Entre los términos de Guijo de Granadilla y Oliva de Plasencia un conjunto de ruinas se desperdiga entre alcornoques y encinas. Entre cimientos y basamentos de columnas destaca una forma de aire cuadrado. Un arco de cuatro caras, o cuadrifonte, que se levanta como un espectro de lo que fue una población viva. Hoy no quedan más que piedras de la desaparecida ciudad que se llamó Capera, parte de la provincia de Lusitania. Los restos actuales se denominan Cáparra y están en Cáceres.

Arco romano de Cáparra

Arco romano de Cáparra. | Depostiphotos

Una prospera ciudad en la Vía de la Plata

Así fue Cáparra durante buena parte del Imperio Romano. Sin embargo, su historia se remonta a tiempos más pretéritos. Se cree que fue un emplazamiento vetón, perteneciente a esta cultura prerromana de origen celta. El topónimo Capera y sus derivados como el actual derivan de este pasado. Durante las primeras etapas como ciudad adscrita a Roma fue estipendiaria. Esto quiere decir que mantenía cierta independencia a cambio de dar tributo y participar en la dinámica del ejército.

Vista aérea de Cáparra

Vista aérea de Cáparra. | Shutterstock

El paso de la Vía de la Plata que comunicaba las actuales Astorga y Mérida supuso que se romanizara rápidamente. Además, los beneficios del comercio fueron amplios. Su gran momento llegó en a raíz de una ley del 74 d.C., cuando Vespasiano promulgó el Edicto de Latinidad. Debido a ello las provincias de Hispania pasaban a estar bajo el Ius Latii o Derecho Latino. Esto suponía que sus habitantes obtenían la ciudadanía. Para ello debían adscribirse a una tribu romana, siendo la elegida por el emperador la Quirina. Así, Cáparra pasó a ser un Municipium.



El desarrollo se hizo en torno a dos calles principales, el cardus y el decumanus. La Vía de la Plata coincide con esta última. En el cruce quedaba el Arco de Cáparra, que se describirá más adelante. Termas, foro y complejos de domus, amplias casas romanas que contaban en ocasiones con espacios separados para comercios que en sus bajos se erigieron. Un muro de carácter más simbólico que defensivo rodeaba la ciudad, en la que el pasado vetón se podía comprobar a través de detalles relativos a templos o en los nombres de los habitantes.

Cáparra ruinas romanas en españa

Arco de Cáparra. | Depositphotos

El símbolo de la Vía de la Plata en Extremadura

A finales del primer siglo de esta era fue cuando se levantó el Arco de Cáparra, que alcanzó los 13 metros en origen. Casi cuadrado, es el único ejemplo de arco de cuatro caras que sobrevive en España. Este tipo de edificaciones se conocen como tetrapylum. Gracias a una inscripción en el mismo se conoce quién lo encargó. Fue Marcus Fidius Macer y lo hizo siguiendo el legado testamentario de sus progenitores, Fidius Macer y Bolosea, que también aparecen nombrados.

Arco y termas de Cáparra

Arco y termas de Cáparra. | Shutterstock

Es el monumento mejor conservado de la ciudad romana de Cáparra. Sin embargo, hasta finales del siglo XVIII sobrevivió otro, correspondiente a una de las puertas. Por desgracia, vecinos de Guijo de Granadilla lo desmantelaron buscando usar sus piedras para edificar un pequeño templo. Su figura marca el paisaje de dehesa que le rodea. En uno de sus lados hay dos pedestales que en su momento dieron sustento a sendas esculturas. Se cree que seguramente estuvieron relacionadas con Marcus Fidius Macer.

La particularidad del Arco de Cáparra le ha supuesto convertirse en un símbolo actual para la calzada que lo atravesaba. Durante las últimas décadas la Vía de la Plata se ha recuperado como un recorrido cultural. Sus ramales se extendían más allá de Mérida y Astorga en época romana, llegando por ejemplo a Cádiz a través de la Vía Augusta. Tan amplio itinerario fue usado ya antes de los romanos, por ejemplo por los cartagineses y los celtíberos. Sin embargo, cuando se hizo calzada se convirtió en el nudo que comunicaba norte y su de la península.

Arco de Cáparra

Arco de Cáparra. | Shutterstock

El Camino de Santiago se aprovechó de la facilidad comunicativa que presentaba y fue la ruta predilecta desde el sur. Hoy recoge peregrinos de Sevilla y Huelva. Avanza a Aldeanueva del Camino y las aguas termales de Baños de Montemayor en las inmediaciones de Bejar. Entre sus finales se encuentra la vía sanabresa, que va por Puebla una vez superada Zamora. En Extremadura, los mojones que siguen esta antiquísima carretera usan el Arco de Cáparra como elemento identificador. Por ello, el paso bajo el mismo supone un momento de lo más evocador, en una de las etapas más duras de la ruta, casi 40 kilómetros sin apenas altos.

La despoblación de Cáparra

La ciudad evolucionó y llegó a tener un anfiteatro a sus afueras, incluso un embalse. Durante la crisis del siglo III, cuando la inestabilidad hizo que el Imperio Romano temblara, levantó unas murallas y muchas de sus domus pasaron a ser bloques de viviendas. Con todo, logró mantenerse durante esta época. El paso a la Edad Media, no obstante, fue más problemático. Al ser un enclave que vivía del comercio y la agricultura, las invasiones bárbaras llevaron a que decayera rápidamente.

Base de un bastión junto a una de las puertas de Cáparra

Base de un bastión junto a una de las puertas de Cáparra. | Shutterstock

No hay registros que la mencionen durante la conquista árabe de la península. Esto hace suponer que por entonces ya era poco más que una aldea. Algunos expertos apuntan a que sufrió un abandono completo. Estudiosos del lugar como Enrique Cerrillo apuntan a que pequeñas comunidades vecinales sobrevivieron en lo que otrora fue una ciudad durante siglos. La fundación de núcleos como Plasencia condenaron a la antigua población a no volver a no renacer. Su terreno se repartió entre esta localidad y Coria.

Termas de Cáparra

Termas de Cáparra. | Shutterstock

Ya en la Edad Moderna se recogen testimonios que sitúan en ella una venta con varios mesones. El desplazamiento de las vías de comunicación fuera de Cáparra supusieron que hasta estos desaparecieran. Por tanto, la despoblación acabó siendo total. Las ruinas fueron sufriendo daños con el pasar de los años y el deterioro era total. Para más inri, como se ha mencionado antes, el arco de una de las puertas fue destruida en 1728 para aprovechar los materiales resultantes.

Un complejo rodeado de atractivos

El interés arqueológico y cultural en Cáparra no es algo nuevo. Desde el Renacimiento se valoró este legado romano. Ilustrados y románticos pusieron su atención en el lugar. Sin embargo, los trabajos principales se desarrollaron en 1929, finales de los ochenta y principios de siglo XXI. Siguen en activo. Además, cuenta con un interesante centro de interpretación que sirve como punto de parada a algunos peregrinos del Camino de Santiago, en ocasiones hasta en lugar donde hacer noche. Abre todos los días excepto el lunes y el domingo por la tarde.

Puente romano de Cáparra

Puente romano de Cáparra. | Wikimedia

Las termas son los restos mejor conservados aparte del Arco de Cáparra. Lo complementan restos del foro, de las domus y de dos de las tres puertas principales de la ciudad. Cerca del recinto urbano, queda el puente de Cáparra sobre el río Ambroz. Esta vía fluvial alimentaba a la ciudad y sus alrededores. Sus dos arcos principales están confirmados como romanos y presentan un gran estado de conservación. Sin embargo, la adaptación y ensanche para que pasara por él una nacional supuso aplanarlo y que se perdiera gran parte de la fisionomía original.

Rodeando la ciudad perdida de Cáparra hay dehesas de una belleza extraordinaria. La de Casablanca ofrece recorridos, por ejemplo. Además, entre Venta Quemada, a seis kilómetros, y Carcaboso hay un camino marcado, parte de la ruta jacobea. De este modo se puede recorrer libremente. Otro paseo de unos siete kilómetros conecta con Oliva de Plasencia y transita por los terrenos de la ganadería brava Antonio López Gibaja. Amplias barreras hacen seguro este trayecto que usan los peregrinos para llegar a las ruinas desde el mencionado pueblo extremeño si deciden hacer noche allí.