Extremadura es una de las zonas de España que más brilla por su riqueza arqueológica y patrimonial. Hay restos romanos de todo tipo, del puente de Alcántara a las ruinas de la desaparecida ciudad de Cáparra. La propia Vía de la Plata, un camino ancestral que conecta Mérida con Astorga, recorre de norte a sur esta región y la llena de peregrinos que la usan para ir a Santiago de Compostela. Incluso posee una suerte de «capilla sixtina«. Sin embargo, hay legados más antiguos e igualmente bellos, como el Dolmen de Lácara.

Vista interior de la cámara central del Dolmen de Lácara

Vista interior de la cámara central del Dolmen de Lácara. | Shutterstock

Una maravilla olvidada cerca de Mérida

Lo que más extraña del Dolmen de Lácara no es su buen estado de conservación pese a alguna que otra atrocidad que sufrió en el XIX y se comentará más adelante. Produce sorpresa que se presente ante el visitante sin boato alguno. No hay restricción alguna para verlo y solo hay que dar un sencillo paseo para llegar a él. Una gran obra megalítica ligada a la dehesa pacense por el hecho de que las grandes afloraciones de piedra que la caracterizan fueron usadas para extraer sus losas.

La gran población más cercana es Mérida, en la provincia de Badajoz. Su teatro, anfiteatro y circo lideran un patrimonio romano abrumador. Un patrimonio que se extiende en el cercano parque de Cornalvo, que posee una de las presas en uso más antiguas de España. A solo 15 minutos de la capital de la Vía de la Plata se halla Aljucén, a pie de la A-66 y cerca de la A-5. En perpendicular parte una carretera a La Nava de Santiago. Junto a medio camino se encuentra la senda de acceso al Dolmen de Lácara.



Vista superior del Dolmen de Lácara

Vista superior del Dolmen de Lácara. | Wikimedia

Indicaciones hacen llegar a un aparcamiento. Ya a pie, en medio de esta nada extremeña, hay que andar unos cientos de metros, acondicionados y con paneles que aportan información in situ. En todo caso, una valla y una casa en ruinas sirven también como señal de que se va por el buen camino. Finalmente, aparece la tumba pétrea, abierta en canal y ofreciendo un disfrute casi siempre íntimo. Pese a su estar tan bien comunicado, es fácil que no haya nadie más de paso.

El Dolmen de Lácara en la antigüedad

Calcolítico es el nombre de la era en que se creo el Dolmen de Lácara. También se la conoce como Edad de Cobre. Un sinónimo de antigüedad para todo el mundo. Esto sitúa su fecha de creación en torno al 3000 antes de Cristo. En aquel tiempo sirvió como túmulo funerario, una suerte de cementerio. Diferentes piezas asociadas a enterramientos permiten esta datación. Entre ellas se encuentran cuentas de collar, partes de recipientes cerámicos usados para enterrar a los muertos o herramientas de piedra avanzadas. Sin embargo, las puntas de flechas pétreas son quizá los restos más refinados.

Vista a la cámara interior del Dolmen de Lácara

Vista a la cámara interior del Dolmen de Lácara. | Shutterstock

El continuo uso que se le dio se demuestra con elementos ya ejecutados en bronce. Un ídolo también se extrajo en los trabajos de excavación llevados a cabo a finales de los años 50. Los lideró Martín Almagro Basch y están perfectamente documentados. Quizá la mayor diferencia es que por aquel entonces poseía una cubierta superior, que le daba el carácter de dolmen. Cabe resaltar que estas obras megalíticas consisten en grandes piedras verticales que servían para apoyar losas encima, generando túmulos con pasajes interiores.

Vista del túmulo del Dolmen del Lácara

Vista del túmulo del Dolmen del Lácara. | Turismo Extremadura

Este monumento se dispuso mirando al amanecer. Consistía en un corredor, muy bien conservado, que tenía casi 20 metros de su punto de entrada al final de la cámara central. Ejecutado en tres tramos, un vestíbulo y dos antecámaras, posee todavía buena parte de las cubiertas. Tras andarlo se llegaba a la cámara central. Es poligonal aunque se acerca a una forma circular de unos 5 metros de radio. Se trata del espacio más sagrado del recinto, el destinado al descanso de los miembros de la comunidad.

Corredor del Dolmen de Lácara

Corredor del Dolmen de Lácara. | Shutterstock

Basch aproximó la altura del túmulo en 1959. Tras la voladura que se produjo a finales del siglo XIX de la cubierta superior quedó en tres metros y medio, pero antes se consideraba que llegaba a los cinco. Asimismo, el arqueólogo señala que la elipse que conforma su planta tiene ejes de 35 y 28 metros de largo. Esto hace que sea uno de los más espectaculares de España, junto por ejemplo a los de Guadalperal en el embalse de Valdecañas o el de Soto en Trigueros (Huelva).

Las muchas vidas del Dolmen de Lácara

Tras ser usado durante siglos como lugar funerario pasó a tener funciones más mundanas durante el dominio romano. Al igual que otros dólmenes, el de Lácara fue vivienda. Así siguió durante la Edad Media. Esto supuso un caos para los restos. Los fuegos y las tareas del hogar llevaron a que se mezclaran los enterramientos, lo que dificulta una datación exacta. También hizo que el conocimiento de su existencia fuera más conocido que otras obras joyas prehistóricas, como Altamira en Cantabria o Atapuerca en Burgos.

Ortostatos del Dolmen de Lácara

Ortostatos del Dolmen de Lácara, se ve el único intacto. | Shutterstock

Durante el XIX fue llamando la atención de diversos estudiosos por su gran estado de conservación. Así lo atestigua Vicente Barrantes Moreno, erudito de la época. Sin embargo, a finales de siglo se realizaron voladuras para usar las cubiertas a modo de cantera. Un desastre que afectó también a casi todas las grandes losas verticales que las sostenían, llamadas técnicamente ortostatos. Una desgracia que dota al Dolmen de Lácara de un curioso aspecto abierto, con lo que se ve sus estructura perfectamente desde un plano cenital.

Por suerte fue protegido primero en 1912, como Bien de Interés Cultural y de forma definitiva en 1931 al pasar a ser Monumento Nacional. Sin embargo, sus secretos fueron estudiados a finales de los 50, como se ha dicho, por el arqueólogo afecto al régimen franquista Martín Almagro Basch. Pese a su oscura trayectoria política, fue esencial para poner en valor el Dolmen de Lácara.

Dolmen de Lácara noche

Dolmen de Lácara de noche. | StarryEarth (Flickr)

El conjunto fue asegurado pero después sufrió cierto olvido. Hasta hace poco el camino no estaba señalizado y había que guiarse siguiendo la valla y con las ruinas de la casa del guardia. Así sigue el dolmen, en la dehesa extremeña, dependiente de que los visitantes sean responsables en su paso y no causen daños. Abierto día y noche, destaca como mirador astronómico hasta haber llamado la atención de la NASA. Un rincón para quien quiera perderse y disfrutar de un marginado legado prehistórico sin molestia alguna.