinados puntos se encontrará con paneles indicativos: en una casa de pizarra en la parte posterior de la iglesia, en otra vivienda con cuadra, en un inmueble de dos plantas con balcón, etc. Entre la arquitectura rural de Patones destacan el Lavadero y la Fuente Nueva, de 1908. El lavadero, bien conservado, tiene su zona de lavado y de aclarado y aprovecha el agua sobrante de la fuente. El agua de la fuente continua siendo potable y de buena calidad, y es que el agua del Lozoya tiene fama de estar entre las de mayor calidad para el consumo en España. En cuanto al antiguo Cementerio, de 1887, es un espacio de pequeñas dimensiones y muy sencillo, delimitado también con pizarra.

En nuestro recorrido iremos pasando por distintos espacios relacionados con la base alimenticia de la zona: una Bodega “en caleriza” (una oquedad excavada en la piedra caliza para guardar el vino); distintas Cochiqueras (huecos de pequeñas dimensiones, excavados en las rocas, donde se guardaba el ganado porcino); Tinados y Arrenes para cobijo de cabras y ovejas (los primeros con un corral abierto y una zona cubierta con los pesebres para la comida de los animales y los segundos con cuatro paredes de pizarra, sin cubrir y con una laja del mismo material que se quita o pone al modo de puerta); las Eras, ya documentadas en el siglo XVIII, empedradas con pizarra y piedra caliza y dispuestas en bancales en lo alto, donde hay más viento, para trillar y aventar la mies o cereal y así separar el grano de la paja; en los huecos de distintos tamaños se guardaban los aperos de labranza y también servían de fresqueras; y los Hornos.

Ermita de la Oliva

Otro punto indispensable de la visita es el Museo-Aula Geológica. Está situado en una antigua casilla rehabilitada del Canal de Isabel II, un paraje de gran valor geológico. En el exterior se expone una colección de rocas de la zona.

A unos 5 km del casco urbano, tomando la carretera de Patones de Abajo hacia el embalse de El Atazar, se llega a la Ermita de la Oliva (s. XII-XIII), interesante ejemplo de estilo románico-mudéjar o de ladrillo que, lamentablemente, está en proceso de convertirse en ruina. En la dehesa del mismo nombre y muy próximas están la Presa del Pontón de la Oliva, la primera que surtió de agua a Madrid, y la Cueva del Reguerillo, probablemente la más importante de la Comunidad, tanto para geólogos como para espeleólogos deportistas. Actualmente está cerrada al público pero en el Aula Geológica se puede ver una reproducción.

Patones celebra desde hace muchos años las fiestas en honor a su patrona, la Virgen de las Candelas, el día 2 de febrero. Antiguamente, se sacaba a la Virgen desde la iglesia de Patones de Arriba y se la asomaba al valle para que bendijera los cultivos de la Vega del Jarama. Actualmente, después de la misa, la Virgen sale en procesión por las calles de Patones de Abajo.

Imprescindibles

Patones de arriba
Sierra norte de Madrid

Datos prácticos

Coordenadas

40° 51′ 17″ N, 3° 29′ 7″ W

Distancias

Madrid 60 km

Aparcamiento

Es posible aparcar a las afueras de Patones de Arriba. Durante el fin nde semana se aconseja el estacionamiento gratuito de Patones de Abajo, detrás del parque municipal, de donde sale una senda que, en 15 min, lleva caminando a Patones de Arriba

Altitud

832 m

Habitantes

502 (2013)

La Candelaria (2 de febrero), Carnaval, San Juan (24 de junio)

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