Situadas al sur de la isla de Gran Canaria, en el municipio de San Bartolomé de Tirajana, las dunas de Maspalomas han sido habitadas desde la época de los aborígenes canarios. Un horizonte de arena y océano que deja una estampa típica de otro planeta. Así se conforma un paisaje árido típico de las zonas del sur de las islas principales, Gran Canaria y Tenerife. Rodeado de extensas playas de arena blanca y agua cristalina, este es un rincón de la isla que no puede pasarse por alto.

Dunas de Maspalomas

Dunas de Maspalomas | Shutterstock

Un dibujo de los vientos alisios y el Atlántico

El origen de estas dunas es antiquísimo, de ahí su valor. Han ido formándose por la acumulación de sedimentos del interior de la isla de Gran Canaria, gracias a los vientos alisios del archipiélago. Además, las potentes olas del Océano Atlántico tienen efecto también en ellas, formando esa suave silueta tan característica. Aunque, por desgracia, son muy sensibles a la construcción masiva hotelera de alrededor y se teme por su supervivencia.

Las dunas de Maspalomas son uno de los espacios naturales protegidos más importantes de las Islas Canarias y de España. A su gran valor ecológico, se le suma el hecho de que es un punto clave donde anidan muchas aves migratorias. Además, desde 1994 se las considera como Reserva Natural Especial por sus características tan singulares y valiosas.

Vista aérea de las dunas y la playa de Maspalomas | Shutterstock

Vista aérea de las dunas y la playa de Maspalomas | Shutterstock

Hogar de flora y fauna única

Esta obra de arte de la naturaleza cuenta también con el conocido como oasis de Maspalomas, un enclave natural en el que conviven multitud de especies endémicas, como el lagarto gigante de Gran Canaria. El clima cálido dura todo el año y hacen de estas dunas el destino perfecto para desconectar. Su playa, frecuentada por surfistas profesionales de todo el archipiélago, ofrece unas vistas inigualables de las dunas.

Oasis de Maspalomas

Oasis de Maspalomas | Shutterstock

Los atardeceres desde estas dunas no tienen comparación. Recorriendo el paseo situado al lado de las dunas, se puede apreciar su inmensidad y valor. Aunque, sin duda, lo más divertido es recorrerlas a pie. Una subida y bajada infinita en la que disfrutar el roce de la arena en los pies descalzos. Un regalo para los cinco sentidos.