Las alturas que separan El Bierzo y Galicia componen densos macizos en los que la montaña es un medio de vida obligado. Los Ancares, en sus vertiente gallega y leonesa, representan a la perfección esta realidad. Pese a contar con pasos como O’Cebreiro, a lo largo de los siglos sus poblaciones han vivido en buena medida aisladas. Uno de los efectos de esto se puede ver en la preservación de las pallozas. Estas viviendas se dispersan por varios municipios, pero tienen en Piornedo uno de sus máximos exponentes. Así, las calles de esta aldea de Lugo, parte del concello de Cervantes, permiten contemplar estas casas circulares como en ningún otro lugar.

Piornedo y sus pallozas

Piornedo y sus pallozas. | Shutterstock

Las pallozas de Piornedo, un vestigio prerromano

De entre las varias culturas con las que se encontraron los romanos al llegar a España, en el noroeste destacó la cultura castreña. De difícil definición histórica, situarla y diferenciar a sus integrantes sigue siendo un quebradero de cabeza para los historiadores. También su relación con la cultura celta, ya que las teorías varían de los intercambios a la integración. Sea como fuere, los límites territoriales suelen situarse en las provincias de León, Zamora y Asturias, incluyendo a las gallegas así como parte de Portugal. El Duero se considera una frontera natural en la expansión de los castros.

Piornedo y sus pallozas

Piornedo y sus pallozas. | Shutterstock

En los yacimientos de castros, como Santa Trega, Baroña o El Chano pueden contemplarse restos de muros de sus viviendas. Estas tienden a tener forma redondeada, de elipse en ocasiones. Dicho tipo de casas son las predecesoras directas de las pallozas. La técnica usada era muy parecida a la que proliferó hasta los años 70 en Piornedo y localidades vecinas. Los muros se elevaban mediante la técnica de la mampostería y el material predilecto era la pizarra. Tales paramentos no alcanzaban gran altura y se cubrían con techos de paja. Aunque no es segura la forma de los mismos en la antigüedad, en las variantes posteriores se consolido la cónica, muy reconocible en la actualidad.

Piornedo y sus pallozas

Piornedo y sus pallozas. | Shutterstock

La pizarra permitía aislarse del tremendo frío invernal y estaba muy a mano. Las graníticas también eran habituales. Conocidas como pallazas en Galicia y cabanas de teito/u en Asturias o León, usaban esta roca en una estructura central casi a ras de suelo llamada «lar». De él salían los maderos que sustentaban el techo, así como una nueva losa de pizarra que evitaba que los rescoldos quemaran la cubierta vegetal. Cabe señalar que solían aunar la habitación de personas y animales, por lo que tras quedar obsoletas muchas fueron una suerte de establos. Fácil de hacer y efectiva, fue el refugio predilecto de los paisanos ancareses durante la Edad Clásica, la Media, la Moderna y parte de la Contemporánea.



Una conservación fruto del aislamiento

Calzadas y carreteras reales hicieron que España se fuera conectando poco a poco entre sí. Pese a ello, hasta finales del siglo XX hubo entornos que permanecieron muy aislados. Os de Civis en el Pirineo de Lleida, por ejemplo, casi desapareció por este motivo. Acabó siendo un periclave, territorio español al que solo se puede entrar desde el extranjero, en este caso Andorra. Piornedo y poblaciones vecinas de los Ancares vivieron una problemática parecida. Tal es el motivo de que el recuerdo de las pallozas siga tan vivo en el entorno.

Piornedo y sus pallozas

Piornedo y sus pallozas. | Shutterstock

Hasta los años setenta el acceso a Piornedo era realmente complicado. No había carretera, por lo que los automóviles no servían para alcanzar la aldea. Sin embargo, una vía maderera se extendió al pueblo y finalmente se unieron al mundo. Tal situación provocó que con anterioridad no se pudieran trasladar materiales constructivos al lugar, lo que se tradujo en una gran continuidad en el uso de las pallozas. Entonces, con la mejora de las comunicaciones, estas dejaron de ser habitadas. Afortunadamente, más de una docena de ellas lograron sobrevivir y hoy día conforman un conjunto único reconocido como Bien de Interés Cultural.

Piornedo y sus pallozas

Piornedo y sus pallozas. | Shutterstock

La Palloza-Museo Casa de Sesto es la mejor forma de verse inmerso en la historia de estas viviendas. Se trata de una pequeña iniciativa privada que, según su web, «pretende mostrar la forma de vida» asociada a este tipo de casas. Reconocida como patrimonio cultural por la Xunta de Galicia, enseña la disposición original de muebles y aperos. No en vano, fue una de las que estuvo habitada hasta 1970. Asimismo luce fotografías y realiza distintas actividades. Dentro del pueblo también destaca la capilla de San Lourenzo, de 1787 según reza una inscripción en la misma. Los tradicionales hórreos son otro atractivo notable.

Capilla de San Lourenzo en Piornedo

Capilla de San Lourenzo en Piornedo. | Shutterstock

Pallozas y Ancares alrededor de Piornedo

Como se ha comentado, el entorno ancarés es prolijo en cuestión de pallozas. Sin ir más lejos, a más o menos una hora están las de O’Cebreiro. La población asociada al mítico alto jacobeo, parte del Camino de Santiago Francés, puede presumir de un grupo muy bien conservado. Este conjunto etnográfico también está protegido por la Xunta y musealizado. De esta forma, supone un complemento perfecto para el de Piornedo.

Piornedo y sus pallozas

Piornedo y sus pallozas. | Shutterstock

En el lado de El Bierzo sobresale Campo de Agua, cuyas pallozas eran de gran fama. Un incendio en los años ochenta acabó con buena parte de ellas, pero han ido siendo restauradas. En valles altos de la comarca también se han preservado este tipo de construcciones. Así ocurre en el de Ancares, prácticamente coincidente con el municipio de Candín. En el pueblo de Balouta se ve la impronta de las viviendas, bien de forma pura o como influencias en el caserío montés. Otros ejemplos están en el valle de Fornela, donde precisamente se halla el castro del Chano.

Piornedo y sus pallozas

Piornedo y sus pallozas. | Shutterstock

Además de esta vertiente cultural de los Ancares, la natural es también de sumo interés. La forma más sencilla de vivirla es a través del mencionado Camino de Santiago, con el ascenso y bajada a O’Cebreiro. En el entorno de Piornedo el ambiente es más rural. Desee la localidad se puede realizar la ruta que asciende al techo de Lugo, el pico Mustallar. Rozando los 2.000 metros, también es accesible desde la berciana Burbia. Asimismo, cualquiera de los valles ancareses ofrece paisajes de primera acompañada de una fauna, urogallo y oso pardo inclusive, que ha valido a las montañas ser Reserva de la Biosfera.