Guadalupe

Virgen de la Hispanidad en un impresionante museo.

El famoso santuario de Guadalupe está rodeado de una apasionante historia, albergando en sus edificios una soberbia muestra de arte sacro. Sus alrededores no desmerecen la colección artística.

Planifica tu escapada a Guadalupe.

Un día entero es recomendable para pasear y visitar todo lo que hay que ver en Guadalupe. Al día siguiente se puede tomar la carretera Ex-118 en dirección norte hasta el pueblo de Castañar de Ibor, para visitar la extraordinaria Cueva del Castañar, tomando antes la precaución de pedir hora en su centro de interpretación, pues hay un número limitado de visitas al día. La escapada puede continuar en el cercano Parque Natural de Monfragüe, con muchas opciones de turismo activo. Otra opción es ir a pasar el día hacia el oeste, en Trujillo, para regresar por la autovía. Para conocer la gastronomía de la comarca y reservar visite la página dormir y comer en Guadalupe.

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Hay un importante patrimonio de abrigos rupestres decorados con pinturas esquemáticas, una serie de castros celtibéricos y restos de habitación romanos e islámicos dispersos.
La fundación legal de la villa se asocia habitualmente con el establecimiento del santuario. En el siglo VI el Papa Gregorio el Magno encargó a Isidoro de Sevilla el envío de una figura de la Virgen María a San Leandro, arzobispo de Sevilla y hermano de Isidoro. En el transcurso del viaje entre Roma y Sevilla, la expedición tuvo problemas en alta mar; pero lograron arribar sanos y salvos. La imagen fue entronizada en la iglesia principal, en la que permaneció hasta la conquista musulmana. En torno al año 714, un grupo de clérigos huyó hacia el norte, llevándose consigo la imagen de la virgen y algunas reliquias de santos para que no cayeran en poder de los moros; debieron de esconderlas junto al río Guadalupe (que quiere decir “río de lobos”) donde permaneció ese pequeño “tesoro” hasta la aparición mariana al pastor Gil Cordero durante el reinado de Alfonso XI de Castilla, hacia finales del siglo XIII.

No fue hasta el año 1340 de la historia de Guadalupe cuando se convirtió en uno de los centros religiosos más importantes de la época. Gracias a los privilegios concedidos por el rey Alfonso XI tras la victoria en la Batalla del Salado, el Papa Benedicto XII publicó una bula para promocionar la restauración del conjunto del templo y el monasterio. Los territorios del santuario fueron segregados de los municipios de Talavera y Trujillo para delimitar la fundación de la nueva localidad, que permanecería bajo la tutela de Talavera de la Reina hasta un tiempo después.
Regido por frailes jerónimos, el monasterio de Guadalupe alcanzó su época dorada en el siglo XV. El creciente apoyo de los monarcas de Castilla promocionó su establecimiento como uno de los lugares de culto más importantes de la Península Ibérica. Conforme esta villa eclesiástica adquiría importancia, se fue formando La Puebla, un núcleo urbano laico en el que se asentaron criados y campesinos dependientes del cenobio, al igual que artesanos, mercaderes y otras clases populares (judíos y cristianos). Desde este momento, es posible observar como disminuyo la importancia de los primeros vecinos ante la llegada de nuevos pobladores en busca del influjo del santuario, ya fuera el económico o el religioso.

Guadalupe diversificó su actividad gracias al crecimiento de la Puebla. Más allá de la religión, pronto se convirtió en un foco cultural y científico, sobre todo tras la fundación de la Escuela de Medicina o el Colegio de Medicina y Cirugía. Como muestra de su relevancia y de su fama, cabe destacar que este centro de medicina acogió a los más prestigiosos doctores del momento, y dio cobijo a la primera disección autorizada por el Papa en España. El Colegio de Gramática y su excepcional biblioteca, formada con el trabajo de su escuela de copistas, miniaturistas y encuadernadores, aumentó si cabe el prestigio de Guadalupe.
En cualquier caso, el momento fundamental para el desarrollo del santuario y la Puebla de Guadalupe fue la conquista de América. La difusión de culto y la devoción de la Virgen de Guadalupe se extendieron por el nuevo Continente de la mano de la abundante representación extremeña entre los conquistadores. La enorme influencia del monasterio permaneció viva hasta la invasión francesa y las desamortizaciones del siglo XIX. Tras perder una gran parte de sus riquezas acumuladas, el lugar se vio privado de la actividad monástica. La parte laica, La Puebla, fundó el Ayuntamiento Constitucional en el año 1820, que en 1834 quedó integrado en el Partido Judicial de Logrosán.

Desde entonces, el santuario quedó convertido en Parroquia secular de la Archidiócesis de Toledo, fue declarado Monumento Nacional en 1879, y la Virgen de Guadalupe fue nombrada patrona de Extremadura en 1907. A continuación, en el año 1908, la orden franciscana se hizo cargo del cuidado del culto y de las instalaciones del monasterio.
En el año 1843, Guadalupe tenía aproximadamente 3.835 vecinos; como comparación, en el año 1960, alcanzó los 4.000 habitantes. A partir de entonces, la localidad sufrió las consecuencias de la emigración. Hoy en día, con una población disminuida, Guadalupe sigue siendo un insigne centro culto, que reúne a peregrinos de toda clase y condición. Igualmente, la Puebla y su monasterio representan un importante núcleo turístico, claramente beneficiado por la declaración de la Unesco de 1993 que coloca el santuario en la lista de Monumentos Patrimonio de la Humanidad y por la declaración de Bien de Interés Cultural de su casco histórico.

Visitar Guadalupe es una experiencia especial. Entre el Barrio de Arriba y el de Abajo, la Puebla abre amablemente sus callejuelas empedradas, sus balcones de hierro y madera, sus edificios entramados y encajados entre sí. Algunos puntos de la villa, como la Plaza Mayor, la de los Tres Chorros, la de Alamillo, la de La Pasión o la de Sevilla, muestran todavía esa atractiva pátina que da el tiempo. El punto fuerte de su patrimonio son los edificios que se conservan desde los siglos XIV, XV y XVI, que convierten a Guadalupe en un conjunto medieval con vestigios renacentistas.
Más allá de la singular belleza del casco histórico y del imponente monasterio, merece la pena visitar los alrededores. En el entorno de Guadalupe sobresalen ermitas como las de Nuestra Señora de la Cruz del Humilladero (Monumento Histórico-Artístico), la de Santa Catalina y la de San Blas.
Del mismo modo, la ribera del río está adornada con estanques y molinos, que alimentan los fértiles campos que rodean la Puebla. Guadalupe es, además, el centro de la comarca de las Villuercas, un precioso entorno natural repleto de abruptos y memorables paisajes.

Desde el monte es posible ver con claridad cómo el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe se alza presidiendo el panorama de la Puebla. La visita al interior debe realizarse obligatoriamente con un guía especializado, excepto en el caso de la iglesia. La entrada al recinto está situada en una plaza creada para realzar el efecto que produce la visión de la fachada principal. Introducida por una escalinata, la portada se levanta entre dos torres asimétricas. Esta parte de la iglesia es de estilo gótico (siglos XIV y XV), aunque el conjunto parece mudéjar. Tras cruzar dos puertas de considerable tamaño, hechas en bronce y labradas por Paolo de Colonia, se accede a un interior organizado en tres naves cubiertas por bóvedas intensamente decoradas. El crucero de este templo está coronado por un cimborrio diseñado por Larra Churriguera en el siglo XVIII. Las diversas intervenciones y reformas han dejado formas góticas, renacentistas y barrocas.
Dentro de la iglesia principal, la Capilla de Santa Ana alberga dos admirables obras de arte: la fuente labrada de bronce y jaspe por Juan francés (1402) y el sepulcro flamenco de los condestables de Velasco (1460). En su rico patrimonio, destaca la reja renacentista de la Capilla mayor (siglo XVI) y su retablo de Giraldo de Merlo (1609), y el singular sagrario (un escritorio manierista que Felipe II regaló al monasterio). A ambos lados del altar están los sepulcros de Enrique IV y de su madre María de Aragón.

Las dependencias del monasterio constituyen la parte más interesante de la visita. Para ello es necesario comprar la entrada para la visita guiada en la tienda de recuerdos religiosos y aguardar turno en una pequeña sala de espera. La primera parada es el Claustro mudéjar (siglos XIV y XV), conocido por ser uno de los conjuntos más interesantes de su estilo. Este punto es el eje central en torno al que se construyeron y distribuyeron las diversas estancias del monasterio. En el centro del patio se encuentra un curioso templete gótico-mudéjar construido en el año 1405 para dar cobijo a una fuente. Además, diversos lienzos decoran las paredes mostrando los milagros de la Virgen de Guadalupe.
Una de las dependencias situadas alrededor del claustro es el antiguo refectorio, transformado en Museo de Bordados; allí se muestran delicadas labores procedentes del taller del monasterio. Dentro del espacio que ocupaba la librería, que en la planta baja acoge la sala Capitular, está el Museo de Libros Miniados. Es también interesante el Museo de Pintura y Escultura, que tiene entre sus obras destacadas tres lienzos del Greco, un Goya y pequeñas tablas de Francisco de Zurbarán.

Avanzando a través de largos pasillos y envejecidas escaleras se llega al coro, que conserva la sillería de nogal original con esculturas de Alejandro Carnicero (1743). Siguiendo la visita se alcanza la Sacristía del siglo XVIII. Esta estancia se caracteriza por estar organizara entorno a una amplia nave rectangular cubierta con bóveda de cañón, muy decorada. En este lugar se halla una colección de ocho lienzos realizados por Francisco de Zurbarán a partir de 1638 alrededor del tema de la vida monacal. La Capilla de San Jerónimo guarda otros tres cuadros que representan escenas de la vida del santo.
Del mismo modo, el Relicario y el Tesoro guardan algunas piezas interesantes. Antes de entrar en el Camarín de la Virgen, situado detrás del presbiterio, aparecerá un monje franciscano que invitará a los visitantes a venerar de cerca la imagen de la Virgen y a realizar el ritual del rezo del Ave María. El camarín fue levantado a finales del siglo XVII sobre el antiguo Panteón Real. Así, se tratara de una obra barroca caracterizada por la abundancia de colores en su decoración y por su original planta cuadrada con cuatro exedras añadidas. Dentro de la estancia, destacan también las esculturas de las Ocho Mujeres Fuertes de la Biblia. Por supuesto, el foco de atención se sitúa en la imagen de la Virgen de Guadalupe, una pequeña talla gótica de finales del siglo XII, esculpida en madera oscura y ricamente engalanada.

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Monasterio de Santa María de Guadalupe

Otro de los espacios destacables dentro del recinto del monasterio es la Hospedería Real, estancia derribada en 1856 por iniciativa municipal, construyéndose como residencia para los Reyes Católicos. Del edificio destaca la combinación de elementos góticos y mudéjares y el claustro gótico.
Al pie del monasterio, la Puebla está repleta de arquitectura popular. Paseando por sus calles es inevitable descubrir lugares históricos, como la fuente de la plaza frente al monasterio, donde se dice que fueron bautizados los primeros indígenas traídos de América. Entre los puntos más relevantes del casco histórico, cabe destacar el colegio de Gramática o Colegio de Infantes, con su claustro mudéjar, la casa renacentista de Gregorio López (siglo XVI), el Hospital de San Juan Bautista, o la Ermita del Humilladero (siglo XV), de estilo gótico mudéjar. No hay que olvidar la Iglesia de la Santa Trinidad (ejemplo de barroco del siglo XVIII), los arcos medievales y la antigua judería. El rincón más célebre por su singular ambiente es la Plaza de los tres Caños, a la que se llega por la calle Sevilla desde la plaza de Santa María.

Imprescindibles

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Claustro
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Detalle de una de las entradas al Monasterio

Datos prácticos

Coordenadas

39° 27′ 10” N, 5° 19′ 37” W

Distancias

Cáceres 124 km, Badajoz 190 km,
Toledo 200 km, Madrid 240 km

Aparcamiento

En las calles de la localidad. Existen zonas habilitadas para estacionar: Plaza de Juan Carlos I, en la fachada oeste del monasterio y en la carretera vieja al sur del monasterio

Altitud

638 m

Habitantes

2004 (2013)

Fiesta de la Cruz (3 de mayo), Día de la virgen de Guadalupe (8 de septiembre), Día de la Hispanidad (12 de octubre)

Romería de San Blas (3 de febrero), Toros tradicionales (última semana de agosto)

La calderería se remonta al siglo XV y permite la existencia de una gran variedad de piezas de cobre y latón. También es tradicional el bordado.

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