Lugo no se concibe sin su muralla, el ejemplo más completo y mejor conservado de la arquitectura fortificada romana en toda Europa occidental. Levantada hace más de 17 siglos, es la única de los tres continentes por los que se extendió el Imperio Romano que mantiene íntegro su circuito. Por ese motivo fue declarada en el año 2000 Patrimonio Histórico de la Humanidad y está, además, hermanada con la Gran Muralla China desde 2007.

La muralla de Lugo une a las dos ciudades

La antigua Lucus Augusti y la actual Lugo separadas por la muralla | Shutterstock

La muralla romana es el emblema representativo máximo de la ciudad de Lugo y el recuerdo de su glorioso pasado romano. Su excelente estado de conservación permite que pueda ser cómodamente paseada por sus 2.226 metros de recorrido. Aunque en la actualidad su función social ha sustituido la defensiva originaria, la muralla sigue jugando un papel esencial en esta ciudad gallega, convirtiéndola en una realidad inseparable de la vida cotidiana de todos los lucenses. El rico patrimonio cultural e histórico que guarda en el interior de su fortificación es razón más que de sobra para acercarse a conocer esta bella ciudad de esencia hispanorromana.

La infranqueable muralla romana de Lucus Augusti

El emplazamiento de la Muralla de Lugo se remonta a tiempos de la Hispania romana, cuando hace más de dos mil años se hacía llamar Lucus Augusti. Si bien esta fue fundada mucho antes de la edificación del muro, alrededor del año 12 a. C., bajo el legado Paulo Favio Máximo en nombre del emperador de Roma Octavio Augusto, a quien se le debe el nombre de la ciudad. La importancia de aquellas tierras residía sobre todo en sus minas de oro, convertidas en fuente inagotable para el mantenimiento de las arcas del Imperio Romano.

La muralla de Lugo

La robusta estructura de la muralla la mantiene en pie 17 siglos después | Shutterstock

Fue en el siglo II d. C. cuando los romanos decidieron erigir una gran muralla que protegiera a Lucus Augusti de la creciente amenaza bárbara. Eran tiempos críticos no solo desde el punto de vista militar sino también político, pues la inestabilidad del Imperio Romano era ya una realidad.

Construida con millones de cantos de pizarra y granito, la muralla romana de Lugo presenta una longitud de más de dos kilómetros de largo y una altura de diez metros. Es una fortificación que ha perdurado en el tiempo gracias a su estructura robusta, que alcanza entre los cuatro y siete metros de ancho en algunos de sus puntos. A lo largo de su recorrido se edificaron 85 torreones, de los cuales hoy se conservan aún en pie 71, lo que demuestra que esta muralla romana es infranqueable.

Paseo de ronda

Adarve o paseo de ronda de Lugo | Shutterstock

La muralla fue construida en aquel momento como separación y defensa de la ciudad, pero con el tiempo se fue transformando en un elemento integrador entre la antigua Lucus Augusti y la Lugo posterior que se ha ido desarrollando a su alrededor. El trazado de la construcción defensiva sigue siendo un misterio a día de hoy, pues se desconoce el motivo por el cual los romanos dejaron fuera del muro importantes núcleos residenciales mientras sí protegían otras zonas deshabitadas. 

En cualquier caso, su reforzado esqueleto de piedra ha permitido que los ciudadanos de Lugo y sus visitantes puedan pasear por el adarve que comunica los anchos muros y seguir disfrutando de esta poderosa obra romana 17 siglos después. Desde lo alto de sus torreones se sacan las mejores fotos de postal de la ciudad.

Diez puertas fortificadas para acceder a la muralla

Además de su función defensiva, la muralla también sirvió para delimitar el fuero y con él los impuestos de la ciudad. Es aquí donde cobra especial relevancia las puertas fortificadas de entrada a la Lucus Augusti, desde donde se cobraba el impuesto de portazgo y se realizaba el control de todo aquel que entraba y salía del recinto.

Son diez puertas las que hoy dan paso al interior del Lugo histórico, las cuales también se conservan en muy buen estado. Cinco de ellas corresponden a las vías principales del trazado urbano, construidas en época romana (la Puerta Miñá, la de Santiago, Porta Nova, la Falsa y la de San Pedro). Las otras cinco restantes aparecen ya en el siglo XIX por necesidades de la expansión de la ciudad (Puerta del Obispo Aguirre, la del Campo Castelo, la de la Estación, la de San Fernando y la del Obispo Odario). Cada una de esas diez aberturas se distingue por sus propias características artísticas e históricas. 

Puerta de San Pedro

Exterior de la Puerta de San Pedro | Shutterstock

De las edificaciones romanas, es la Puerta Miñá la que más protagonismo recibe por ser la que mejor se conserva de todas sin apenas modificaciones. Es popularmente conocida con el nombre de Puerta del Carmen al estar ubicada frente a la capilla con este nombre. La entrada está formada por un arco de medio punto y bóveda de cañón, además de estar protegida por dos sólidas torres de granito. En la actualidad, los peregrinos que se dirigen a Santiago de Compostela siguen la parte del trazado de la Vía romana XIX del Itinerario de Antoninio, la cual sale de la ciudad por esta puerta. Desde aquí se dirigía hacia el puente de origen romano sobre el río Miño y comunicaba las principales capitales del noroeste peninsular: Asturica Augusta (Astorga), Lucus Augusti (Lugo) y Bracara Augusta (Braga). De ahí el nombre originario de la puerta. 

En cuanto a las entradas de época más moderna, se distingue la Puerta de San Fernando, cuya apertura fue en 1854. Se localiza en el mismo lugar por donde entraba el antiguo acueducto romano de Lugo. Fue con la visita de la reina Isabel II y sus hijos a la ciudad de Lugo cuando la entrada recibió el nombre de Puerta del Príncipe Alfonso, en honor al futuro Alfonso XII. Hoy se encuentra a su lado un monolito de los reyes eméritos Juan Carlos I y Sofía, para recordar la visita real a la ciudad en 1976. 

Un viaje por Lucus Augusti

Puente Romano de Lugo

Puente romano de Lugo | Shutterstock

La zona intramuros alberga el centro histórico de la antigua Lucus Augusti, donde se encuentran otras muestras de la época fundacional romana que también se pueden visitar. En primer lugar, el increíble Puente Romano construido para cruzar el río Miño en la Vía romana XIX que comunicaba Lugo con Braga. A pesar de las diversas modificaciones sufridas desde la Baja Edad Media, el puente actual sigue conservando buena parte de los fundamentos originales. Esta calzada romana ha sido y es todavía hoy parte del Camino Primitivo de peregrinación a Santiago.

A cien metros del puente y al margen izquierdo del río Miño, se encuentran Las Termas Romanas, otro testimonio más de la supervivencia de las grandes obras públicas de la ciudad. Probablemente daten de la época Altoimperial, entre el siglo I y II d. C. Este conjunto, único en toda Galicia, fue declarado Monumento histórico-artístico en 1931, debido a su importancia en la cultura romana. Los baños públicos formaban parte del modo de vida romano y representaban la magnificencia y poder de sus gobernantes.

Escaleras acceso muralla Lugo

Escaleras de acceso a Lucus Augusti | Shutterstock

Otros sitios de interés en los que se puede apreciar una gran colección de importantes vestigios latinos es en el Museo de la Domus do Mitreo y el Centro Arqueológico de San Roque. En la Plaza Mayor donde se ubicaba el antiguo foro romano se encuentra la Casa de los Mosaicos, donde albergan los restos de una domus en la que destaca el sistema de calefacción. También es posible contemplar una piscina romana del siglo IV en la Plaza de Santa María, así como los restos de un templo al lado del edificio del Círculo de las Artes. 

La fiesta romana de Arde Lucus

Fiesta Arde Lucus

Fiesta Arde Lucus | Shutterstock

Hoy es posible retornar al pasado romano de Lugo gracias a su fiesta Arde Lucus, uno de los espectáculos históricos romanos más importantes de España. Entre los días 25 y 28 de junio de cada año, los lucenses y visitantes sustituyen sus cotidianas vestimentas por las típicas romanas. La celebración incluye actividades como un circo romano, bodas celtas, bailes o venta de esclavos. Pese a que empezó como una modesta iniciativa en el año 2002, hoy es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad y es coronado como Fiesta de Interés Turístico Nacional.