Aranjuez

Jardines, conciertos, paseos en falúa, un motín y toros…

Aranjuez, la localidad más al sur de la Comunidad de Madrid, está situada en una vega fértil bañada por los ríos Tajo y Jarama, lindando ya con Toledo. La que fue el lugar de descanso y recreo de reyes es hoy Paisaje Cultural Patrimonio de la Humanidad.

Planifica tu escapada a Aranjuez

La visita al Palacio de Aranjuez incluye un conjunto de jardines, edificios y museos regentados por Patrimonio Nacional; estos requieren de un día completo para disfrutarse con cierto sosiego. El detalle de lo más importante lo mencionamos en el apartado Qué ver en Aranjuez. Desde allí es posible visitar las cercanas y típicas localidades de Ocaña y Chinchón; ambas no son grandes y pueden verse bien en medio día. Una alternativa para pasar media jornada es ir provistos de unos prismáticos para observar aves en El Regajal – Mar de Ontígola. De regreso a Madrid, quien quiera hacer senderismo puede parar en el Parque del Sureste; los amantes del piragüismo y las rutas a caballo también disponen de una buena oferta en las proximidades de Aranjuez. Hay también una variedad gastronómica en éste Real Sitio y lugares muy románticos donde hospedarse; en la página de reservas Dormir y Comer en Aranjuez recogemos las mejores ofertas.

¿Quieres conocer este sitio?

La historia de esta localidad está estrechamente vinculada a la del Palacio y Real Sitio de Aranjuez. Desde finales del siglo XIV se producen visitas de los Reyes Católicos, posteriormente hay prolongadas estancias en el palacio de los Maestres de la Orden de Santiago de su yerno, Felipe el Hermoso. Cuando Carlos I consiguió la agregación de la Orden de Santiago a la Corona, se quedó con el palacio, comprando las tierras circundantes y creando el Real Bosque; en Aranjuez casaría a su hija María. Su hijo Felipe II ordenó demoler el palacio y construir uno nuevo más a su gusto.

A comienzos del siglo XVIII, el primer rey Borbón Felipe V -educado en el gusto francés y en el disfrute de los palacios de recreo- se escapaba en primavera del viejo y austero Alcázar de Madrid para disfrutar de los paseos, la pesca y la caza en Aranjuez; lugar desde el que, a continuación, se trasladaba a La Granja de San Ildefonso para eludir los calores del verano.

Pero el rey más vinculado a Aranjuez fue hijo Fernando VI, así como su esposa, Bárbara de Braganza. En 1748, durante una estancia de los reyes, un incendio asoló buena parte del palacio. El monarca aprovechó la ocasión para ampliar el edificio y crear en la villa alojamientos para los cortesanos, complaciendo así a la reina, aficionada a las fiestas.

En la Corte de los primeros Borbones la principal diversión era la música. Se cuenta que la voz del famoso castrato Farinelli era lo único que calmaba a Felipe V en sus momentos de crisis. El músico se convirtió en director de entretenimientos y colaboró en las obras del teatro de Aranjuez. El compositor italiano Domenico Scarlatti también fue un habitual de la Corte en Aranjuez.

Otro entretenimiento cortesano era navegar por el río y por el bello estanque al que se le dio el nombre de “Mar de Ontígola”. Para ello se construyeron todo tipo de embarcaciones de recreo, sobre todo falucas o falúas (embarcación ligera, alargada y estrecha). La reina Bárbara de Braganza merendaba y pescaba en la falúa, acompañada de sus damas y de músicos. Al fallecer la Reina, “La escuadra del Tajo” dejó de navegar.

El siguiente rey, Carlos III, perdió muy pronto a su querida esposa y optó por una vida alejada del ambiente festivo del periodo anterior centrándose en su pasión constructiva de todo tipo de edificaciones y canalizaciones de agua, incluidas las destinadas a sus intereses agrícolas y ganaderos. Siendo aún Príncipe de Asturias, su hijo Carlos IV se hizo construir la Casita del Príncipe, en donde intervino personalmente en la disposición de los jardines. Incorporó también a la vida de la corte una serie de juegos a caballo y batallas navales en el Tajo.

Napoleón Bonaparte influyó decisivamente en la política española del reinado de Carlos IV, al principio contando con el apoyo del primer ministro, Manuel Godoy; pero al darse éste cuenta de la traición que preparaban los franceses aconsejó a los monarcas abandonar España. Pero el pueblo no lo entendió así e, incitado por partidarios del Príncipe e Asturias, se levantó contra los reyes en el conocido como Motín de Aranjuez.

Real Sitio de Aranjuez

Después de la Guerra de la Independencia y hasta 1890, la monarquía continuó trasladándose a Aranjuez en primavera. Este traslado anual influyó para que en 1851 se inaugurara la línea de ferrocarril Madrid-Aranjuez, la segunda de España. La función inicial del tren era comercial, pues los hortelanos de la vega del Tajo lo utilizaban para el traslado de sus productos (principalmente la fresa, ya que Aranjuez fue la primera población de Europa donde se cultivó la fresa procedente de América) a la capital. Por eso se conocía como el “Tren de la Fresa”, el cual se ha recuperado recientemente a través de su nueva puesta en funcionamiento con fines turísticos.

Aranjuez ha sido escenario de muchas películas, entre ellas El negro que tenía el alma blanca, de Benito Perojo y La hermana San Sulpicio, de Florián Rey. También se han rodado producciones extranjeras, como El Fabuloso Mundo del Circo de Samuel Bronston. Así mismo, el compositor Joaquín Rodrigo, inmortalizó la villa en su famoso Concierto de Aranjuez.

El Paisaje Cultural de Aranjuez fue declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2001.

Nuestra visita comenzará por el Palacio Real. Los primeros planos fueron trazados en tiempos de Felipe II (s. XVI) por Juan Bautista de Toledo, a quien sustituiría Juan de Herrera, ambos arquitectos de El Escorial. De aquella época se conserva la Torre de la Capilla, las estancias del Rey abiertas al jardín de Felipe II y parte de la fachada. La combinación de piedra caliza blanca de Colmenar y paramentos de ladrillo cocido “a la manera de Flandes” en la fachada proporcionan un equilibrio de color dentro de una sobriedad que se mantuvo en las ampliaciones posteriores.

Después de un siglo sin intervenciones arquitectónicas, tanto el palacio y los jardines como el lugar de Aranjuez recibieron un gran impulso de manos de Felipe V y de su hijo Fernando VI. A los primeros ingenieros franceses les sucede el arquitecto italiano, Giacomo Bonavia, quien acrecentará su intervención a raíz del incendio de 1748.

En el cuerpo central del edificio, con un piso más de altura, encontramos el escudo de Fernando VI y sobre él -de derecha a izquierda- las estatuas de Felipe II, Fernando VI (algo más elevada) y de Felipe V.

El aspecto dominante de la fachada principal se debe a la intervención posterior del también arquitecto italiano Sabatini, ya que el rey Carlos III, ante las reducidas dimensiones del Palacio, optó por añadir dos alas perpendiculares a la fachada , creando con ello una plaza de armas. De este modo, la población del Real Sitio crecía hacia Oriente, a espaldas del Palacio. También se añadió una nueva capilla, sustituyendo a la antigua.
El acceso al interior del Palacio se realiza a través de los pórticos de la fachada principal. La Escalera, en piedra de Colmenar, es obra de Bonavia. Cada escalón es de una sola pieza, de 4,5 m, y su balaustrada, pintada en negro y oro, es de estilo rococó. En el techo cuelga una impresionante lámpara de cristal de La Granja y bronce dorado, de estilo Imperio, con doscientos candelabros.

En el interior ya no se percibe el ambiente de los Austrias, sino el gusto Borbón. Algunos espacios han ido cambiando de nombre y función. Las estancias con mayor interés quizá sean las de la planta alta, sobre todo los apartamentos de la Reina, en la mitad norte del Palacio, y los del Rey situadas en la zona sur. La mayoría de la decoración corresponde al siglo XVIII, con incorporaciones del siglo XIX.

A lo largo de las distintas salas se irán contemplando pinturas de las escuelas española e italiana, relojes franceses e ingleses, mobiliario y jarrones, sobre todo de estilo Imperio, tapices de Bruselas y otros interesantes objetos. La estancia más relevante del palacio quizá sea el Gabinete de Porcelana, diseñado y modelado por Gricci en la Real Fábrica de Porcelana del Buen Retiro de Madrid, en tiempos de Carlos III. Una decoración a base de hojas, frutas, troncos de árboles, seres fantásticos y figuras humanas con facciones y atuendos orientales cubre las paredes y los techos, con una mezcla de estilos chinesco y rococó. El Gabinete Árabe, inspirado en la sala de las Dos Hermanas de la Alhambra de Granada, se decoró durante el reinado de Isabel II. La habitación, de reducido tamaño, se utilizaba como sala de fumar. El Salón de Espejos, constituye una de las habitaciones mejor conservadas del Palacio. Fue decorada y amueblada en tiempos de Carlos IV bajo la dirección del arquitecto Juan de Villanueva en un momento de transición del arte cortesano del siglo XVIII al estilo Imperio y a un incipiente Romanticismo. Los espejos proceden de la Granja de San Ildefonso de Segovia. Ocho falsas cortinillas sobre los mismos dan la sensación de ser de tela. La Sala de Pinturas Chinas alberga una interesante colección de obras donadas a Isabel II por un emperador chino de la dinastía Quin. Pinturas de Zacarías González Velázquez adornan la bóveda. La visita termina en la gran Sala de Guardias del Rey, en la que cuelgan seis grandes cuadros de Lucas Jordán, de batallas y temas bíblicos. Destaca la sillería, del siglo XVIII.

Continuaremos nuestra visita en la Capilla de Palacio, obra de Francisco Sabatini que sustituyó a la edificada por Felipe II. Destaca la bóveda, pintada por Francisco Bayeu, y los tres retablos neoclásicos, en mármol y con decoración de bronces realizada por Fabio Vendetti. Sobresale una pintura de San Miguel Arcángel de Lucas Jordán en el retablo del lado del Evangelio, y la imagen de La Concepción, en el altar mayor, de Mariano Salvador Maella.

Durante la visita al Palacio se recomienda dar un paseo por su jardín, conocido como Jardín de La Isla, al estar rodeado por el Tajo y “la ría”, un canal que lo separa del palacio. Fuentes de los siglos XVI y XVII, en su mayoría italianas, contribuyen a que el conjunto sea considerado como el jardín más interesante del tiempo de los Austrias en España. Este y otros espacios ajardinados de los alrededores del Palacio fueron reformados a lo largo del siglo XVIII.

El Jardín del Parterre está situado junto a la fachada oriental del Palacio (en la entrada sur de Aranjuez, junto al Jardín de la Isla). Fue un encargo del primer Borbón, Felipe V, a Marchand y Boutelou -ingeniero y jardinero franceses respectivamente- y ha tenido después diferentes intervenciones. A su entrada destaca la Fuente de Hércules y Anteo, diseñada por Isidro Velázquez en época de Fernando VII, que integra esculturas de Juan Adán, entre otros artistas. Otras fuentes de distintas procedencias, se levantan en el jardín, como la Fuente de Ceres, atribuida a Esteban de Agreda, y la  Fuente de las Nereidas, de Dumandré.

Vista aérea del Palacio Real

Junto al parterre se encuentra la plaza de Rusiñol, llamada así en honor del pintor catalán Santiago Rusiñol, quien pasaba largas temporadas en Aranjuez e inmortalizó sus jardines en numerosas pinturas.

Al lado encontramos el Palacio de Godoy, antigua residencia de Manuel Godoy, favorito de Carlos IV, donde se desarrollaron importantes sucesos durante el Motín de Aranjuez que acabaron con la abdicación del rey Carlos IV en su hijo Fernando VII, hecho histórico que se escenifica anualmente. El palacio es un claro ejemplo de arquitectura palatina funcional. En la fachada no encontramos ningún símbolo de la familia que lo habitó, y la decoración se resume en la utilización de dinteles y frontones para lograr profundidad.

El Jardín del Príncipe es el jardín más extenso de Aranjuez. Se comenzó a realizar cuando Carlos IV aún era príncipe (de ahí su nombre) y se finalizó durante su reinado, integrando elementos anteriores. Se trata, en realidad, de un conjunto de varios jardines en los que se combina la moda inglesa y francesa de fines del XVIII.
Si se accede por la Puerta del Embarcadero, la primera de las entradas, y se avanza por la calle del mismo nombre, queda a la derecha la antigua Huerta de la Primavera y a la izquierda el Tajo, donde se localiza el Embarcadero de Fernando VI, después de una glorieta con cinco pabellones de recreo. Al más grande, el Pabellón Real, le sucedieron los cuatro pabellones levantados como lugar de recreo para los entonces príncipes Carlos IV y María Luisa, que fueron el origen de la construcción del futuro jardín.

En nuestro recorrido por el Real Sitio encontramos también cinco jardines en los que permanecen algunas construcciones “pintorescas”, muy al gusto del Rey, un fortín que alojaba los pequeños cañones que se utilizaban para lanzar salvas a los reyes cuando navegaban; un castillo, en la actualidad restaurante, etc…

Frente al castillo se encuentra la Casa-Museo de Marinos (o Museo de Falúas Reales), levantado en 1963 en las cercanías del embarcadero del jardín del Príncipe en recuerdo de las actividades en el Tajo. Conserva una interesante colección de embarcaciones de recreo de curiosas formas, las falúas, a las que el cantante Farinelli dedicó mucho tiempo. Destacan, entre otras, la de Carlos IV, decorada por el pintor Maella con los escudos de las provincias españolas, y la de Fernando VII, con forma de cuna y con la figura de San Fernando, ambas construidas en Cartagena.

En el sexto tramo del Jardín encontramos el Estanque Chinesco, en el que destacan dos rocas artificiales de las cuales una de ellas salía el agua que alimentaba el estanque y la otra sirve de base a un obelisco. En torno al estanque está el Cenador Chinesco, un templete de orden jónico con diez columnas de mármol verde italiano. Todo se realizó según diseño de Villanueva. El cenador es el motivo de la obra del pintor Rusiñol Glorieta al atardecer, de 1913.

Entre los jardines sexto y séptimo y el río se encuentra la zona de Las Islas americanas y asiáticas, diseñada en el siglo XIX donde destaca un montículo artificial, la Montaña rusa y distintas especies exóticas traídas por Carlos IV, quien quiso que esta zona fuera el rincón más apartado del jardín.

La construcción de la Casa del Labrador no parte de un proyecto único sino que se fue adaptando a lo largo de trece años durante el reinado de Carlos IV. En ella intervinieron además varios arquitectos: el maestro Juan de Villanueva y sus ayudantes Antonio López Aguado y, sobre todo, Isidro González Velázquez. El francés J. D. Dugourc trabajó como decorador. Parece ser que en el lugar existía una antigua casa de labranza de la que se aprovechó parte de la estructura. Llama la atención el contraste entre un diseño delicado ejecutado sobre cimientos y materiales endebles. Un escudo de España sujetado por unos angelotes en piedra de Colmenar, obra de Fernando Cruz Solís, remata la fachada. Destacan los bustos de emperadores romanos, procedentes del Alcázar de Madrid, sobre pilastras y un busto de una mujer con serpientes en el pecho y la cabeza, que simboliza la envidia.

El interior conserva uno de los conjuntos neoclásicos más importantes de Europa. Las pinturas de las salas de la planta baja fueron destrozadas por las crecidas del Tajo a finales del siglo XIX y principios del XX y las actuales corresponden a la restauración de Andrada, pero las de la planta principal son las originales. Todas las salas merecerían una detallada explicación, la Saleta de la Reina, el Salón de la reina María Luisa, el Salón de baile, etc, pero vamos a hacer una breve selección. En la Sala de Billar destacamos la bóveda pintada al fresco por Maella, las sedas de Lyon y valencianas, bronces, adornos de cristal y el suelo de mármoles. La Galería de Estatuas es una pieza magistral del gusto neoclásico. Los bustos de filósofos y escritores griegos, en su mayoría copias romanas de originales griegos, proceden de la Villa Adriana de Tívoli. El pavimento es una rica combinación de mármoles españoles y de seis fragmentos de mosaico romano, procedentes de Mérida. El Gabinete de Platino es un espacio de gran riqueza artística donde se manifiesta el más puro estilo Imperio, obra de los arquitectos y decoradores de Napoleón, Percier y Fontaine. La boiserie (revestimiento de madera) de caoba, con incrustaciones de bronce dorado y platino, unida a los espejos, crean la ilusión de que el pequeño espacio cuadrado fuera una galería. Las pinturas murales ilusionistas, con personajes a la moda de la primera década del XIX, son de Zacarías González Velázquez.

Una vez fuera del conjunto del Palacio Real merece la pena darse un paseo por la villa. Su Plaza de Toros, Monumento Histórico Artístico, es una de las plazas más bellas construidas y una de las pocas que se conservan del siglo XVIII. Levantada por Carlos IV en 1796 sobre una de las plazas pioneras en España -construida cerca de treinta años antes-, da una idea de la afición taurina existente en Aranjuez. Ha sufrido distintas intervenciones y restauraciones. Todos los 30 de mayo, día de la fiesta patronal de San Fernando, se celebra una importante corrida. En la programación de la feria taurina de septiembre, coincidiendo con las fiestas que conmemoran el “Motín de Aranjuez”, se incluye una corrida goyesca a la que parte del público asiste vestido a la usanza de finales del siglo XVIII. En su interior se aloja el Museo Taurino.

La Estación de Ferrocarril, iniciada en 1923, es de estilo neo-mudéjar con ladrillo rojo visto, azulejos decorativos y un zócalo de piedra. En el vestíbulo, con un bello artesonado, destacan cinco lámparas de hierro forjado y unos mosaicos del escultor italiano Mario Maragliano. La estación fue rehabilitada en 1989 y obtuvo un premio de la Comunidad de Madrid. Otros muchos edificios notables como el Teatro Real, el Mercado de Abastos, las típicas corralas, palacios, casas, iglesias y el Jardín de Isabel II merecerían también una visita.

Otro atractivo turístico interesante es el Tren de la fresa, réplica del primer ferrocarril español que en 1851 unió Madrid con Aranjuez. El tren, con máquina de vapor y vagones de madera, recrea los viajes comerciales del siglo XIX y comunica Aranjuez con el Museo del Ferrocarril de Madrid.

Aranjuez goza de una destacada gastronomía basada en los productos de la huerta y la caza menor. En verano es habitual ir a cenar a los merenderos, conocidos como gangos, junto al río.

Imprescindibles

Estanque Chinesco
Jardines de Aranjuez

Datos prácticos

Coordenadas

40° 2′ 0″ N, 3° 36′ 0″ W

Distancias

Madrid 42 km, Toledo 44 km

Aparcamiento

Durante los dias laborables el casco antiguo es zona azul pero en el entorno del Palacio Real y el Tridente (calles Infantas, Príncipe y Reina) se puede estacionar gratuitamente. Tarde del sábado y domingo no hay zona azul.

Altitud

495 m

Habitantes

57 728 (2013)

San Fernando (fiesta patronal, 30 de mayo)

Fiestas del Motín de Aranjuez (de Interés Turístico Nacional, primera semana de septiembre)

Otros destinos próximos

Comentarios Facebook

About the author

Comentarios

  • jose luis cuenca 3 mayo, 2016 at 8:58 am

    He vivido por aquella zona (Huerta de Valdecarábanos) y cada find e semana me escapaba a Aranjuez. Los miércoles el Palacio Real es gratuito, al igual que la casa el Labrador (aunque ésta hay que reservar previamente).

Simple Share Buttons
Simple Share Buttons

Utilizamos cookies de terceros para mejorar la usabilidad para dispositivo de usuario. Si usted continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración y obtener más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar