Situada en Badajoz, en Los Santos de Maimona, el Capricho de Cotrina tuvo puesto su primer azulejo en 1988. Como toda construcción de cuento, la idea de su creador era dejársela heredada a sus hijos. Francisco González tiene siete, que han crecido al mismo tiempo que el castillo se creaba, durante décadas. A pesar del tiempo, su intención siempre seguía vigente, dejar esta suerte de palacio acabado para ellos.

Vista general del Capricho de Cotrina

Vista general del Capricho de Cotrina. | Shutterstock

Es una de las edificaciones de trencadís más notables del planeta. No solo por sus semejanzas a la obra de Gaudí, sino porque destaca por sí sola en el panorama donde está construida. La idea de Francisco no se limitaba al disfrute de sus hijos. Aunque por la noche sirviera como residencia para toda su familia, por el día quería convertirlo en un parque turístico. Un lugar que recuerda a otras obras recientes como el castillo de Colomares, homenaje a Colón en Benalmádena.

Haciendo el cuento de Afredo González realidad

Fue en 1988 cuando finalmente Francisco González empezó a edificar un lugar puede considerarse único. La principal razón es que no sigue lo que se consideraría como lógica arquitectónica. Las líneas rectas brillan por su ausencia, dando paso a formas curvas y redondeadas. La idea era que se asemejara lo máximo posible a un castillo de cuento y, una vez terminara, pudiera vivir allí tanto él como su familia. Por desgracia, la realidad no lo quiso. El nombre de su obra viene del apellido perdido de sus antepasados, ya que tanto a su abuelo como a su padre los llamaban “Cotrina”, siendo su deseo perpetuarlo.

Zona alta del Capricho de Cotrina

Zona alta del Capricho de Cotrina. | Shutterstock

En 2010, Francisco comentaba en una entrevista que su deseo era acabarlo en los próximos años. Hasta ese momento dedicaba los fines de semana a continuarlo, pero tuvo que parar. Debido a un impedimento del ayuntamiento no podía seguir construyendo, ya que se consideraba una obra alegal. Pese a ello fue positivo y confió en obtener los permisos para edificar en la zona y continuar con su obra. Incluso pretendía construir unos apartamentos al lado de la piscina acorde con lo diseñado.

En aquella época estaba en plena construcción de su dormitorio. Conectaba con el resto de la casa mediante un túnel que asemejaba al cuerpo de un gusano. La cabeza sería la habitación en sí. Sin embargo, en 2016 mientras iba conduciendo comenzó a encontrarse mal y, en plena calle de El Pozo, acabó falleciendo a causa de un infarto de miocardio. Una tragedia que pilló por sorpresa a los seguidores de su obra y a su propia familia. Seguramente a su pesar, dejó su obra sin acabar, aunque sí legada a sus hijos para que pudieran continuarla.



Estilo e influencias de El Capricho de Cotrina

El estilo de El Capricho de Cotrina puede calificarse como gaudirreoide, es decir, muy similar al de Antoni Gaudí. Esto es debido al uso de azulejos, colores y formas que parecen más una ensoñación que una casa al uso. El estilo modernista del catalán sin duda sirvió de inspiración para Francisco. Pese a ello, siempre insistió en que la comparación no era correcta. Gaudí, afirmaba, construyó obras faraónicas y esta era una simple casa para sus hijos. Sea como fuere, la comparación con el también pequeño Capricho de Comillas es inevitable.

Trencadís es el procedimiento utilizado a lo largo de todas sus barandillas, escaleras, cúpulas, terrazas e incluso el baño. Estilo modernista que nació en Barcelona, consiste en romper y partir en trozos de azulejo y después volverlos a montar para pegarlos en los muros. Se usa cerámica esmaltada para lograr que la luz se refleje en los colores al máximo. A modo de mosaico se consigue ese estilo peculiar y desigual. El Park Güell y su salamandra es un ejemplo claro. En el caso del castillo extremeño, le dota de su aspecto feérico.

Parte superior del Capricho de Cotrina

Parte superior del Capricho de Cotrina. | Shutterstock

Con 183 metros cuadrados, alrededor de la casa también existen otras construcciones como el estanque con cascada. Por supuesto, siempre respetando la máxima de no contener líneas rectas ni simétricas. Aparte de incluir siempre motivos relacionados con la naturaleza- Tales como soles, lunas o bellotas, muy típicas de Extremadura. Contaba Francisco que ni siquiera conocía la obra de Gaudí al comenzar su construcción. Pero una vez empapado de ella, y a pesar de ser solo un albañil, muchos estudiantes y hasta profesores le contactaban para pedirle consejo. Incluso recibió encargos para realizar estructuras similares.

Lo que hace especial al Capricho de Cotrina

No solo su técnica y su historia hacen de este casi palacio algo único. Francisco, a pesar de no haber estudiado arquitectura, sí tenía una empresa de mármol con sus hermanos. También cubrió de detalles interesantes todo el monumento, como la forma de gusano que atraviesa las habitaciones. También la ducha, simbolizando el rocío de la mañana. Asimismo, sobresalen ventanas circulares, puertas giratorias decoradas como un pavo real o vistosas flores en relieve expuestas por todo el lugar. No se puede pasar por alto la serpiente enroscada alrededor de la habitación que sería de Francisco. Fue uno de los últimos detalles en los que trabajó.

Vista general del Capricho de Cotrina

Vista general del Capricho de Cotrina. | Shutterstock

También es el diseñador de dos fuentes que donó a Los Santos de Maimona y que corresponden al mismo estilo que el Capricho de Cotrina. Una de ellas está dedicada a los donantes de sangre y la otra a los jornaleros. También es interesante su puerta principal. Pesa nada menos que 400 kilos y tuvo que ser instalada con la ayuda de 12 personas. Aunque tristemente no pudo acabar la obra de su vida, sus hijos continúan con su legado con el objetivo de finalizarlo algún día.

Aún con vida, Francisco comentaba las dificultades monetarias que tenía para acabar las puertas y ventanas de madera. Hoy por hoy, se puede visitar el lugar, en fin de semana y gratis. Cabe resaltar el aliciente de que es una de sus hijas la que realiza la visita guiada tanto por interior como por el exterior del Capricho de Cotrina.  Es posible dejar un donativo, opcional, que contribuya a terminar el castillo de cuento que un día Francisco prometió construir a sus hijos.