El Camino de Santiago ha motivado la construcción de un enorme número de monumentos en Galicia. También que hoy se conozcan hitos que de otra forma quedarían a la vista de unos pocos. Buen ejemplo de ello es la iglesia de San Xoán de Portomarín, o San Nicolás. Se trata de un templo que combina la sensación de robustez de una fortaleza con la elegancia del románico que transitaba hacia el gótico. Un edificio que pudo terminar bajo las aguas del embalse de Belesar, pero que por suerte se salvó con un traslado histórico.

San Nicolás, San Juan o San Xoán de Portomarín

Frontal de San Xoán de Portomarín. | Wikimedia

La obra de los Hospitalarios que se salvó de las aguas

Corrían los primeros años de los 60 cuando se inauguró el citado pantano. Unas presas en el municipio de Chantada, kilómetros al sur, convirtieron completamente el curso local del Miño. Ahora enorme, se inundaron cultivos y las gargantas quedaron ocultas en buena medida. Un caso similar a los de Gorg Blau o Mont-Rebei. Al tiempo, pueblos como Portomarín se vieron abocados a trasladarse o morir por ahogamiento.

Así, los vecinos dejaron atrás la ubicación original de Portomarín. Cuando la sequía azota se pueden ver restos del antiguo puente medieval, basado en otro romano, que cruzaba el Miño. También muros de casas y fuertes. No los de San Xoán/San Nicolás, que fueron íntegramente trasladados al pueblo nuevo. Piedra a piedra, se llevó a su enclave actual. Reconstrucciones y más movimientos salvaron otros espacios. El monte Cristo sustituyó los barrios de San Juan y San Pedro y la vida continuó.



Siglos antes, durante la Edad Media, Portomarín se convirtió en un paso predilecto del Miño. Varias Órdenes Militares pasaron por el lugar, como el Temple o los Hospitalarios. Precisamente los caballeros de San Juan serían los más relevantes. Durante el siglo XI avatares bélicos llevaron a derribar y reerigir el puente romano. Favorecida por la catedral jacobea y los reyes de León, la localidad pasó a tener un hospital sanjuanista en el XII.

De finales de tal siglo o principios del siguiente es la iglesia de San Xoán. Como se observa, no solo un templo, sino una fortaleza. Una sola nave, muros altos, paso de guardia, saeteras y almenas dejan claro que tomarla sería complicado. Habitada por los Hospitalarios, carece del carácter tosco de otros edificios de este tipo, como se puede ver en Artajona o Monzón. Resulta muy esbelto y elegante. Una llamativa mezcla de características marcadas por las circunstancias de la violenta Edad Media.

San Nicolás, San Juan o San Xoán de Portomarín

San Nicolás, San Juan o San Xoán de Portomarín. | Shutterstock

San Xoán y sus tres portadas «estilo Mateo»

El románico tardío con influencia gótica se ve claramente en San Juan de Portomarín. Por fuera, además de la nave rectangular y la alargada cabecera acabada en semicírculo, sobresalen tres portadas en un estado de conservación magnífico. En ellas se reflejan las maneras del maestro Mateo, a cuyo taller se atribuye el diseño y ejecución. Uno de estos accesos se ubica en la cara oeste y forma parte de la fachada frontal.

La entrada de arco de medio punto cuenta con un tímpano en el que aparece la figura de Jesucristo. A este espacio macizo que rellena el vano del arco le rodea una triple arquivolta. Del conjunto escultórico llama la atención sobre el resto los 24 ancianos del Apocalipsis con sus instrumentos musicales. Estas figuras son un clásico mateano y tienen gran protagonismo en los pórticos de la Gloria en Santiago y el Paraíso en Ourense. Un todo sobre el que se dispone un rosetón, excepcional por su tamaño y que apunta al mencionado gótico.

Portada oeste de la iglesia de San Xoán con los 24 ancianos del Apocalipsis

Portada oeste de la iglesia con los 24 ancianos del Apocalipsis. | Wikimedia

Mientras tanto, la portada sur comparte con el resto elementos estructurales, como el tipo de arco o el número de arquivoltas. En este caso el protagonista del tímpano se cree que sería San Nicolás, titular de otras bellas iglesias, uno de los titulares del templo. Aparece rodeado de otras dos figuras, probablemente seguidores. Resalta la aparición de bestias en capiteles y otros elementos arquitectónicos decorados. Algo que de nuevo señala directamente al maestro Mateo.

Portada sur de la iglesia de San Xoán de Portomarín

Portada sur. | Wikimedia

Queda la portada norte. En su tímpano se despliega una Anunciación y por tanto a la Virgen María y el arcángel Gabriel. Esta naturaleza queda clara al estar sus alas abiertas. Entre ambas figuras queda una planta que ha llevado a multitud de interpretaciones. Parece que se relaciona con la Trinidad, debido a que el número tres marca su composición.

Portada norte de la iglesia de San Xoán de Portomarín

Portada norte. | Wikimedia

Además de todo esto, en el exterior hay que señalar el rosetón al este de la nave. También amplio y de bella factura, aporta todavía más luz al templo. Por dentro se contempla la gran bóveda que hace de techo, con arcos trasversales sosteniéndola. A la cabecera se accede a través de una abertura acabada también en un amplísimo arco. De esta forma los elementos aparecen perfectamente integrados y armónicos. La aparente sencillez esconde un diseño de gran dificultad arquitectónica debido a la altura de la iglesia-fortaleza de San Xoán.

Cabecera y rosetón este de San Xóan de Portomarín

Cabecera y rosetón este de San Xóan de Portomarín. | Wikimedia

La indeleble conexión entre San Xoán y Camino de Santiago

La mejor forma de conocer San Nicolás o San Juan de Portomarín es a través del Camino de Santiago Francés. Solo 92 kilómetros la separan de la capital jacobea. Una cifra clave, ya que la distancia necesaria actualmente para obtener la Compostela es de 100 kilómetros. Al entrar en esa horquilla y ser parte de la ruta más recorrida con enorme diferencia, es uno de los templos más conocidos de todos los trayectos a la tumba del Apóstol. Normalmente se llega a esta localidad desde Sarria, en caso de ir andando y no en bici, el punto de inicio más socorrido.

Interior de la iglesia de San Xoán de Portomarín

Interior de la iglesia. | Wikimedia

En todo caso, Portomarín puede enorgullecerse de ser una verdadera zona de paso del Francés desde los orígenes del mismo en la Edad Media. Como se ha comentado, fue la necesidad de pasar el Miño de los peregrinos la que motivó que la aldea creciera. También de que la sede catedralicia compostelana y al realeza de León aportara donaciones. Al tiempo, este carácter clave en la peregrinación sirvió de reclamo a las Órdenes Militares para que establecieran encomiendas.

Por tanto, todo Portomarín, San Xoán incluida, es heredera del Camino de Santiago. Pese a estar en un enclave nuevo desde los 60, el traslado del templo y otros edificios aporta un ambiente vetusto. Asimismo, cruzar el enorme puente nuevo sobre el Miño supone una experiencia vertiginosa. Las escaleras que siguen, eso sí, son temidas por muchos peregrinos. Por el recorrer natural de la ruta la parada siguiente suele ser Palas de Rei.



Sin embargo, independientemente del Camino, el carácter extraordinario del templo lo hace un destino turístico atractivo. Con buenas opciones para probar la gastronomía gallega, cerca quedan hitos que también merecen una visita. Por ejemplo, el monasterio de San Estevo, en Ribas de Miño, cuya iglesia guarda parecidos con San Xoán. Lugo y sus murallas romanas quedan cerca, mientras que la propia Santiago o el Cebreiro también son alternativas posibles, aunque algo más lejanos.


Enable Notifications.    Ok No thanks