A Guarda – La Guardia

La Puerta del Miño.

A Guarda es el municipio pontevedrés que abre las puertas a la desembocadura del río Miño, barrera natural que sirve de frontera entre España y Portugal. Es además el punto más meridional de la provincia gallega.

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A Guarda es un singular municipio con atractivos suficientes como para pasar un par de días recorriéndolo. Los menos propensos a una visita detallada pueden dedicar toda la mañana al pueblo, acabando la visita en el museo arqueológico; y por la tarde subir al cercano monte de Santa Tegra, buscar sus petroglifos, el yacimiento del castro y recorrer sus senderos con bellas vistas y una calma maravillosa. Al día siguiente se puede visitar el cercano Monte Aloya, lugar legendario de los celtas, con vistas extraordinarias sobre el río Miño. Otra opción es ir a la bella villa de Tuy, en el camino de vuelta a casa. En la página Dormir y Comer en A Guarda informamos lo qué se come allí y seleccionamos los establecimientos de estilo local donde parar.

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Toda la historia de A Guarda puede comprenderse a la perfección gracias al patrimonio que atesora y conserva en sus rincones. Se inicia con los primeros rastros humanos encontrados en la zona, de hacia el 10.000 a. C., aunque la manifestación más determinante de la era antes de Cristo es la de la cultura castrense, de la que se conservan multitud de restos, sobre todo en los castros, como el de Santa Tecla, A Forca, O Castro y A Bandeira. De hecho, no hay en toda Galicia una villa que haya preservado en semejante proporción y estado de conservación estos vestigios de sus primeros asentamientos estables celtas.

La cultura de los castros fue diluyéndose con la creciente romanización y, con la llegada y difusión del cristianismo, A Guarda se fue llenando de símbolos cruciformes. Esa influencia cristiana mudó también el paisaje, al irse incorporando ermitas.

A partir del siglo XII, A Guarda estuvo bajo la protección de los monjes cistercienses que se emplazaron en Oia, gozando de una próspera vida comercial. La inseguridad de la época, provocada por incursiones árabes y normandas, obligó a los habitantes a levantar fortificaciones y murallas protectoras. Así, en este periodo, en que se desarrolló el trazado urbanístico de la localidad, se levantaron las murallas, en forma de triángulo, con un lado hacia el mar y el vértice contrario hacia la iglesia, similares a las de otras villas marineras gallegas como Baiona o Noya. De este recinto amurallado medieval se conservan hoy sólo dos tramos.

Vista de la Ribeira en 1910

El siglo XVII fue crucial para la historia de A Guarda, sobre todo en relación a las presiones beligerantes derivadas de la Guerra de los Treinta Años. En aquel momento se construyó el Castillo de Santa Cruz, una plaza militar conquistada por los portugueses en 1665, victoria que hizo que la villa perteneciera al reino de Portugal durante tres años. De este periodo es también la Atalaya, una pequeña fortaleza ubicada en un pequeño islote en la boca del puerto y que es el elemento protagonista del escudo de la villa. La construcción del espacio moderno fue dejando paso a una villa pesquera e industrial, cultural y sobre todo, con un fuerte carácter emigrante, que condicionaría su economía y también su arquitectura en los siglos XIX y XX.

A Guarda es especialmente conocida por sus langostas. Pero, si nos acercamos a visitarla, nos encontraremos con un espectacular triple paisaje (marítimo, fluvial y montañoso) que alberga uno de los más típicos pueblos marineros de Galicia, distinguido además por la Comisión Europea como destino europeo de excelencia (EDEN) en reconocimiento a su propuesta de turismo sostenible.

En el centro de la villa está la Iglesia Parroquial de Santa María, originalmente románica (s. XII), que se amplió en el siglo XVI y durante el Barroco, momento en que se levantó su fachada, con lienzos blancos de influencia portuguesa. La planta es de cruz latina, con tres naves y capillas laterales. En el interior llama la atención el retablo dedicado a la Asunción de la Virgen María, un conjunto de pinturas manieristas sobre tabla y los frescos del periodo rococó. Otro ejemplo destacado de arquitectura religiosa es el Convento de San Benito, fundado en el año 1558 por los hermanos Ozores de Sotomayor. Las monjas lo abandonaron en 1983 y, tras una reforma, se convirtió en un famoso hotel y restaurante. La iglesia, pequeña y deteriorada, sigue dedicada al culto religioso.

Hay mucho que ver en A Guarda, por ejemplo en el casco antiguo, boyante de calles marineras con casas de gusto portugués y con pequeños restos de la muralla que defendía la población de los ataques externos, destaca la denominada Plaza del Reloj, donde se encuentran los edificios más significativos: el actual Ayuntamiento, la Torre del Reloj y la Casa de los Alonsos. La torre, emplazada en lo más alto del recinto amurallado, protegía uno de los accesos a la villa. La que contemplamos en la actualidad es de 1570, levantada sobre otra primitiva, y en su cuerpo sobresalen los escudos de armas.

En cuanto al patrimonio civil, hay que mencionar las populares Casas Indianas, viviendas construidas en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX por los emigrantes que regresaron de Puerto Rico, República Dominicana y Brasil. Adoptaron las estructuras propias del país americano y emplearon piedra o azulejos, que le dan un colorido característico. También en este grupo se incluye el Centro Cultural de A Guarda, un edificio de belleza singular, construido en 1921 para ser destinado a Hospital Casa-Asilo. Tras la reforma de 1990, se convirtió en centro cultural y hoy alberga la Biblioteca Pública Municipal, un salón de actos, salas de exposiciones y la oficina de turismo.

Fruto de las distintas invasiones que sufrió A Guarda se encuentran dos construcciones de particular interés. La primera de ellas es el Castillo de Santa Cruz, iniciado en 1663 tras la toma de las tropas portuguesas. Su nombre fue dado en homenaje a Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz de Marcenado, Capitán General de la Armada Española durante los reinados de Carlos V y su hijo, Felipe II, que falleció en 1588 mientras organizaba la Escuadra Invencible contra los ingleses. Edificado sobre las antiguas murallas medievales, el castillo, con planta trapezoidal, está dotado de cuatro baluartes con forma irregular.

Abandonado en la actualidad, es imposible visitarlo por la vegetación que invade las murallas y accesos. En cuanto a la segunda, de la misma época, es la Atalaya, una antigua fortaleza circular construida por los portugueses cuando A Guarda estuvo en poder del país vecino. Fue reconstruida en 1997 en el paseo marítimo y hoy alberga el Museo del Mar, que además de contenidos etnográficos, expone una importante colección malacológica (una rama de la zoología que estudia los moluscos).

Capilla de Santa Tegra

Desde el centro del pueblo está señalizada la subida al Monte de Santa Tegra (en castellano, Santa Tecla), el punto en el extremo más suroccidental de Galicia. Desde el pico de San Francisco, a 341 metros de altitud, hay unas magníficas vistas sobre el estuario, la desembocadura del río Miño en el Océano Atlántico y las vecinas tierras de Portugal al otro lado del río.

Además de la riqueza paisajística, el monte posee una riqueza etnográfica, religiosa e histórica de enorme interés. Son muchos los devotos que visitan la Capilla de Santa Tegra, patrona de la villa que se conmemora en la romería del 23 de septiembre. En el ámbito arqueológico destacan los petroglifos dispersos por todo el monte y, particularmente, el Bien de Interés Cultural poblado castrense de Santa Tegra, uno de los más grandes yacimientos arqueológicos pertenecientes a la cultura castreña y el más emblemático y visitado de los castros gallegos. El recinto amurallado del mismo, con una extensión aproximada de 700 m de largo por 300 m de ancho, alberga una serie de viviendas que se agrupan en barrios de ocho casas, predominando las de planta circular con vestíbulo, aunque también hay otras de plantas ovales y cuadradas, estas últimas debidas, seguramente, al influjo romano. El área arqueológica se completa con la visita al Museo Arqueológico de Santa Tegra (MASAT), donde se guardan objetos hallados en las excavaciones. En sus vitrinas se pueden observar piezas del Paleolítico, Neolítico, de la Edad de Bronce, de la cultura castreña y de la época romana.

Imprescindibles

Castro de Santa Tegra
Puerto

Datos prácticos

Coordenadas

41° 54′ 0″ N, 8° 52′ 0″ W

Distancias

Vigo 62 Km, Pontevedra 77 km, Madrid 617 km

Aparcamiento

Sin dificultad en los alrededores de la villa

Altitud

341 m

Habitantes

10 438  (2013)

Procesión del Corpus (grandes alfombras florales y de sal), Semana Santa, Virgen del Carmen (16 julio)

Romería al monte Santa Tegra (segunda semana de agosto), Desfile Folclórico Regional (segunda semana de agosto), Festa da langosta (Fiesta de la langosta, un fin de semana de julio)

A Chalana (maquetas y efectos navales), Casa Estévez (bombones de fabricación propia y otros productos gallegos de calidad). Pastelerías famosas: Montserrat, Rogelio y Alameda). Monlixú y Nikys (cerámica y artesanía gallega)

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