Las necesidades del momento muchas veces arrasan con elementos del pasado. Una tensión que en arquitectura ha supuesto la pérdida de auténticas joyas. No siempre se trata de una cuestión de sustitución, de hacer espacio para construir encima. Por ejemplo, los pantanos han ocultado hitos de gran interés. Una de estas maravillas inundadas es el Dolmen de Guadalperal. Ubicado en Valdecañas, en el municipio extremeño de El Gordo y cerca del de Peraleda de la Mata, solo se ve cuando hay sequía.

Dolmen de Guadalperal en época de sequía

Dolmen de Guadalperal en época de sequía. | Rafael Ruiz Fuente (Cedida por Ayto. El Gordo y Mancomunidad de Campo Arañuelo)

Un dolmen estacional

Entre los 50 y los 60 se ejecutó en el noreste de Cáceres el embalse de Valdecañas. Hoy queda pegado a la A-5, que une Badajoz y Madrid, no lejos de Navalmoral de la Mata. Como otros embalses franquistas, llevó asociado un desastre. No uno personal, como el de Ribadelago (Galende) en el lago de Sanabria, sino uno patrimonial. Las víctimas principales fueron la antigua ciudad romana de Augustóbriga, de cuyas ruinas apenas se salvaron unos arcos trasladados, y el Dolmen de Guadalperal.

Ubicado en la orilla norte, esta obra megalítica solo puede verse cuando el nivel de las aguas baja lo suficiente. Algo que suele ocurrir bastante. Entonces aparece la silueta del túmulo que lo cubría y sus grandes piedras verticales. Un aspecto muy curioso que le ha hecho ganarse el sobrenombre del Stonehenge español. Una moda comparativa que sufren por ejemplo San Nicolás de Bari en Valencia y la Virgen del Ara en Extremadura con la Capilla Sixitna. Aunque a primera vista esta semejanza parezca clara, nada más lejos de la realidad.

Dolmen de Guadalperal en época seca

Dolmen de Guadalperal en época seca. | Wikimedia

Un dolmen es una estructura en forma de túmulo, una pequeña colina artificial, con un pasillo y sala interior. Contaba con piedras verticales, llamadas ortostatos, que daban forma a las paredes y otras losas sobre ellas que las cubrían. Encima se disponían cantos pequeños y tierra que cubrían el conjunto. Normalmente servían como cementerios comunales, necrópolis de la prehistoria con un alto valor simbólico. Stonehenge es sin embargo un cromlech es una serie de grande rocas verticales, menhires, dispuestas en forma circular. Por tanto, una construcción distinta a la del tesoro de Guadalperal.

El tesoro de Guadalperal

El conocimiento de que había unas ruinas ancestrales estuvo en los habitantes locales desde siempre. Sin embargo, el Dolmen de Guadalperal se mantuvo sin pena ni gloria hasta que arrancó el siglo XX. Fue entre 1926 y 1927 cuando el arqueólogo alemán Hugo Obermaier, figura asociada a la casa de Alba, desarrolló unas excavaciones. Gracias a ellas desarrolló una documentación que a la larga ha sido vital para contextualizar este monumento. Su legado lo extendió otro matrimonio de Alemania, los Leisner. Además de tomar el relevo de los trabajos al morir Obermaier, elaboraron publicaciones con bocetos y grabados de su predecesor durante los 60.

Dolmen de Guadalperal semisumergido

Dolmen de Guadalperal semisumergido. | Rafael Ruiz Fuente (Cedida por Ayto. El Gordo y Mancomunidad de Campo Arañuelo)

Lo que hoy puede verse es un conjunto de unas 140 piedras. La composición original puede percibirse fácilmente desde arriba y es parecida a otros monumentos parecidos, como el Dolmen de Lácara, también en Extremadura. De esta forma las rocas centrales daban forma a una estancia circular asociada al Sol como ente divino. Tenía unos cinco metros y se accedía a ella a través de un corredor de unos 20 de largo.

Dolmen de Guadalperal en los años 20

Dolmen de Guadalperal en 1925, fotografiado por Hugo Obermaier. | Madrider Mitteilungen (Cortesía de Biblioteca Virtual Extremaña)

Su edad es de entre 5.000 y 4.000 años, por lo que se erigió en la Edad de Bronce entre el III y II milenio antes de Cristo. Durante las excavaciones se hallaron herramientas líticas y restos de hogueras en las inmediaciones, además de cerámica. Esto llevó a suponer que era el campamento de los constructores de esta magna obra prehistórica. Además también hay vestigios romanos, como monedas. Gracias a ello se concluyó que en época clásica se saqueó el lugar, o al menos se reutilizó.

Dolmen de Guadalperal en 1925

Dolmen de Guadalperal en 1925, fotografiado por Hugo Obermaier. | Madrider Mitteilungen (Cortesía de Biblioteca Virtual Extremaña)

El Dolmen de Guadalperal hoy día

Actualmente esta construcción megalítica solo sale a la luz en contadas ocasiones. En esos momentos, generalmente el verano, suele atraer a turistas e investigadores. En el caso de asistir como los primeros, hay que recalcar que se ha de ser extremadamente cuidadoso con el entorno. Debido a la afluencia de visitantes, el monumento se ha visto ya afectado. Esto se suma a la acción del agua. Todo ello ha llevado a que se propongan actuaciones para su conservación, así como declararlo Bien de Interés Cultural.

Como la A-5 queda a tiro de piedra, es muy fácil llegar cuando no está sumergido. El Gordo y Peraleda de la Mata son los pueblos de referencia en la visita. Además, al oeste queda otro tesoro de Valdecañas. Se trata de los Mármoles y los restos del templo de la Cilla. Junto a un puente de la carretera EX-118, se alzan estos legados del pasado romano extremeño. Un complemento a otros vestigios como Mérida y su teatro, Regina, la propia Vía de la Plata o Cáparra. Pertenecían a Augustóbriga, una antigua ciudad romana cuyos restos quedaron bajo las aguas al no estar protegidos en aquel momento. Los arcos y columnas que se trasladaron y conservaron solo lo hicieron por su condición jurídica.

Los Mármoles en Valdecañas

Los Mármoles en Valdecañas. | Shutterstock

Este dolmen se suma además a otros restos de enorme antigüedad en la región. El mencionado Dolmen de Lácara, las ruinas romanas o Santa Lucía del Trampal son ejemplos claros de ello. Asimismo, cabe resaltar que cerca hay lugares especialmente indicados como miradores celestes. Algo que complementa a la perfección una escapada para conocer el tesoro de Guadalperal, al ser el cielo de la comunidad autónoma uno de los mejores de toda España.