Catedral de Santiago de Compostela

La meta de todos los caminos

La Catedral de Santiago es el punto neurálgico del casco antiguo de la ciudad compostelana; conforma un conjunto monumental con las cuatro plazas a las que se accede desde sus cuatro portadas. Desde hace más de un milenio es la mata a la que desean llegar miles de peregrinos del mundo entero.

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La visita a tan importante edificio debería de ir precedida de la lectura de esta página y de la página dedicada a la ciudad de Santiago. Para entender la leyenda alrededor del edificio conviene conocer sus fascinantes historias: de la concha de Santiago, el obispo Sisnando Menéndez y las del tributo de las cien doncellas. La visita a un edificio con tantos valores espirituales, arquitectónicos, culturales e históricos, debería de llevar toda una mañana de pausado recorrido; primero por su exterior y luego del interior. Para los amantes de la historia del arte recomendamos ver antes el Pazo de Xélmirez (en la misma plaza del Obradoiro, en el costado norte de la catedral) donde está el Centro de interpretación del Pórtico de la Gloria; pues permite entenderlo y disfrutarlo más. Hay una amplia oferta hostelera y hotelera con muy variables relaciones calidad – precio; en la página Dormir y Comer en Santiago de Compostela explicamos la gastronomía local y seleccionamos establecimientos de sabor local y variados precios.

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Los orígenes de la Catedral de Santiago comenzaron con un pequeño mausoleo romano en el que se sepultaron los restos del Apóstol después de ser trasladado por mar hasta Finis Terrae y de remontar el río Ulla. El lugar fue visitado durante siglos por una comunidad cristiana local, de la que se conoce muy poco, pero luego quedó olvidado y abandonado.

Fue alrededor del año 813 cuando fueron descubiertos los restos del Apóstol en el Monte Libredón por un ermitaño que observó unas luces extrañas sobre el lugar del enterramiento. El rey asturiano Alfonso II el Casto, avisado por el obispo de Iria Flavia, ordenó construir una primera capilla de piedra junto al antiguo mausoleo. En el año 834 el templo se convirtió en sede episcopal, ejerciendo cierto poder sobre los territorios próximos. Alrededor de él se comenzaron a establecer monjes benedictinos y otros pobladores, creando así los primeros fundamentos de Santiago de Compostela.

Entre el 872 y el 899, Alfonso III ordenó que se levantara un templo mayor de estilo visigótico ya que aquella primera iglesia se quedaba pequeña. Lamentablemente, el ataque del caudillo musulmán Almanzor destruyó esta segunda iglesia en el 997. Años después, sería reconstruida bajo el obispado de San Pedro de Mezonzo. El auge de las peregrinaciones y las riquezas de Santiago, que atraían a muchos fieles, permitieron dar comienzo, en 1075, a la catedral románica que hoy se conserva.

Fachada de la Azabachería

La Catedral románica

El siglo XII fue el siglo de mayor esplendor de la historia compostelana. La catedral, la vida urbana y las peregrinaciones a Santiago fueron impulsadas especialmente por el rey Alfonso VI y el primer arzobispo de la ciudad, Diego Gelmírez. Diseñaron una catedral de peregrinación al estilo de las que se extendían por el Camino de Santiago, por la que pasarían grandes artífices del Románico, que culminaría con la llegada del Maestro Mateo, autor de los últimos tramos de las naves, de las torres defensivas del oeste (que luego sufrirían más cambios), la cripta y el Pórtico de la Gloria, que todavía hoy preside la entrada oeste (fachada del Obradoiro).

La Catedral fue consagrada en el año 1211 y el papa Alejandro III concedió privilegios a todo aquel que visitase el templo en Año Santo. Al mismo tiempo, los fieles obtenían un documento (hoy llamado compostelana) que acreditaba su peregrinación. En la época, ese documento aseguraba el derecho de asilo en la ciudad. Santiago de Compostela y su catedral se convirtieron en la meta de salvación para los cristianos y, alrededor de ella y de sus diferentes rutas, se impulsaron todo tipo de construcciones, como hospitales, albergues, calzadas y mercados.

A medida que fue pasando el tiempo y los estilos iban evolucionando, se fueron añadiendo elementos góticos, renacentistas y barrocos. En el conflictivo siglo XIV, el templo adquirió trazas de fortaleza con torres defensivas como la actual Torre del Reloj o Berenguela. En el Renacimiento, con el arzobispo Alfonso III de Fonseca, se levantó el claustro que sustituyó al románico. Una época de grandes reformas que se pudieron permitir por el gran flujo de dinero que movía el culto al Apóstol Santiago.

La reforma barroca

En 1660 llegó la mayor revolución estética al templo compostelano, renovado según el gusto barroco. Las primeras obras se realizaron en el altar mayor y la cúpula, luego se dio forma a los órganos, se trazó el lienzo de la Puerta Santa, se embelleció la Torre del Reloj y se culminó en 1750 con la grandiosa fachada del Obradoiro.

Dichas obras barrocas corrieron a cargo de los maestros Vega y Verdugo, Domingo de Andrade y Fernando Casas y Novoa, que también se encargaron del trazado definitivo de las plazas que rodean al templo y de muchos de los edificios colindantes. Y fue gracias a estas numerosas reformas y construcciones barrocas que la ciudad que Santiago de Compostela es reconocida como ‘la ciudad barroca por excelencia de España’.

La larga existencia de la Catedral de Santiago no sólo ha acogido episodios sacros, esplendores religiosos y coronaciones como la de los reyes de Galicia en la Edad Media, sino que también fue escenario de episodios más mundanos, como ser empleado como cuartel por los soldados franceses durante la guerra de Independencia (que también robaron importantes piezas); los hurtos han continuado hasta nuestros días, como el reciente robo del Códice Calixtino, considerado como la primera guía de viajes de la historia.

A pesar de todo, tras dos mil años de historia como centro espiritual, y casi mil del edificio actual, la Catedral se presenta como un conjunto heterogéneo y como núcleo de peregrinaciones. Es la meta a todos los caminos de los peregrinos, que emprenden sus rutas por razones religiosas, espirituales o deportivas.

Visita del exterior del edificio

La Catedral es el icono pétreo de la ciudad que a su alrededor se desarrolló; puede ver desde cualquier punto de la ciudad. Para preservar esa imagen la normativa impide la construcción de edificios que dificulten su visión.

Orientada al oeste está su entrada más conocida: la fachada del Obradoiro, que se encuentra en la plaza del mismo nombre. Lo que se ve el el producto de dos fases constructivas —románica y barroca— que a pesar de sus casi seis siglos de diferencia se han fusionado con éxito. Esta extraordinaria obra fue encargada al arquitecto Fernando Casas y Novoa para proteger el Pórtico de la Gloria (que era la antigua fachada románica) del deterioro que estaba sufriendo por las inclemencias meteorológicas; esa intervención se concluyó en 1750 sin que su autor pudiera verla terminada. Esta fachada fue muy criticada por los contemporáneos, que no eran partidarios de tapar el templo románico y el Pórtico de la Gloria con un “retablo” barroco. Con el paso del tiempo, la fachada se ha convertido en el icono de la arquitectura barroca española. El Pórtico de la Gloria fue diseñado por el Maestro Mateo y labrado a lo largo de veinte años, entre 1168-1188. Además de su evidente belleza es un relato teológico destinado a impresionar y adoctrinar a los fieles con mensajes precisos sobre el Apocalipsis de San Juan y otros textos del Antiguo Testamento. Esta obra maestra de la escultura románica está compuesta por tres arcos de medio punto que se corresponden con cada una de las naves de la iglesia; cada arco está sostenido por pilares con columnas adosadas. El arco central es el mayor y el único que posee tímpano, y está dividido por una columna central —el llamado parteluz— con la figura de Santiago. En el centro del tímpano, se muestra el Pantocrátor (la imagen de Cristo en posición de majestad) mostrando en las manos y en los pies las heridas de la crucifixión. A los pies del parteluz, hay una pequeña estatua que se denomina el “Santo de los Croques” y que se ha especulado que pudiera ser autorretrato del autor del pórtico: el Maestro Mateo. Se denomina así porque se extendió la absurda tradición de darle tres croques (golpes con la cabeza) y pedir un deseo; afortunadamente el obispado no permite ese ritual que tanto daño causó a la estatua. Todas las figuras del grupo estaban pintadas; pero el efecto del paso del tiempo sobre los pigmentos y esos gestos absurdos eliminaron el color.

La fachada barroca de granito y vidrio está formada por tres cuerpos simétricos: el central y dos torres que lo flanquean. El cuerpo central presenta una estructura en forma de pirámide con columnas que lo dividen en tres partes. En la inferior es donde están las tres puertas de acceso; la puerta central está adintelada bajo un arco de medio punto. La parte superior de la fachada consta de grandes ventanales acristalados que dejan entrar la luz en el templo. Y en lo más alto del cuerpo central de la fachada, un frontón curvo y partido, decorado con una escultura del apóstol Santiago representado como peregrino.

Las torres que flanquean el cuerpo central son las llamadas “torre de las Campanas” (orientada al norte) y la “de Carraca” (que da al sur); estas son idénticas. A medida que ganan altura ambas torres se van estrechando y la parte superior aparece perforada, rematándose con chapiteles. Las singularidades de éste edificio incluyen también a su habitantes; hasta hace algunos años en la torre de las Campanas —a la que hay acceso desde el tejado de la catedral— residía un sastre encargado de las vestimentas religiosas; éste llegó a criar de cerdo y varias gallinas en pleno tejado.

La fachada de Platerías es el acceso sur, que da al crucero de la catedral. Se construyó entre 1103 y 1117 bajo el mando del obispo Gelmírez; en ella participaron tres escultores: el maestro Esteban, el maestro del Cordero y el maestro de la Traición. Es de estilo románico, de granito y mármol, y consta de una doble portada en la que se da cabida a muchas esculturas; dichas obras se estima que originalmente estuvieron pensadas para decorar la fachada de Azabachería. El tímpano de la puerta izquierda está dedicado a las Tentaciones de Cristo; allí se encuentra la célebre figura de la mujer adúltera, que es la escultura más conocida de la fachada de las Platerías. El tímpano de la puerta derecha está dedicado a la Pasión de Cristo ( escenas dedicadas al prendimiento, la flagelación y la coronación con espinas); así como otras variadas: la creación de Eva, Cristo en su trono, el sacrificio de Isaac y la Adoración de los Reyes Magos.

La fachada de la Quintana tiene dos puertas. La llamada Puerta Real —que recibe ese nombre porque por ella accedían los reyes de España a la catedral de Santiago— es de estilo barroco. Fue iniciada bajo la dirección de José de Vega y Verdugo en 1666 y finalizada por Domingo de Andrade en 1700; éste realizó sus grandes columnas, una balaustrada con grandes pináculos, todo decorado con racimos de frutas y trofeos militares. Sobre el dintel  de la puerta se encuentra el escudo real. La entrada más cercana a las escalinatas de la plaza es la llamada  Puerta del Perdón; está generalmente cerrada con una reja y se abre sólo los años jubilares, el día 31 de diciembre del año anterior. Sobre esta puerta se está la imagen de Santiago y sus discípulos. En la parte inferior, a los dos lados de la puerta hay veinticuatro figuras de profetas y apóstoles.

Hacia el norte está orientada la fachada de Azabachería. El portal románico fue construido en 1122 por Bernardo y fue demolido tras haber sufrido un incendio en el año 1758. Se salvaron muy pocas cosas pero algunas de las esculturas recuperadas fueron colocadas en la fachada de Platerías. Se construyó una nueva con elementos de estilo barroco —obra de Lucas Ferro Caaveiro— y neoclásico —obras de Domingo Luis Monteagudo y Clemente Fernández Sarela—; finalizándose en el año 1769. En la parte superior de la fachada la estatua de Santiago tiene a sus pies en posición de oración a los reyes Alfonso III y Ordoño II.

Visita al interior

Si fuéramos en año jubilar y entráramos a la catedral por la antes mencionada Puerta del Perdón de la fachada de la Quintana,  al pasar un pequeño patio, se llega a la Puerta Santa; y a través de ella se entra al deambulatorio alrededor del altar, situado debajo del ábside del templo. Se identifica por su decoración y por estar debajo de una vidriera; hacemos esta precisión porque esa puerta interior se suele confundir con la Puerta del Perdón.

La catedral de Santiago de Compostela está concebida como un templo de peregrinación. La planta es de cruz latina: el brazo mayor tiene 92 metros de longitud y el transepto o brazo menor tiene 70. Consta de tres naves, la central de 10 metros de anchura y las laterales de 5 metros. Posee una cabecera semicircular con girola, que hace de deambulatorio por detrás del altar y en la que se abren cinco absidiolos. En el transepto hay cuatro capillas absidiales, dos a cada lado de la cabecera.

La nave central mide 22 metros de alto, está cubierta por una bóveda de cañón reforzada con arcos fajones y se sostiene sobre pilares cruciformes con medias columnas adosadas que se prolongan hasta el arco fajón. Se comunica con las naves laterales a través de arcos de medio punto. Las dos naves laterales están cubiertas con bóvedas de arista y la tribuna (sobre las naves laterales) con bóveda de cuarto de cañón. El crucero está cubierto por un cimborrio gótico sobre pechinas y pilares cruciformes; tiene una altura de 32 metros. También en la nave central se disponen dos grandes órganos que en el año 1978 se fusionaron en uno único (al que se le incluyeron mecanismos electrónicos e informáticos).

Interior de la Catedral

Por la nave central llegamos a la Capilla Mayor. de origen románico, pero reformada durante el barroco por el Maestro Vega y Verdugo. Tiene púlpitos renacentistas a ambos lados, un baldaquino del siglo XVII y un camarín barroco. El altar con una representación del apóstol fue diseñado por Domingo Antonio de Andrade sobre el sepulcro del propio apóstol. Su acceso por la parte posterior del altar permite realizar el tradicional abrazo a la figura del santo. Dentro del templo catedralicio hay numerosas capillas dedicadas a diferentes santidades.

Según la tradición, bajo el camarín está la Cripta donde se encuentra el Sepulcro de Santiago y sus dos discípulos, Atanasio y Teodoro. A ella se baja por una escalinata estrecha que da a un espacio más amplio. A uno de los lados hay una puerta con una reja y al fondo se ve la urna de plata que conserva los restos del Apóstol.

Resulta imprescindible realizar una tranquila visita al importantísimo Museo Catedralicio. Éste se compone de cinco estancias con varios accesos. Por detrás de las escaleras de la Fachada del Obradoiro se accede 1. A la Cripta románica, cuyas columnas soportan el peso del Pórtico de la Gloria, simbolizando a la Tierra a los pies de Cristo. Su bóveda de crucería representa el cielo; fijarse en los ángeles que llevan a la luna y al sol. Muy bellos también los capiteles labrados de las columnas. hay una exposición de réplicas de instrumentos musicales representados en el Pórtico de la Gloria, así como piezas originales románicas y góticas. 2. Al Cláustro gótico renacentista se puede acceder también desde la Plaza del Obradoiro (y también desde el interior, desde la Capilla de las Reliquias, que se menciona más adelante). En él se exhiben piezas excavadas en el lugar: tanto romanas, como de la basílica prerrománica y piezas de estilo románico. La pieza más importante es el extraordinario coro de piedra del Maestro Mateo (parcialmente reconstruido) que estuvo entre los siglos XIII y XVI en la nave central. Hay una entreplanta con obras de arte y monedas de los siglos XIII al XVIII. A continuación se debe recorrer el imponente claustro plateresco del siglo XVI, fijándose en sus bóvedas y lápidas; también las antiguas campanas y la fuente románica en las que se aseaban los peregrinos antes de entrar; en esa planta está el archivo (no visitable, donde se conserva el Codice Calixtino). Luego se visita la Sala Capitular y la Biblioteca; en esta última se conserva el Botafumeiro. Se trata de un enorme incensario usado desde la Edad Media como instrumento de purificación de la catedral; su objeto era “purificar” a las multitudes que la visitaban. También tiene la virtud de ocultar el olor de tantos peregrinos sucios y sudorosos agolpados en el templo. En la última planta se ve la extraordinaria colección de tapices, disponiéndose de un balcón con excelentes vistas sobre la ciudad. 3. A la Capilla de las reliquias se accede tras el pórtico renacentista, dentro de la catedral. En esa capilla está lo que se conserva de los regalos hechos por peregrinos; algunos extraordinarios. 4. Al Panteón Real se exhiben los sepulcros de los reyes de León y Galicia durante los siglos XII y XIII. 5. Finalmente, en la Capilla de San Fernando se encuentra el Tesoro catedralicio, con imponentes muestras de orfebrería, destacando la Custodia procesional de Antonio Arfe.

Uno de los atractivos principales de la catedral de Santiago de Compostela es ver en acción su grandioso Botafumeiro. Su puesta en acción está programada por el arzobispado para determinadas fiestas litúrgicas; pero cualquier peregrino puede hacer un donativos como ofrenda particular al apóstol para que sea puesto en acción (y deleite del resto de la gente); por ello no es raro verlo en movimiento casi cotidianamente en las épocas de temporada turística alta de los años jubilares. Cuando suena el Himno del apóstol en los órganos barrocos, un equipo de ocho hombres —llamados tiraboleiros— lo empujan primero y luego cada uno de ellos tira de un cabo de forma que va ganando velocidad. Se trata de un objeto complejo de manipular, pues mide 1,60 metros de altura y pesa vacío 62 kilogramos; llenándose con unos 40 kgs. de carbón e incienso; por ello supera los 100 kgs. de peso al inicio de sus movimientos. Puede llegar a alcanzar una velocidad de 68 km/h durante su desplazamiento por el crucero de la catedral, desde la puerta de Azabachería a la de Platerías. Un movimiento espectacular frente al altar mayor para elevarse hasta casi rozar la bóveda del transepto. El incensario original fue robado por las tropas de Napoleón en abril de 1809 durante la guerra de la Independencia; nunca pudo ser recuperado: Por ello en 1851 fue reemplazado por el actual, obra del orfebre José Losada.

Imprescindibles

Facahada Azabachería
Catedral de Santiago
Fachada principal
Facahada Platerías
Fachada Quintana

Datos prácticos

Coordenadas

42° 52′ 0″ N, 8° 33′ 0″ W

Distancias

A Coruña 55 km, Vigo 75 km,
Ourense 101 km, Madrid 599 km

Aparcamiento

Alrededor del casco antiguo están los de Praza de Galicia, Virxe da Cerca, San Clemente y Xoán XXIII. Más alejados los de la Rosa, el Hórreo y la Praza Roxa. Los campus universitarios son también buena opción

Altitud

260 m

Habitantes

96 041 (2013)

Apóstol (durante mes de julio. 24-25, días de gran celebración), Ascensión (mayo), otras fiestas parroquiales a lo largo del año

Cineuropa, Festival de cine Amal, ferias del libro

Azabache, cerería y cestería

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Comentarios

  • historia del arte | Blog Ina 7 mayo, 2016 at 11:42 pm

    […] en la última parada del camino, nos topamos con la colosal Catedral de Santiago. Este templo, uno de los más fascinantes de todo el románico y el más visitado sin duda alguna, […]

  • Roberto Baena 12 noviembre, 2016 at 11:00 pm

    Me gustaría, muy enserio, a quien corresponda, se puedan cambiar los itinerarios de llegada callejeando ya en Santiago, de los caminos que conducen hacia la Catedral, pues se llega por un costado, el norte, y de esa forma, la llegada ante la Catedral pierde fuerza, sería más conveniente reconducir las calles de llegada, para que se aparezca ante la Catedral justo por el frontal, y llegar a la plaza por delante y ver la Catedral de frente al llegar. ESE MOMENTO ES INOLVIDABLE, y yo, cuando fui, lo viví muy pico inpactante por el lateral….. hablo en serio. Un abrazo.

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