Calahorra

La ciudad romana fiel incluso después de la muerte

La capital de la Rioja Baja es un destino monumental y gastronómico excelente. Se nota enseguida su extraordinario pasado y que es una importante ciudad agrícola con un gran valor arqueológico heredero de su pasado romano.

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Hay mucho que ver en Calahorra, un destino monumental y gastronómico inexplicablemente olvidado que nos puede llevar un fin de semana completo si se quiere exprimir completamente. Entre sus principales activos están la catedral y su museo, el Museo de las verduras, el  Museo de la romanización y sus importantes monasterios y templos; los enumeramos en la sección Qué ver en Calahorra. Los aficionados al senderismo la equitación y otras variedades de turismo activo cuentan con opciones en el parque de Peñas de Arnedillo, Peñalmonte y Peña Isasa y en el parque de Sotos del Ebro. Para ver más monumentos se pueden continuar la escapada en dirección sur hasta Arnedo o hacia el Este, en Alfaro. En toda la ribera se come muy bien a buen precio, y cuenta con una buena oferta de hotelería moderna; para reservar ofrecemos nuestra página Dormir y Comer en Calahorra.

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Calahorra es una ciudad de asentamiento temprano que vivió su mayor época de gloria durante el periodo de dominación romana. Entonces se llamaba Calagurris Nassica Iulia y era una próspera población desarrollada a partir de un poblado íbero anterior.

Su mayor notoriedad la alcanzó tras las guerras civiles que enfrentaron a Sertorio contra Pompeyo y Metelo en el siglo I a. C. Así, en el año 72 a. C. la ciudad permaneció fiel al rebelde Sertorio (a pesar de haber fallecido), siendo asediada durante largo tiempo por tropas pompeyanas. Los calagurritanos llevaron el heroísmo hasta el extremo, llegando incluso a producirse episodios de canibalismo que dieron lugar a la expresión popular fames calagurritana, empleada en época clásica para definir penurias extremas. Esta fidelidad heroica ha quedado reflejada en la estatua de la Matrona que cocinaba para todos. La fama de fidelidad e irreductibilidad de sus habitantes indujo al emperador Octavio Augusto a reclutar su guardia personal entre calagurritanos. Como municipio romano de pleno derecho, la villa creció, se amuralló, emitió moneda y contó con las principales infraestructuras de una gran ciudad romana: teatro, circo, foros y termas.

A finales del siglo III Calahorra comenzó a ser evangelizada. En esas fechas fue protagonista del episodio del martirio de San Emeterio y San Celedonio, dos soldados romanos que habían abrazado la fe católica. Ambos fueron decapitados y sus cabezas arrojadas al río Ebro. Pero, según la leyenda, los cráneos remontaron las aguas río arriba en lugar de seguir la corriente. Sea como fuere, la ciudad fue totalmente evangelizada durante el Bajo Imperio Romano y nombrada Sede Episcopal en el siglo IV, estatus que todavía conserva hoy en día. Además, en el año 348 nació aquí el gobernante romano Aurelio Prudencio Clemente, que tras convertirse al cristianismo fue uno de los más importantes poetas cristianos.

En el año 714, Calahorra cayó bajo dominio musulmán. Algo más de un siglo más tarde, en el año 844, el rey Ramiro I de Asturias tomó el control de Calahorra después de la batalla de Clavijo, celebrando en el templo de Santa María-El Salvador el primer Voto de Santiago, que estuvo vigente hasta la promulgación de la Constitución de las Cortes de Cádiz.

Alcantarillado antiguo

En los dos siglos siguientes Calahorra fue cambiando de manos por su importancia estratégica, hasta que en 1045 fue conquistada al rey de la taifa de Zaragoza por Sancho Garcés III de Pamplona. Con el botín se financió la construcción de Santa María de Nájera. A finales de ese mismo siglo, durante el reinado de Alfonso VI, fue incorporada al reino de Castilla. A partir de entonces se estableció en sus calles una importante judería en la que llegaron a residir hasta seiscientas personas. Ocupaba lo que actualmente es el Rasillo de San Francisco, delimitado por las calles Sastre, Morcillón, Cuesta de la Catedral y Murallas. En ella pasó los últimos años de su vida el poeta y astrónomo Abraham Ben Mair Ben Ezra.

Los siglos XV y XVI fueron muy importantes para el desarrollo de la localidad, al igual que el siglo XVIII, en el que Calahorra experimenta un gran impulso urbanístico.

La llegada del ferrocarril y el desarrollo de la industria conservera en el siglo XIX fueron también decisivos en la transformación de la ciudad, que es en la época actual un importante centro socioeconómico de La Rioja, con una pujante actividad agrícola, industrial y comercial.

La localidad de Calahorra, asentada sobre un promontorio en la fértil vega del río Cidacos, es una de las ciudades más antiguas de La Rioja, con una edad documentada de más de dos milenios. Cuenta por tanto con un importante patrimonio arqueológico, especialmente romano, y su casco urbano todavía conserva la estructura de esta época. En él pueden verse restos del antiguo Alcantarillado y, aunque no son visitables, se conservan todavía las cloacas romanas bajo el cemento de la ciudad actual. Cerca de los restos del Circo, en el paseo de Mercadal, existen varios canales y desagües que llegaban hasta las termas. En este paseo se levanta la estatua de La Matrona, que representa la leyenda de la fames calagurritana, conmemorando el heroísmo de la ciudad ante los conquistadores en la antigüedad. Así mismo, en el Yacimiento de la Clínica pueden apreciarse los vestigios de una villa romana del siglo I, excavada en tres niveles. De ella procede el famoso busto del siglo I conocido como la Dama Calagurritana, que se expone en el Museo de la Romanización junto a otros importantes restos arqueológicos. En relación a este pasado y a petición popular, se levantó en 1970 frente al Ayuntamiento una estatua de Marco Fabio Quintiliano, pedagogo y retórico del siglo I.

Calahorra se encuentra además ubicada dentro de la ruta del Camino de Santiago del Ebro, por lo que cuenta con un albergue para peregrinos y un humilladero o crucero del siglo XVI a la entrada de la ciudad. La ruta que sugerimos a continuación se vincula precisamente a su rico patrimonio religioso, derivado de su temprano nombramiento como sede episcopal y a su vinculación a esta ruta de peregrinación.

Iniciamos nuestra visita en la Plaza del Raso, antiguo foro romano donde se celebraban los acontecimientos más importantes de la ciudad. Aquí estuvo situado el Ayuntamiento hasta el siglo XVII (ahora en la Glorieta de Quintiliano). En ella se alza la Iglesia de Santiago Apóstol (s. XVII-XVIII), que es la mejor muestra del neoclasicismo riojano. Fue levantado sobre otro templo anterior, dedicado a Santiago el Viejo. Tanto su fachada como su interior son de gran sobriedad, aunque no por ello menos majestuosas. En su interior no se puede uno perder el retablo mayor (1734-1741), construido por Diego de Camporredondo en el siglo XVIII. Está presidido por Santiago Matamoros en el centro y por los patronos de la ciudad, San Emeterio y San Celedonio, en los laterales.

Rodeando este templo se llega al Arco del Planillo, antigua puerta romana de entrada a la ciudad y, siguiendo la calle Santiago, alcanzamos el Mirador de Bellavista, atalaya con magníficas vistas sobre el valle del Ebro.

A continuación pasamos a ver la Iglesia de San Andrés, del siglo XVI, aunque levantada sobre otro edificio anterior del siglo VII y reformada en el XVIII. Destaca por su portada gótica, con un curioso tímpano en el que se ha esculpido una cruz de brazos desiguales que representa el triunfo del cristianismo sobre el paganismo, simbolizado por el sol, la luna y una sinagoga. En su interior, merece también una parada el retablo mayor, realizado por el artista local Manuel Adán.

Avanzando por la calle San Andrés se arriba al Rasillo de San Francisco, en la parte más alta de la zona sur de la ciudad. Este lugar estaba ocupado por la judería y en él se localizaba el castillo, el lugar de defensa más importante desde los tiempos romanos. Aquí podemos detenernos en la Iglesia Conventual de San Francisco, donde en la actualidad se guardan los pasos procesionales de la Semana Santa calagurritana. Este templo, de una sola nave de cuatro tramos, crucero y cabecera rectangular, vio además cómo en 1366 proclamaban a Enrique de Trastámara rey de Castilla.

A continuación nos dirigiremos hacia la parte baja de la ciudad, a orillas del río Cidacos, para visitar la Catedral de Santa María-El Salvador, edificio gótico levantado sobre el supuesto lugar del martirio de San Emeterio y San Celedonio y que ha sido declarado Bien de Interés Cultural. Es de planta de tres naves, crucero y girola y cuenta con un claustro anexo. Su fachada principal es barroca, ricamente decorada con figuras de alabastro, y es también de interés otra plateresca, situada al norte y conocida como la Portada de San Jerónimo. En su interior se puede observar el Cristo de la Pelota (siglo XIV), una curiosa talla gótica que, según cuenta la leyenda, contribuyó a dirimir el resultado de un partido de pelota. La sacristía barroca y el claustro, este último también plateresco, acogen el Museo Catedralicio y Diocesano, donde se pueden ver varias pinturas de Tiziano y Zurbarán, así como varias piezas de orfebrería y una thorá perteneciente a la antigua sinagoga. Al lado de la catedral se erige el Palacio Episcopal, espléndido edificio de ladrillo de los siglos XVI-XVIII.

Cruzando el puente sobre el río Cidacos caminaremos hacia el Santuario de la Virgen del Carmen, patrona de la ribera. Es un edificio de estilo herreriano fundado en 1603. En él destaca un retablo barroco con una talla de la Virgen del Carmen atribuida a Gregorio Fernández.

Santuario de la Virgen del Carmen

Volviendo hacia la zona de la catedral y tomando la Cuesta de la Catedral y el Parque del Cidacos llegaremos al Monasterio de San José, conocido popularmente como el Convento de las Monjas Encerradas. Fue fundado en 1589 y construido según los preceptos del primer barroco carmelitano: severidad y elegancia. En su interior se encuentra un espectacular Cristo atado a la columna (1625) de Gregorio Fernández. Aconsejamos la admiración de esta excelente obra de la imaginería barroca: de su mirada, el trabajo de la anatomía, la posición de las manos, las piernas y de todo el cuerpo en general, así como de la expresión, serena a la vez que patética, de sufrimiento. En el convento también podemos adquirir la excelente repostería de las hermanas carmelitas descalzas que lo habitan.

Calahorra es además un lugar fértil, donde la verdura ha adquirido gran protagonismo. Se recomienda, antes de finalizar nuestra jornada en la villa, y una vez de vuelta al casco histórico, comprar alguna buena hortaliza, conserva, vino o aceite de la huerta riojana e incluso visitar el Museo de la Verdura, que, a través de una presentación didáctica e interactiva, muestra la actividad de las huertas y cultivos de la ribera del Ebro.

Imprescindibles

Catedral de Calahorra
Monasterio de San José

Datos prácticos

Coordenadas

42° 18′ 12″ N, 1° 57′ 53″ W

Distancias

Logroño 53 km, Pamplona 86, Madrid 389 km

Altitud

351 m

Habitantes

24 509 (2013)

San Emeterio (3 de marzo), San Celedonio (31 de agosto)

Jornadas de la Verdura (en primavera) Mercaforum (mercado romano)

Soc. Coop. Los Santos Mártires

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