Valverde de la Vera

Villa de vengadores, judíos y “empalaos”.

Este pequeño pueblo de arquitectura popular, declarado conjunto histórico-artístico, tuvo una truculenta lucha entre sus nobles, siendo muy conocido por su especial forma de celebrar la Semana Santa.

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Lo que hay que ver en Valverde de la Vera es su casco urbano, el castillo y su contorno; recorrido que nos puede llevar un par de horas. El resto del día se puede pasar recorriendo el valle del Jerte, mirando sus paisajes y visitando Jarandilla de la Vera y el Monasterio de Yuste (morada última de Carlos V). Al día siguiente recomendamos realizar una excursión de un día completo hacia el oeste, para ver el pequeño pueblo medieval de Granadilla; tras una hora de visita seguir hasta el cercano yacimiento romano de Cáparra (mirar horarios); y pasar la segunda parte de la jornada un poco más al norte, en Hervás. Los que deseen hacer turismo activo pueden contratarlo en Jarandilla y practicar alguna modalidad en el Parque de la Garganta de los infiernos. Hay muy pocos sitios donde comer y algunas casas rurales para reservar en Valverde de la Vera; para poder elegir entre unas opciones más variadas ofrecemos la página de reservas Dormir y Comer en Jarandilla de la Vera.

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No existen referencias concretas sobre la fundación de la aldea de Valverde. Teniendo en cuenta el remoto lugar donde se sitúa, posiblemente surgió como consecuencia de la repoblación posterior a la Reconquista. Posiblemente a finales del siglo XII, cuando se fundó Plasencia (hipervínculo) durante el reinado de Alfonso VIII. Entre los años 1284 y 1295, se publicó un documento de donación, confirmado tiempo después por la administración de Fernando IV en 1309, según el cual el Rey Sancho IV el Bravo cedía la administración del pueblo a un poderoso magnate natural de Plasencia llamado don Nuño Pérez de Monroy. Lo primero que hizo el nuevo señor fue conseguir el privilegio del rey para construir una picota en la que exhibir los restos de los ajusticiados, una contundente forma de anunciar la firmeza con que pensaba aplicar su autoridad. Tras la muerte don Nuño, en el año 1326 la villa y su jurisdicción fueron heredados por su hermano don Fernán Pérez de Monroy “El Viejo”, segundo señor de Valverde y responsable de la construcción del magnífico Castillo de Monroy. El poder en la zona siguió en manos de esta familia, con las renovadas confirmaciones de la corona de Castilla durante el siglo XIV. Justo al final del siglo XIV, se produjo en la aldea un grave enfrentamiento entre la familia Monroy y la familia Almaraz. Juan Gómez de Almaraz asedió sin éxito el castillo de Valverde. Tras la muerte violenta de éste, su hijo, Diego Gómez de Almaraz juró venganza, perseverando hasta que consiguió asesinar a Fernán Pérez de Monroy III, cuando ya contaba éste más de setenta años.

Plaza de la Fuente de los Cuatro Caños

Las luchas por el poder en el entorno de la aldea de Valverde dejaron a la población sin un Señor que la gobernara. Hasta que, a finales del siglo XIV Enrique III de Castilla se lo cede al mariscal de Castilla Don Garcí González de Herrera. El rey lo recupera para cedérselo al infante don Fernando, que en 1408 se lo transmite a doña Beatriz de Portugal, que en 1415 se lo entrega a doña Leonor Niño de Portugal. Esta mujer se casó con don Diego López de Zúñiga, a quien Enrique IV concedió, en 1473, el condado de Nieva. Como testimonio de la entrada de los Zúñiga en la villa en la parroquia pueden verse los sepulcros de ambos cónyuges. Esta poderosa familia si consiguió consolidar hereditariamente el señorío hasta que estos fueron disueltos en el siglo XIX. La villa y su aldea de Valverde tuvieron una importante judería; en 1474 reunía a unas 600 familias lideradas por el rabí Jacob Aben Núñez, que reunía entre sus fieles la importante cifra de tres mil maravedíes de impuesto para el rey. Fueron expulsados los que no se decidieron a convertirse en 1492; la operación, llevada a cabo en Valverde por el capitán Don Francisco Fernández Floriano, estuvo salpicada de irregularidades, con conversiones falsas, denuncias entre familiares, secuestros de personas para llevarlas a Portugal e incluso el asesinato de u renegado. Al finalizar el proceso se mantuvieron en la zona una importante cantidad de conversos. Una vez derogados los señoríos a raíz del decreto de 1811, fue constituido un municipio constitucional, que en el censo de 1842 contaba con 240 hogares y 1315 vecinos.

Visitar Valverde de la Vera es una buena forma de penetrar en la comarca de la Vera, al pie de la Sierra de Gredos. Su antigua singularidad se ha conservado magníficamente entre sus estrechas calles y dentro de sus irregulares plazuelas, pavimentadas de piedra y surcadas por corrientes de agua, que se canalizan en superficie gracias a las llamadas “regueras”. En Valverde, el atractivo está más allá de los monumentos; es el resultado de la fusión entre un paisaje realmente cautivador y un conjunto aldeano que no ha sido perturbado en su esencia desde el siglo XIV. Su casco urbano se puede asemejar a una cruz, por sus cuatro encrucijadas fundamentales: la Plaza de España, autentico foco de la vida del lugar, la Fuente de los Cuatro Caños, la Plaza de la Iglesia y la Plaza del Rollo-Picota, en la que está instalado tan amenazadora infraestructura desde que en 1309 el Señor obtuvo del rey el privilegio de erigirla. En el pueblo se conservan las modestas casas de dos plantas, con secadero y balcón de madera, y, en algunas, pequeños soportales. Todas ellas son magnificas obras de anónimos arquitectos, que supieron utilizar el entramado de madera y ladrillo o adobe de forma ejemplar.

La plaza del Rollo-Picota

El Castillo es una de las atracciones que ver en Valverde de la Vera, levantado en el siglo XIV por don Nuño Pérez de Monroy, y reformado en el siglo XV por los Zúñiga, fue absorbido por la Iglesia de Santa María de Fuentes Claras que aprovecha parte de sus torres y muros. El interior del templo cobija los interesantes sepulcros de la nobleza del lugar. Además de su especial carácter, las empinadas calles de Valverde son conocidas por ser el escenario, en la medianoche del Jueves Santo, del impresionante Via Crucis de los Empalaos. Esta tradición es muy antigua, ya que en 1522 el Papa Adriano VI les concedió indulgencias y hay una fuente que adjudica a cofradía casi 200 hermanos en el año 1600. Los hombres que por promesa deciden recorrer el camino del Calvario, guiados por un “cirineo” que porta el farol, llevan amarrado sobre los brazos en cruz un timón de arado. Una soga de esparto envuelve fuertemente el pecho hasta la cintura. El atavío se completa con unas enaguas blancas y la gasa que cubre el rostro. Dos espadas cruzadas sobre la nuca y una corona de espinas en la frente acentúan el dramatismo de un rito que resulta sobrecogedor.

Datos prácticos

Coordenadas

40° 7′ 23” N, 5° 29′ 43” W

Distancias

Cáceres 152 km, Toledo 160 km, Madrid 200 km

Aparcamiento

Esta prohibido aparcar en la plaza pero sin dificultad en el resto del pueblo

Altitud

508 m

Habitantes

529 (2013)

San Blas (3 de febrero), Los Empalaos (Jueves Santo), Fiesta de la Virgen de Fuentes Claras (15 de agosto), San Roque (16 de agosto), Día del Cristo (14 de septiembre)

Día de las Cruces (3 de mayo)

Pimentón de la Vera

Quesos: Torta del Casar, embutidos iberícos. Aceite de oliva virgen extra con el que se elaboran también productos cosméticos con aceite de oliva, Patés ibéricos, vegetal

Mieles Naturales, bombón de higo

Vino de Pitarra

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