La Costa da Vela se pasea llevado por la eternidad que retiene consigo el Atlántico, océano que por su apariencia infinita llegó a sentirse como el fin del mundo. Fisterra se encuentra a casi doscientos kilómetros al norte de este enclave localizado en la península del Morrazo. Doscientos kilómetros que se trazan en esa costa gallega de formas ingobernables, construidas a placer del mar.

Fisterra y esta Costa da Vela comparten el Atlántico, la mirada a la inmensidad y la posibilidad de probar sus aguas. Quizá no aptas para todos, pero siempre merecedoras de unos pies que se atrevan con ellas. Al frescor se acostumbra uno, a la belleza de este Rincón del Finde: A remojo difícilmente. El Espacio Natural de Costa da Vela es uno de los mejores lugares en los que descubrir la magia del Atlántico.

Las claves de la Costa da Vela

Vista de las Islas Cíes desde la Costa da Vela

Vista de las Islas Cíes desde la Costa da Vela | Shutterstock

También cuesta imaginarse, por lo que se observa al llegar, que la Costa da Vela cuente con las playas que uno se termina encontrando. Entre las Rías de Vigo y Pontevedra, los altos acantilados del conocido como Cabo do Home y los tres faros que protegen la zona hablan de un lugar antiguo, casi sagrado. Plagado de leyendas relacionadas con el mar, claro, y rodeado de pinares. Y con todo, playas. Playas en las que remojarse es posible. Pequeños rincones, casi podría decirse que diminutas calas, de piedras y arena en los que los más valientes descubrirán otra manera de adentrarse en el océano. Con precaución, eso siempre.

La pequeña playa Milide recibe al visitante con una sorpresa. El pinar que la rodea ha permitido que este lugar siga conservándose en su forma virgen, sin alterar, sin mancillar. Frente a este arenal, las Islas Cíes, recordando que hay cosas que nunca pueden llegarse a conquistar. Recordando que hay lugares que deben permanecer siempre así. Un baño en la playa Milide es un baño tranquilo. Casi un baño de conciencia, porque el frío del Atlántico limpia y porque es imposible olvidar el lugar en el que uno se encuentra.

Las playas de la Costa da Vela son vírgenes y tranquilas

Las playas de la Costa da Vela son vírgenes y tranquilas | Shutterstock

Si se deja atrás el Cabo do Home, avanzando por sus senderos pero tomándose licencias, la playa de Barra espera en medio de la salvaje naturaleza del lugar. Es una de las playas nudistas más populares de la zona, de más de un kilómetro de amplitud y arena fina, templada para el caminante en los meses de verano. De fácil baño, aunque el viento atlántico no concede demasiados respiros. Las olas parecen alcanzarlo todo en otra tranquila playa de esta costa: la playa de Nerga. Sorprende también por sus dunas y por esa capacidad que tiene, como sus paisanas, de envolver al visitante en un estado de ensueño tranquilo.

No son las únicas que pueden encontrarse. Uno puede recorrer decenas de veces este lugar con la sensación de que siempre habrá algo nuevo por descubrir. Un recoveco más en el que asomarse al Atlántico.

Rincones cercanos a la Costa da Vela

Faro de Punta Robaleira, de un llamativo color rojo

Faro de Punta Robaleira, de un llamativo color rojo | Shutterstock

La Costa da Vela, ya se ha dicho, se pasea llevado por la eternidad que retiene consigo el Atlántico. Eso significa que no es necesario desplazarse para descubrir, para explorar y para disfrutar. El visitante debe quedarse, deambular por el borde de los acantilados, entender el legado que caracteriza este lugar, las Rías Baixas y Galicia en general.

O Facho de Donón, recorriendo hacia el norte el Cabo, presenta al visitante los restos de un poblado castreño. Viviendas y murallas todavía visibles, aunque arrastradas por el paso del tiempo. Cerca del castro, el Monte Facho custodia un santuario galaico-romano del siglo III d. C., todavía con altares y con un alto valor cultural.

También merece la pena descubrir ese triángulo de faros que durante mucho tiempo ofrecieron un servicio imprescindible a la costa. Destaca el Faro de Cabo Home, uno de los más fotografiados de Galicia. Alto y azul como el mar, como también es el Faro de Punta Subrido, que completa la trilogía en la vertiente sur del cabo. Entre ambos, el Faro de Punta Robaleira destaca por su inesperado color rojo y por su forma menuda. Todos tienen su historia, sus historias, y su importancia.

Porque se respira el Atlántico, por eso es nuestro Rincón del Finde: A remojo

Faro de Cabo do Home

Merece la pena recorrer con tranquilidad los senderos de este rincón de Galicia | Shutterstock

La Costa da Vela, con todos sus atractivos, es un enclave fantástico en el que dejar transcurrir el tiempo. Debe abordarse sin prisa y dispuesto a dejarse sorprender, en ocasiones a someterse, por todas las particularidades de ese océano que cierra la Península Ibérica por el oeste. Frío, temperamental e infinito, ha condicionado las tierras gallegas desde que el mundo es mundo. Merece la pena explorarlo y respirarlo. Por eso es nuestro Rincón del Finde: A remojo.

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