Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, la unión con Dios y el arte de una dinastía

Junto con el de las Descalzas Reales, el Real monasterio de la Encarnación es uno de los dos conventos de clausura que se pueden visitar en el centro de Madrid. A pesar de no ser uno de los monumentos más famosos de la capital española, es un lugar que merece mucho una visita y es ideal para quien quiera hacer una ruta por el Madrid de los Austrias. Además, es un lugar muy accesible, a tan solo unos minutos andando de Gran Vía.

Fachada del monasterio de la Encarnación de Madrid

Fachada del monasterio de la Encarnación de Madrid. | Shutterstock

Este cenobio es de suma importancia, ya que, junto al monasterio de El Escorial, su arquitectura es el mejor ejemplo del estilo de los Austrias. Además, se puede visitar por dentro, por lo que es la oportunidad perfecta para disfrutar de una construcción de este tipo también en su interior. En él se puede ver un museo con más de 7.000 obras pictóricas y varias reliquias, como la sangre de San Pantaleón. Como se ha comentado, en la actualidad actualidad sigue en activo habitado por una comunidad de monjas agustinas recoletas.

Origen del monasterio de la Encarnación de Madrid

El monasterio de la Encarnación de Madrid fue fundado por Felipe III y Margarita de Austria-Estiria. Comenzó a levantarse en el año 1611 y finalizó en 1616, por lo que ya ha alcanzado los 400 años de antigüedad. Se cree que la construcción de este monasterio fue una idea de la reina al ver la obra que Juana de Austria, hija del Emperador Carlos V y Princesa de Portugal, había hecho en las Descalzas Reales. También se piensa que otro de los motivos de su construcción fue conmemorar la ordenación, por parte de Felipe III, de la expulsión de los últimos moriscos que quedaban en la actual capital.

Estatua de Lope de Vega en el monasterio de la Encarnación

Estatua de Lope de Vega en el monasterio de la Encarnación. | Shutterstock

Esta es una historia curiosa, pues el palacio en el que nació la reina Margarita se convirtió en este convento de monjas agustinas y actualmente es allí donde descansa su cuerpo. Como consecuencia de ser la impulsora de su construcción, en aquella época el conjunto de templo y cenobio era conocido entre los madrileños como Las Margaritas.

Conexión Austria del monasterio de la Encarnación

El Real monasterio de la Encarnación forma parte del Madrid de los Austrias. El edificio fue diseñado por Fray Alberto de la Madre de Dios, uno de los grandes arquitectos del barroco español, que fue elegido expresamente por la reina para dirigir las obras. Tanta fue la influencia de este arquitecto durante la época que la fachada del monasterio, de estilo herreriano, que fue ampliamente imitada en otros templos españoles.

monasterio de la Encarnación de Madrid

Los Austrias dieron lugar a grandes monasterios. | Shutterstock

Otra de las curiosidades de su construcción es que se realizó un pasadizo que lo conectara con el Real Alcázar, donde actualmente está el Palacio Real de Madrid. Apenas había 400 metros de distancia entre ambos edificios. De esa manera, los reyes podían visitar el monasterio con frecuencia sin que les vieran ni molestar a las monjas. Desgraciadamente, la reina Margarita de Austria murió el 3 de octubre de 1611 sin ver terminada la obra en la que tanta ilusión había puesto. Después de varios años de obras, el 2 de julio de 1616, el Real monasterio de la Encarnación de Madrid por fin fue inaugurado por todo lo alto.

Como se ha comentado anteriormente, la portada del monasterio, obra de Fray Alberto, es de lo más destacado del edificio. En ella se pueden ver los escudos de la Reina Margarita y un relieve de La Anunciación en mármol, esculpida por Antonio de Riera. Es una portada con tres arcos de entrada y encima un frontón triangular. Además, esta fachada está precedida por la plaza de la Encarnación, en la que en la década de los 60 se instaló una estatua de Lope de Vega.

Patio de la entrada principal monasterio de la Encarnación de Madrid

Patio de la entrada principal. | Shutterstock

En cuanto a su interior, la iglesia tiene planta de cruz latina y destacan los capiteles jónicos o el retablo mayor con el cuadro La Anunciación de Vicente Carducho. Asimismo, sobresalen varios lienzos importantes sobre la vida de San Agustín. También hay un tabernáculo de Ventura Rodríguez y unas estatuas de los Santos Doctores. Hablando de los materiales, el jaspe, los mármoles y los bronces dorados son los protagonistas.

Evolución hasta la actualidad

El coro del Monasterio de la Encarnación tiene una sillería del siglo XVII y en el claustro hay cuadros con escenas de la vida de la Virgen. Sin embargo, una de las joyas más destacadas del monasterio de la Encarnación de Madrid es su relicario, con más de 700 piezas de bronce, coral, marfil y maderas y donde se conserva la sangre de San Pantaleón.

En 1761 se hizo una remodelación en la iglesia dirigida por Ventura Rodríguez con el fin de darle un aspecto más moderno. Posteriormente, en 1842, las monjas fueron exclaustradas como consecuencia de la Desamortización. Esto supuso que el convento fuera demoliéndose poco a poco. Sin embargo, en 1844 se empezó a reconstruir y las monjas pudieron volver en 1847. Junto con los años de la Guerra Civil española, es el único período de tiempo en el que las monjas han abandonado el monasterio.

Plaza de la Encarnación Madrid

Plaza de la Encarnación. | Shutterstock

A lo largo de los siglos XVIII y XIX continuaron sucediendo anécdotas que han pasado a formar parte de la historia del monasterio. Por ejemplo, es sabido que Manuel Godoy, el que fuera Primer Ministro de Carlos IV, iba todos los días a misa en la iglesia del complejo andando desde la que entonces era su casa, el palacio de Floridablanca. Por otro lado, cuando José Bonaparte vivía en Madrid, apareció en la reja del cenobio un gato ahorcado con el siguiente mensaje: ‘Si no lías pronto el hato, te verás como este gato’.

Otro de los nombres propios que destacan en la historia del edificio es el compositor madrileño Lorenzo Román Nielfa, que fue profesor de música en el convento durante el siglo XIX. Cuando murió, dejó como legado al lugar su biblioteca musical, que contenía obras de maestros de los siglos XVI y XVII. Llegando a la actualidad, en 1965 se decide abrir el monasterio de la Encarnación al público, bajo la gestión de Patrimonio Nacional. Hoy en día todavía sigue habiendo algunas monjas de clausura dedicadas a la oración y a la contemplación. Claro está, no se dejan ver durante las visitas. En definitiva, se trata de un pequeño tesoro escondido en el centro de Madrid.