Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil, el corazón de la Ribeira Sacra | El Rincón del Finde

La naturaleza se ha volcado sobre el Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil. Como si quisiera, de esa manera, protegerlo del paso del tiempo. Impedir que se degrade, que se escape su belleza. Una belleza que pertenece a siglos pasados pero que ha cautivado también a este siglo XXI, con ese verde imposible rodeando el edificio y el color de la piedra manteniendo la esencia de este.

Este monasterio late como si fuera el mismo corazón de la Ribeira Sacra, habiendo visto pasar las edades del hombre hasta convertirse en un recuerdo de lo que un día fue esta Galicia antigua. También en un lugar que pasear, que descubrir y que respetar, entre robles y castaños, todavía con ofrendas depositadas y con la sospecha del murmullo del río Sil de fondo.

Un poco de historia del monasterio

Así es el Monasterio de Santa Cristina

Así es el Monasterio de Santa Cristina | shutterstock

El origen puede encontrarse en lo que todavía hoy transmite: aislamiento, tranquilidad, desconexión y espiritualidad. Al menos, eso es lo que se especula. Aunque su existencia no está documentada hasta el siglo IX, se considera que la zona estaba poblada y organizada por unos inquietos ermitaños desde mucho tiempo atrás.

El monasterio benedictino por el que hoy es conocido tiene su origen en el siglo X. Los monjes que lo ocuparon se dedicaron al cultivo del castaño y de la vid, aprovechando para ambas actividades la proximidad del río Sil. No es posible verlo desde el conjunto del monasterio, pero se encuentra a unos cientos metros adentrándose en el bosque.

Funcionó, en un primer momento, como un monasterio independiente, pero desde el siglo XVI quedó integrado como priorato dependiente del monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil. Esto demuestra una cierta decadencia de la importancia que un día tuvo. La desamortización de mediados del siglo XIX supuso el abandono definitivo del lugar, que se ocupó entonces de forma privada.

Las claves del Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil

Parte del interior del monasterio

Parte del interior del monasterio | Shutterstock

Entre el románico y el estilo renacentista, el Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil habla de sencillez y austeridad. Ambas características encajan a la perfección con el verde intenso del paraje que lo rodea. Demasiada ostentación habría echado por tierra su encanto natural. Al contrario, sus formas elementales, hermosas a la vez, consiguen transmitir esa tranquilidad ya mencionada.

El edificio original de este monasterio, dispuesto en torno a un pequeño claustro, era de estilo románico. No podía ser de otra manera: tenía que seguir las pautas estéticas de la orden benedictina que impulsó su nacimiento. La iglesia románica fue un añadido del siglo XII, incluso del siglo XIII. Se construyó siguiendo el modelo de planta de cruz latina, apostando por destacar un bellísimo rosetón con el que juega la luz y la decoración con motivos vegetales de los capiteles. Otra gran sorpresa: los frescos que ocupan parte del interior. Se han conservado de forma aceptable pinturas murales del siglo XVI que tienen como tema fundamental, claro, iconografía religiosa.

Se conserva poco de las dependencias en las que vivían los monjes, pero sí se pueden observar los pequeños espacios en los que se dejaban los libros que leían en sus paseos. Una curiosidad más que invita a valorar el pasado del lugar.

Desde un punto de vista artístico, por la misma arquitectura, por esos frescos y también por los detalles escultóricos, el Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil es un rincón de gran valor. Para quien se sienta lejos de los aspectos más técnicos del arte, es igualmente un rincón muy agradable e interesante de visitar. Quizá no se conozca lo que se esconde detrás de una decisión arquitectónica, pero pueden apreciarse igualmente sus formas. Formas que, como ya se ha dicho, se las han ingeniado para entrelazarse con la naturaleza en una simbiosis perfecta.

Otra curiosidad: el árbol de San Benito, que quedó convertido en el lugar donde los creyentes depositaban sus ofrendas, sigue en pie cumpliendo con la misma función.

Rincones cercanos al monasterio

El monasterio descansa junto al río Sil y sus cañones

El monasterio descansa junto al río Sil y sus cañones | Shutterstock

Las formas sinuosas y las comunicaciones todavía complicadas en ciertos tramos pueden dificultar una andadura por la Ribeira Sacra, pero todo está cerca y todo merece la pena cuando se habla de esta guarida gallega. El mismo Monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil puede alcanzarse en un trayecto en coche de apenas media hora. Construido entre los siglos V y VII, reconvertido en Parador en las últimas décadas, es uno de los monumentos más sorprendentes que pueden descubrirse en esta bella comunidad.

Descendiendo hacia el sur por el río Sil, en sentido contrario al Monasterio de Santo Estevo, pueden disfrutarse de miradores que permiten empaparse de todo lo que significa estar en la Ribeira Sacra. Es habitual destacar el mirador de Los Balcones de Madrid, pero la fama es merecida. Las vistas son espectaculares y tiene una gran carga emocional: desde este lugar, las mujeres gallegas veían partir a sus maridos cuando éstos tenían que abandonar el hogar.

La misma comarca en la que se enmarca el Monasterio de Santa Cristina, Parada do Sil, tiene para el visitante delicias en forma de pueblos y aldeas que resisten, como el mismo monasterio, al paso del tiempo. Y que ofrecen una gastronomía que ha enriquecido aún más la experiencia que supone visitar Galicia, una tierra de la que es difícil querer marcharse.

Monasterio de Santa Cristina, historia, belleza y naturaleza en la Ribeira Sacra, por eso es nuestro Rincón del Finde

El Monasterio de Santa Cristina fue uno de los monasterios más importantes de Galicia de la Edad Media

El Monasterio de Santa Cristina fue uno de los monasterios más importantes de Galicia de la Edad Media | Shutterstock

El Monasterio de Santa Cristina de Ribas de Sil es, con todo, el corazón de la Ribeira Sacra. Al menos, uno de los muchos corazones que palpitan en este lugar sorprendente, monumental, inspiracional. Histórico, bello y natural. Este monasterio constituye una visita inolvidable que quedará grabada en la retina del viajero, en sus recuerdos y sus pensamientos. Por la tranquilidad que transmite y por la sensación de estar paseando, como sucede en momentos únicos, por la historia del mundo.

Por todo, es el último de esta selección que ha recorrido España en busca de rincones en los que perderse durante un fin de semana. Hay que seguir recorriendo el país, pero llegado el verano toca, sobre todo, refrescarse.