En 2014 tuvo lugar un extraordinario descubrimiento en Guareña, en la provincia de Badajoz. Un túmulo ocultaba lo que parecían los restos de una gran edificación que fue sellada tras un sacrificio masivo de animales. La excavación arqueológica acabó descubriendo uno de los momentos más importantes de la historia antigua del mediterráneo. Y situó a El Turuñuelo como testimonio de los Tartessos y uno de sus yacimientos más importantes.

Tartessos ¿mito o realidad?

Estela de pizarra con letras de Tartessos del Museo Arqueológico de Cáceres

Estela de pizarra con letras de Tartessos del Museo Arqueológico de Cáceres | Shutterstock

En el Antiguo Testamento se habla de cómo las naves del rey Salomón volvían cada tres años cargadas de oro de un enigmático lugar llamado Tarsis. La mayor parte de historiadores coinciden en que se trata de un testimonio sobre las relaciones que mantenían los israelitas con Tartessos, un reino situado más allá de las columnas de Hercules, el estrecho de Gibraltar, justo en el Bajo Guadalquivir. Esta civilización que floreció entre los años 1000 y 500 a.C. despareció sin más dejando tras de si un halo de profundo misterio.

Imagen de Argantonio, Rey de Tartessos

Imagen de Argantonio, Rey de Tartessos | Shutterstock

Desde la antigüedad, son varios los testimonios que hablan de ella. Hecateo de Mileto, Herodoto o Eforo hablan de ella en sus escritos, siempre remarcando que se trataba de un mercado muy próspero, cercano a un río que llevaba gran cantidad de estaño, cobre y oro. Para añadir más leña al fuego, otros, como Platón en sus Diálogos, hablan de la Atlántida. “Una gran isla, más allá de las columnas de Heracles, rica en recursos mineros y fauna animal”. Y no son pocos los que la identifican con Tartessos.

Figura de un caballo del Palacio Santuario de Cancho Roano

Figura de un caballo del Palacio Santuario de Cancho Roano | Shutterstock

El primer autor que realmente intentó ubicar con mayor o menor exactitud la localización de Tartessos fue Antonio de Nebrija, filólogo responsable de la primera gramática castellana. A pesar de no contar con ningún respaldo arqueológico, identifico el lugar con el río Betis (Guadalquivir). Ya en pleno siglo XIX George Bonsor, un pintor anglo francés, recuperó un alijo de piezas tartésicas en diversas necrópolis sevillanas como Carmona, Setefilla o Cerro del Trigo. Adolf Schulten, emulando a Schliemann, descubridor de Troya gracias a las fuentes clásicas, siguió a Avieno y su Ora Marítima para buscar pistas de Tartessos y demostrar que se encontraba en las marismas de Doñana.

Tesoro de El Carambolo

Tesoro de El Carambolo | Shutterstock

Finalmente, en 1985 se localizó en Camas, al oeste de Sevilla, un recipiente con piezas de oro macizo, el tesoro de El Carambolo. Ese fue el inicio de la definición de un mapa donde se localizaba la civilización tartesia al sur de la península. Gracias al descubrimiento de Juan de Mata Carriazo empezaron a asociarse diversos yacimientos a esta civilización, cobrando por fin una entidad real.

La hecatombe de Turuñuelo

Los arqueólogos llevaron a cabo una labor sistemática de excavaciones en toda la zona del curso medio del río Guadiana en Extremadura. Se calcula que entre los siglos V y IV a.C. se destruyeron de manera ritual una serie de edificios monumentales. De éstos solo quedaron como testimonio un montón de túmulos. En uno de ellos, en la finca Casas del Turuñuelo, se encontró un sacrificio masivo de medio centenar de animales. Sobre todo caballos, mulas y burros. Estos fueron depositados en lo que los arqueólogos han denominado el patio del Turuñuelo, un espacio de 125 metros cuadrados. Suponen que se trataba de una ofrenda ceremonial a una divinidad.

En el mismo lugar se encontró una cantidad importante de piezas de gran valor. Vidrios de Macedonia, una escultura de mármol de las canteras del monte Pentélico con un pedestal con restos de azul egipcio y un completo sistema de pesas de bronce. Un pasillo de grandes lascas de piedra unía el patio con una gran puerta monumental y fue derruido para dejar totalmente sellado el espacio.

El mayor testimonio de Tartessos en la Península

Trabajos arqueológicos en Guareña

Trabajos arqueológicos en Guareña | Shutterstock

El descubrimiento de una estancia de unos 70 metros cuadrados donde se había levantado un altar en forma de piel de toro, tan característico de los santuarios tartésicos, aportó nuevas informaciones. Se hallaron más de 200 platos y una caja de marfil en cuyo interior había un collar de vidrio. No obstante, el mayor hallazgo de esta sala es un sarcófago esculpido sobre un gran bloque de mortero de cal, totalmente inédito en la zona. También cabe destacar el hecho de que la estancia se encontraba cubierta por un techo de bóveda de ladrillo. Esta técnica no fue documentada hasta época romana.

Recientemente el hallazgo de una nueva habitación ha dado lugar a nuevos descubrimientos. Como el cuerpo de un hombre, al que acompañan tres braseros de bronce y que yace junto a una puerta tapiada. Se cree que solo se ha descubierto un 20% del total de secretos que esconde el lugar y resulta inevitable conferir al recinto de un prominente valor religioso. El estudio de los animales sacrificados, el análisis del ADN del cuerpo y el estudio de las novedosas técnicas de construcción, desvelarán muchos más secretos que arrojarán luz sobre la civilización tartésica.

En 2018 se concedió el Premio Nacional de Arqueología y Paleontología de la Fundación Palarq al proyecto “Construyendo Tarteso” que se encarga de estudiar los grandes edificios tartésicos.