Las cuevas de Ajuy se encuentran en la pequeña población del mismo nombre en la isla de Fuerteventura y están englobadas dentro del Parque Rural de Betancuria. Dentro del municipio de Pájara, el pueblo es fácilmente accesible por la carretera FV-621. Estas cuevas naturales son el resultado de las formaciones que han efectuado las coladas de lava en los acantilados. Se puede acceder a ellas por mar, aunque también es posible seguir un sendero que se inicia desde la playa de Ajuy.

Monumento Natural de las Cuevas de Ajuy

Monumento Natural de las Cuevas de Ajuy. | Shutterstock

Con un elevado valor geológico, paleontológico y cultural, en este lugar es posible observar muestras de la corteza oceánica tal y como se formó hace 70 millones de años. Un verdadero monumento natural que conforma, sin duda, uno de los lugares más importantes de las Islas Canarias. No en vano, son uno de los terrenos más antiguos de la comunidad.

Cuevas de Ajuy desde el interior

Cuevas de Ajuy desde el interior. | Shutterstock

Origen de las cuevas de Ajuy

Se estima que su origen geológico es anterior a la formación de la isla de Fuerteventura hace más de 70 millones de años. Las rocas emergieron de la mismísima corteza oceánica a 3.000 metros de profundidad, el llamado Complejo Basal. Así, quedaron expuestas por encima del nivel del mar. Esto hace que se encuentren entre las rocas más antiguas de todo el archipiélago. Un hecho que hace todavía más interesante tanto las cuevas como la zona donde se hallan.

Cuenta la leyenda que muchos piratas guardaron en su interior numerosos botines y tesoros. Mientras tanto, a nivel histórico Jean de Béthencourt, el conquistador de las Islas Canarias,  invadió la isla de Fuerteventura desde este punto. En el siglo XV después de tomar además Lanzarote y El Hierro, fue reconocido por Castilla como el señor de las Islas de Canaria. También entre sus méritos se le atribuye la fundación de Betancuria, antigua capital de la isla.

Mar rompiendo en las inmediaciones de Ajuy

Mar rompiendo en las inmediaciones de Ajuy. | Shutterstock

En 1987, fue declarado Monumento Natural gracias a la gran variedad de sedimentos ígneos y volcánicos que se encuentran en ellas. La Unión Internacional de Ciencias Geológicas considera que es digno merecedor de figurar entre los 150 espacios de mayor interés geológico del mundo. Algo que se combina con el espectacular paraje que conforman, mirando directamente al mar.

Rutas en torno a las Cuevas de Ajuy

Cuevas de Ajuy desde el litoral

Cuevas de Ajuy desde el litoral. | Shutterstock

Una rampa costera de 1,5 km permite observar estas oquedades cretácicas de gran valor estético. Al principio de la marcha se llega hasta el Mirador de Ajuy, un lugar idóneo para sacar fotos. Así, se puede contemplar como el mar alcanza la roca y es repelido con fuerza desde los bufaderos. En el camino se pueden observar también un conjunto de petrificadas por efecto de la erosión. Están formadas por fósiles de gasterópodos marinos, formaciones rocosas y todo tipo de sedimentos oceánicos.

Un poco más adelante se encuentran dos hornos de cal. Este material, necesario para encalar las casas tradicionales de las islas, fue profusamente comercializado. Con ello ayudó a mantener la economía isleña, más allá de la agricultura del cereal. Es posible descender por las escaleras hasta llegar al embarcadero desde el que salían las embarcaciones rumbo a Gran Canaria y Tenerife. De igual manera, se construyeron unas vigas de hormigón, aún visibles, para sostener una rampa desde la que se bajaban las mercancías.

Apertura marina de las Cuevas de Ajuy

Apertura marina de las Cuevas de Ajuy. | Shutterstock

En el punto final del recorrido, se encuentran las escaleras que bajan a las cuevas. Pasear por su interior permitirá al visitante disfrutar de una experiencia prehistórica, pero con la comodidad de usar una linterna a pilas. Con una altura de 40 metros, mucha humedad y una oscuridad acentuada por las paredes de basalto. Además esto supone un viaje al pasado geológico remoto del archipiélago canario. Cabe destacar que el acceso no está adaptado para personas con movilidad reducida.

Ajuy

Ajuy. | Shutterstock

Más allá de las cuevas

Visitar el pueblecito de Ajuy ofrece un complemento perfecto al recorrido de sus cuevas. Se trata de una pequeña aldea marinera, hogar de pescadores. Cuenta con bellas casas encaladas y genera una evocadora atmósfera, tranquila y alejada de las aglomeraciones. Mientras tanto, su playa es de fina arena volcánica. El fuerte oleaje del que hace gala llevó a que se conociera por el nombre de Playa de los Muertos. Este funesto topónimo viene dado por los cadáveres de los ahogados que llegaban hasta allí por el efecto de las corrientes marinas. Sea como fuere, las puestas de sol desde el arenal motivan una visita casi obligada.

Isla de Lobos

Isla de Lobos. | Shutterstock

Otra visita recomendable sería la de las Dunas de Corralejo e Islote de Lobos. Dos parques naturales y zonas protegidas. El islote alberga más de 130 especies vegetales y animales. Mención aparte merecen sus maravillosos fondos marinos. Este enclave fue famoso por tratarse de uno de los hogares de las focas monje, que desgraciadamente fueron prácticamente exterminadas. Por suerte, desde 2019 se han vuelto a introducir ejemplares.

Playa de Cofete

Playa de Cofete. | Shutterstock

Visitar las numerosas playas de la isla es otra posibilidad de expandir la escapada, un clásico del turismo de la zona. Imperdible sería la de Cofete, una de las playas más largas de España. Un entorno lleno de leyendas, por ejemplo sobre la existencia de una base secreta de submarinos nazis en la villa Winter. Asimismo, ofrece unas maravillosas vistas de la península de Jandía. Como testimonio del origen volcánico de todas estas islas cabe mencionar el volcán Calderón Hondo. Los amantes del senderismo disfrutarán realizando la ruta a pie que lo rodea y además pueden llegar hasta asomarse a su cráter.