Valle de los Caídos

Monumento de reconciliación

La cruz cristiana más alta del mundo preside el valle de Cuelgamuros, anunciando la ubicación de una basílica erigida en honor de los caídos en la Guerra Civil española. Un monumento que se mantiene rodeado en la polémica pues su afán reconciliador debe compatibilizarse con el hecho de que incluye la sepultura del general Francisco Franco, líder de la sublevación que comenzó la guerra civil de 1936.

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La visita al interior de la gigantesca basílica, la contemplación del pórtico y el conjunto monumental se hace en una hora; por las labores de restauración está prohibido el ascenso a la imponente base de la cruz. Siempre hay que ver en el Valle de los Caidos la panorámica desde la Cruz y hacerse una idea de sus dimensiones; por lo que recomendamos hacer el ascenso a la misma. Quien sea religioso puede asistir a la misa diaria de 11, en la que canta la escolanía y los monjes; una hora en la que no se puede hacer la visita. En las inmediaciones hay una agradable zona para picnic y la posibilidad de hacer paseos por todo el valle de Cuelgamuros, con una importante población de animales y aves. Es habitual que los visitantes de éste monumento también se dirijan al vecino El Escorial; una vez allí los amantes del senderismo pueden recorrer el vecino parque del Pinar de Abantos y La Herrería. El Valle es un espacio natural sin edificios comerciales, por lo que para gozar de la excelente gastronomía de la zona y encontrar donde pernoctar hay que acudir a El Escorial; en la página Dormir y Comer en El Escorial se puede reservar.

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Acabada la Guerra Civil española (1936-1939), el Jefe del Estado, Francisco Franco, ordenó la construcción de una basílica que sirviera de memoria y panteón para una representación de quienes perdieron su vida en la contienda. Un registro contabiliza cerca de 34 000 restos de caídos de ambos lados, otros datos hablan de de 50 000 y hasta de 70 000, que descansan detrás de cada capilla lateral y de las dos grandes capillas del crucero.

El lugar, un impresionante paraje del valle de Cuelgamuros, en el término de San Lorenzo de El Escorial, fue elegido por el propio Franco.

Las obras comenzaron en 1940 bajo la dirección del arquitecto vasco Pedro Muguruza, quien no pudo finalizar el trabajo, siendo sustituido en 1950 por Diego Méndez. Los obreros que levantaron el Valle de los Caídos fueron una amalgama de trabajadores libres y de presos políticos que redimían condena trabajando, estos últimos especialmente durante el periodo de 1942 y 1950. El conjunto quedó concluido veinte años después de su inicio.

Obreros durante la construcción

Desde el principio se dispuso que el Estado no invirtiera una sola peseta en la construcción del monumento por lo que fue financiado a través de los fondos de la suscripción nacional (aportaciones voluntarias que financiaban al bando nacional durante la guerra). Cuando éstos se terminaron, se añadieron donativos particulares y, desde 1957, se realizaron sorteos extraordinarios de Lotería Nacional, similares a los que se habían llevado a cabo para reconstruir la Ciudad Universitaria de Madrid, arrasada durante la guerra.

En 1955 se pensó en una orden religiosa que atendiera la basílica la cual añadiría a la función rememorativa una actividad espiritual y cultural. El 17 de julio de 1958, fiesta del Triunfo de la Santa Cruz, veinte monjes procedentes de la Abadía de Santo Domingo de Silos inauguraron la comunidad a cargo del Padre Justo Pérez de Urbel, notable escritor e historiador. Así nació la abadía benedictina que ahora se asienta en el lugar.

Por sus connotaciones políticas y su vinculación con un conflicto bélico tan próximo y cruento, el monumento del Valle de los Caídos ha sido desde sus orígenes centro de una gran controversia, que se prolonga incluso hasta la actualidad.

Una vez flanqueada la puerta de hierro, en la carretera Guadarrama-El Escorial, arranca una vía en la que, pasados unos 2 kilómetros, sorprenden cuatro grandes monolitos cilíndricos de granito de 11,50 m de altura por 1,50 m de diámetro y unas 50 toneladas de peso. Estos monolitos, situados dos a cada lado, conocidos como “Los Juanelos” son obra del ingeniero italiano Juanelo Turriano.

Labrados en el siglo XVI para ser utilizados como contrapeso para subir el agua del río Tajo a la parte alta de la ciudad de Toledo, fueron recuperados en 1948 y, tras un complicado traslado, se colocaron en el lugar llamado Buenavista, punto en el que comienzan las catorce Estaciones del Vía Crucis que termina en el interior de la basílica.

Después de un recorrido de 6 kilómetros se llega a una gran explanada de tres alturas desde donde se divisa el conjunto monumental, compuesto por la gran Cruz, la entrada a la Basílica, la Abadía Benedictina, la Arquería, y en el lado opuesto, la Hospedería.

Sobre el risco de la Nava se alza la gigantesca Cruz, (150 m de altura por 46,40 m de ancho a la altura de los brazos), el elemento que identifica realmente al Valle de los Caídos, visible desde muchos kilómetros de distancia. La Cruz se construyó sin andamios, desde dentro, con escaleras y un montacargas en el lugar del ascensor actual. La estructura del conjunto es de hormigón armado reforzado con un bastidor metálico y recubierto con cantera labrada y mampostería. En su base se sitúan los cuatro evangelistas y en el cuerpo intermedio las virtudes cardinales, obras del extremeño Juan de Ávalos, esculpidas en piedra negra de Calatorao (Zaragoza). Hay que ver en el Valle de los Caidos desde cerca la gigantesca cruz y desde allí contemplar las vistas del valle; para ello se puede ascender a pié por un camino o emplear el funicular (asegurarse en la web de si el mismo está operativo).

Un funicular sube hasta los pies de la Cruz, desde donde se divisan unas impresionantes vistas. Una opción alternativa es tomar el camino a pie, con rampa y escaleras, que se sitúa en la parte trasera del cerro. Aunque a causa de unos desprendimientos de piedras de las esculturas de Ávalos (la piedra de Calatorao ha sufrido fisuras), actualmente el funicular no está en servicio y el camino peatonal se ha cerrado.

A ambos lados de la puerta de la Basílica se abren dos brazos de arcos a cada lado, creando un primer espacio circular formado por cinco arcos que se conoce como Arquería. Los casetones verticales de los arcos están forrados de mármol negro pulimentado.

Una pesada puerta de bronce, con escenas de los Misterios de la Vida de Jesús, obra de Fernando Cruz Solís, da acceso a la Basílica subterránea, excavada en el granito de La Nava. Sobre la puerta se aloja una impresionante Piedad, obra de Juan de Ávalos, que también ha sufrido desperfectos y está en restauración.

En el interior de la basílica dos gigantescos ángeles con espadas —obra de Carlos Ferreira— custodian la entrada, al modo de ángeles del Paraíso. Parece ser que fueron fundidos con el bronce de cañones simbolizando el final de la guerra. Una gran reja de forka —obra de José Espinós— da acceso al templo.

La nave se excavó a un nivel más bajo que el presbiterio, rompiendo así la monotonía. Además, se amplió su anchura hasta los 18 metros, doblando así la medida original, para evitar una sensación de claustrofobia. Seis capillas laterales están dedicadas a la Virgen como Patrona de los Ejércitos: La Inmaculada Concepción, Patrona de España y del Ejército de Tierra; la Virgen del Carmen, Patrona de la Armada; La Virgen de Loreto, patrona del Ejército del Aire, etc. Cada capilla custodia dos Apóstoles en alabastro de Ramón Mateu y un tríptico de estilo gótico flamenco, obras realizadas sobre cuero repujado en el siglo XX por la familia Lapayese. En los espacios que quedan entre las capillas cuelgan ocho tapices con escenas del Apocalipsis, copias de gran valor de originales flamencos del Palacio de la Granja.

Al final de la nave, tras subir unas escaleras, ocho esculturas de encapuchados cabizbajos homenajean a los caídos en la guerra civil española, cuatro figuras enfrentadas a cada lado representan los dos bandos. Se dice que el gesto de la cabeza baja muestra arrepentimiento y la reconciliación entre hermanos.

En el crucero se alcanza la máxima altura, 41 metros. A la izquierda, una loseta marca un curioso acceso a un Laboratorio de Geodinámica y de Mareas Terrestres, centro de detección de terremotos y de otros estudios científicos, que cuenta con otra instalación en la base de la Cruz.

En el centro del crucero, sobre el altar de granito, se alza un Cristo crucificado en madera de enebro, esculpido por el escultor Julio Beobide y policromado por Ignacio Zuloaga. Sobre él, la bóveda está decorada con un mosaico de Santiago Padrós, de estilo bizantino y románico. En el centro, el Pantocrátor y, debajo, la representación del Triunfo o la Exaltación de la Santa Cruz, titular del santuario. Frente a él aparece la Asunción de la Virgen y a los lados, los caídos. El propio Padrós y su esposa figuran entre los retratados e incluso Miguel de Unamuno está representado como San Raimundo de Fitero. Bajo la bóveda, imponentes, se sitúan cuatro enormes arcángeles de bronce, de Ávalos.

Vista de la entrada a la Basílica y de la Cruz

Delante del altar se halla la tumba de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, y, en el lado opuesto, se encuentra la de Francisco Franco, Jefe del Estado y fundador de la basílica. Así, aunque en el templo están enterrados los caídos de ambos bandos, el monumento está inevitablemente relacionado con el bando vencedor.

Tras el crucero se encuentra el coro de los monjes, donde los niños de la Escolanía del Valle de los Caídos cantan gregoriano en la misa diaria de las 11:00, acompañando a los propios monjes.

Al salir del aparcamiento en lugar de bajar por donde se ha llegado merece la pena dar una vuelta por la carretera que recorrer el valle de Cuelgamuros. Primero se sube hasta la Abadía o Monasterio del Valle de los Caídos, que no se visita. Una parte está destinada a Hospedería como Casa de Ejercicios Espirituales y Residencia de descanso y estudio. Está sujeta a las normas de clausura del monasterio y solo se admiten hombres.

El edificio de la Escolanía es simétrico al del monasterio, por lo que en algunas partes cuenta con una distribución parecida. Unos cincuenta niños de toda España, de 9 a 14 años, reciben en ella formación académica y musical. Su repertorio abarca desde la monodia medieval (especialmente el canto gregoriano) hasta la polifonía sagrada y profana de las diferentes épocas de la historia de la música.

En un edificio independiente, en el otro extremo de la explanada se encuentra la Hospedería externa, un edificio de granito rosáceo proyectado inicialmente como monasterio para la comunidad benedictina y destinado posteriormente a Centro de Estudios Sociales y Hospedería abierta al público en general. Cuenta con restaurante, cafetería y alojamiento. Si se continúa por la carretera se rodea el complejo, pudiéndose disfrutar de excelentes vistas.

Imprescindibles

Cruz gigante
Escultura del pórtico

Datos prácticos

Coordenadas

40° 38′ 29″ N, 4° 9′ 26″ W

Distancias

Madrid 58 km, Ávila 55 km, Segovia 50 km

Aparcamiento

Con facilidad en las distintas explanadas

Altitud

985 m

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