Tiene la anchura de una pista de atletismo y su largo no llega a los dos kilómetros. En 1986 fue declarada como Reserva Marina, la primera de España. Es la isla habitada más pequeña del Mediterráneo y, en el pasado, era usada por los piratas berberiscos como lugar de contrabando. Hablamos de la isla de Tabarca, perteneciente a la provincia de Alicante y a tan solo ocho kilómetros del puerto de Santa Pola, un tesoro desconocido por muchos españoles donde disfrutar de historia y naturaleza. 

La isla de los mil nombres

Uno de los nombres por los que se conoce a esta tierra es el de Isla Plana, ya que su máxima altitud se posa en los 15 metros sobre el nivel del mar. Los primeros navegantes griegos la llamaban Plasencia. Sin embargo, no era debido -como podría pensarse- a esta característica. De hecho, plasencia significaba engañosa, denominación dada por los múltiples escollos a los que las embarcaciones hacían frente. Precisamente, es entre estas rocas donde se han encontrado vestigios del paso de otra civilización por la zona: los romanos. Después, durante la Edad Media y Moderna, los ilicitanos —naturales de Elche— usaron la isla como campo de caza de conejos.

Sin embargo, no es hasta el Siglo XVIII cuando Plasencia pasó a ser Nueva Tabarca en homenaje a la isla tunecina de Tabarka y a convertirse en el asentamiento permanente de habitantes genoveses. Ya en el Siglo XX Nueva Tabarca añadió a su repertorio de nombres el de Isla de los Poetas, pues a mediados de siglo varios escritores alicantinos como Gabriel Miró recorrieron sus costas, inspirándose en las peculiaridades de la isla. También adquirió el nombre de Isla de San Pablo, por un supuesto desembarco del apóstol. Por último, los alicantinos se refieren a ella como isla de Santa Pola. Pero, ¿por qué toma esta isla el nombre de un lugar del norte de África? ¿Cuál es su relación con los genoveses? ¿Y con los piratas?

Vista aérea de la isla de Nueva Tabarca

Vista aérea de la isla de Nueva Tabarca | Shutterstock

Piratas en Tabarca

Cientos de años atrás, la Isla Plana se convirtió en un punto de estrategia para los piratas berberiscos, que usarían la isla como base de operaciones desde la que atacar la costa levantina. Piratas como Cachidiablo o los hermanos Barbarroja desembarcaron una y otra vez en la Isla Plana, desde donde también se dedicaban al contrabando. 

En 1534 uno de los hermanos Barbarroja, Baba Aruj, se proclamó rey de Argel y conquistó Túnez, haciéndose con una amplia parcela del Norte de África. Desde allí, las huestes del pirata atacaban las costas hispanas, convirtiéndose Aruj en un enemigo considerable para el entonces rey español, Carlos I. El monarca, en respuesta, le arrebató Túnez.

La otra Tabarca: una isla del norte de África

Con la conquista de Túnez, Carlos I también se hizo con el control de una isla estratégica al norte del país africano: Tabarka. Después, el monarca construyó una fortaleza en el lugar y arrendó el territorio a una familia genovesa. Ésta llevó a su vez a otras familias italianas a Tabarka. Allí trabajaron en la explotación de los bancos de coral. Así pasaron los años hasta la llegada del Siglo XVIII, pues en 1741 el rey de Túnez Ali I hizo esclavos a los habitantes de la isla, que fueron trasladados a Argel para ser vendidos.

Por suerte, estos genoveses encontrarían la salvación gracias a la intervención del rey Carlos III. A cambio de previo pago y devolución de prisioneros, el monarca rescató a los esclavos. Unos mil fueron destinados a Cartagena y unos 300 a Alicante.

Paralelamente, Carlos III había fortificado la antigua Plasencia con la intención de proteger la isla de la piratería. Sin embargo, la ausencia de recursos en la zona eludía a la gente de querer vivir allí. Así, el monarca decidió trasladar allí a los prisioneros que habían desembarcado en Alicante, a los que se les eximió de impuestos y del servicio militar. Éstos bautizaron a la isla como Nueva Tabarca, en honor al que había sido su hogar. 

Peces nadando en las aguas de Tabarca

Unos peces nadan en las aguas de la isla de Tabarca | Shutterstock

Los años posteriores

La Isla de Santa Pola ha basado su economía principalmente en dos actividades: la de la pesca antes, y la del turismo ahora. Es en mitad del Siglo XX cuando Tabarca alcanza su momento más álgido. La economía iba viento en popa gracias a una almadraba de atún. La isla llegó a alcanzar los mil habitantes y los escritores paseaban por sus calles. 

Pero en los años 50 el descenso de la calidad y la cantidad del pescado vino acompañado de un descenso de la población hasta que en 1960 la almadraba desapareció. La isla entró en una crisis que solo pudo ser recuperada con el turismo

Las delicias de Tabarca

A pesar del auge del turismo en la zona, que atrae cada verano a miles de visitantes, la población permanente era en 2019 de 51 personas. Cada año ésta desciende más. Sin embargo, en verano Tabarca se llena de turistas que parten desde Alicante o del puerto de Santa Pola para pasar el día o puede que la noche en esta desconocida isla del Mediterráneo.

En la isla, dividida en dos partes, los atractivos turísticos son diversos. En primer lugar, destaca la muralla que abraza a la isla, perforada por tres imponentes puertas de estilo barroco que dan la bienvenida al visitante. Junto a las casas de los vecinos de este pequeño barrio, están también la Iglesia de San Pedro y San Pablo y la Casa del Gobernador, convertida ahora en un hotel.

En la otra parte de la isla, separada de la zona habitada por un istmo, hay una extensa zona de campo en la que desde mediados del Siglo XX está prohibido construir con la intención de proteger el lugar. En esta parte de Tabarca se encuentran la Torre de San José —utilizada como prisión carlista en el Siglo XIX—, el Cementerio de Tabarca y el faro.

Costa de Nueva Tabarca

Una de las playas de Nueva Tabarca en la parte no edificada de la isla | Shutterstock

Isla de Tabarca: paraíso natural

Como ya señalamos al principio del artículo, la isla de Tabarca posee una reserva marina de gran riqueza tanto de flora como de fauna marina. La posidonia oceánica cubre el manto marino como si de un prado se tratara y las algas son cobijo de meros, doradas, pargos, moluscos… Hasta es posible avistar ejemplares de tortuga boba en sus cristalinas aguas. En la superficie destaca la presencia de aves. De hecho, Tabarca fue nombrada como Zona de Especial Protección para las aves por la Unión Europea.

Sin duda, Tabarca es un sitio en el que merece la pena pasar al menos un día. De hecho, las empresas ofertan la posibilidad de ir y volver en el día. Pero, si lo que se desea es conocer a la auténtica Tabarca o disfrutar de sus famosos atardeceres, lo ideal sería quedarse en alguno de los alojamientos que el paraje ofrece. Al caer la noche en la Isla Plana no hay más ruido que el de las olas golpeando la costa o, quizás, el del viento soplando con fuerza. No se escuchan los coches ni el metro, pues no hay transporte en la isla. Las luces se reducen a las de un puñado de casas. En la zona de campo, las estrellas resplandecen. 

Cielo nocturno en la isla de Tabarca

Cielo nocturno en la isla de Tabarca | Shutterstock