El Santuari de la Mare de Deu de Montserrat, en Tarragona, es un lugar con un perfume único. Un aroma más allá de la naturaleza que lo rodea o de las velas que prenden en su interior. De un solo vistazo, se aprehenden historias de vendimias concluidas y celebradas. Silencios que hablan de fe y una arquitectura creada a imagen y semejanza del ambiente que lo rodea.

La comarca de Montferri, en la provincia de Tarragona, guarda entre curvas montañosas y viñedos este pequeño milagro. Hermanado por su parecido estilo modernista con la Sagrada Familia, el santuario nace de la imaginación de Josep María Jujol, discípulo de Gaudí. Allí, desde la cima de la colina del Corralet, se contempla el paisaje de Alt Camp.

Origen del Santuari de la Mare de Deu de Montserrat

La historia del Santuari de la Mare de Deu de Montserrat es tan especial como el propio templo. Empezando por una construcción que la realidad se encargó de seccionar en dos partes, continúa por una estética que lo une al monumento barcelonés de la Sagrada Familia de Gaudí. Esto se logra a través de un hilo invisible, el de la creatividad del modernismo.

Santuari de Monserrat

El santuario entre viñedos. | Wikimedia

El proyecto de la construcción del santuario nació de la fe. Ya a principios del siglo pasado, y puede que antes, las gentes de la zona tenían la costumbre de ascender en peregrinación al templo de Montserrat. Hacían este viaje como agradecimiento por la cosecha de su uva. Habitantes de una tierra vinícola, correspondían a la Virgen por interceder divinamente, desde el cielo, en su existencia terrenal. Fue Daniel Vives Solé, un jesuita nacido en la comarca, quien conmovido por la fe de sus vecinos se propuso acercarles a la Moreneta que tanto querían.

Apoyado por su hermano Josep Vives Solé, quien le cedió unos terrenos en El Corralet, impulsó la ilusión de los habitantes de Montferri por tener su propio espacio de fe. Josep María Jujol, primo-hermano de los Vives Solé, fue el encargado de materializar en forma de arcos y cúpulas el sueño del culto a la famosa virgen negra.

Interior santuari Mare de Deu

Interior del santuario. | Wikimedia

En el año 1925 las elevaciones de la Sierra de Montserrat fueron testigos de la colocación de la primera piedra. Los ladrillos que iniciaron sus paredes conforman una nota más de su particular personalidad. Fueron fabricados a partir de una fórmula única, a base de cemento y grava arrebatada a los fondos del río Gayá, unido al esfuerzo y el trabajo de los moradores de la región.

Medio siglo presa del olvido

En 1931, en medio de una situación política inestable y un gobierno provisional en entredicho, la falta de fondos significó la paralización de la construcción del Santuari de la Mare de Deu. Sus muros fueron víctimas de la Guerra Civil Española y de años de olvido y abandono. Heridos de muerte, se mantuvieron escondidos y en silencio durante más de cinco décadas. Ya en los años 80 del siglo XX esa tercera parte, todavía erguida aunque gravemente enferma, salió a la luz. Tras una limpieza a fondo, se inició su reconstrucción hasta la inauguración definitiva en el 30 de mayo de 1990.

Santuari de Monserrat

Santuari de la Mare de Deu de Monserrat. | Shutterstock

La devoción mariana halló en Montferri una parada más en el camino a través de las rutas tejidas sobre el tapiz de la península ibérica. Una peregrinación que los años y las experiencias personales han ido cosiendo puntada a puntada y paso a paso. La historia del Santuario de la Mare de Deu de Montserrat parece sacada de un viaje en el tiempo, en el que las puertas del pasado se abren hacia el futuro y viceversa.

De Jujol a Gaudí, un homenaje de discípulo a maestro

Es imposible hablar de la Mare de Deu sin referirse a su arquitectura. Camaleónico, cambiando según el prisma desde el que se contempla, así es el santuario de Montferri. Por momentos, juega a imitar la forma de una montaña. Otros, bebe de la influencia de la Sagrada Familia y de su autor, Antonio Gaudí. Y en ocasiones, parece convertirse en una nave que dirige su proa hacia Montserrat. Finalmente, apreciarlo en su conjunto es la única forma de comprender todo lo que su arquitectura quiere expresar. Desde un mensaje de admiración hasta un reconocimiento hacia La Moreneta, hospedada en el Monasterio de Santa María de Montserrat.

Santuari de la Mare de Deu de Monserrat

Arquitectura externa del Santuari. | Shutterstock

La ermita se levanta en la colina del Corralet, a 400 metros del municipio de Montferri, al sur de la zona de Alt Camp. Su estructura recrea la silueta del macizo de Montserrat a través de 33 cúpulas y 42 pilares. La planta poligonal constituida por arcos parabólicos o catenarios es una de las firmas características de la obra de Gaudí, ajena al uso de las paredes. De ahí parte la comparación del santuario con la Basílica de la Sagrada Familia, que funciona como un espejo mágico que reduce tamaños y asimila formas. El diseño revela el influjo de un guía sobre la mano de Jujol, pupilo y admirador.

Fachada externa del Santuari

Detalles de la fachada externa del Santuario. | Wikimedia

Es difícil recorrerlo a pie y conseguir apreciarlo, pero se trata de una figura que recrea a la de de un barco. Una señal que indica al visitante hacia donde se dirigen las plegarias, la fe y el homenaje de la Mare de Deu, Montserrat. Del mismo modo, el camarín se diseñó de forma asimilada al de la abadía, con escalas a cada lado para poder ascender a besar a la Moreneta.

La obra, paralizada durante un largo tiempo, fue concluida bajo la batuta de Joan Bassegoda i Nonell, un historiador y arquitecto. Con la colaboración del constructor Josep Cendrós, supo poner las últimas notas a una melodía de piedra y tiempo. Su culminación, a finales del siglo XX, colocó un hito más a visitar entre las joyas que atesora la comarca.



Una cueva, rutas y corazones de colores

Altar del Santuari de Montferri

Altar del Santuari. | Wikimedia

El viaje al Santuari de la Mare de Deu sorprende no solo por su evidente belleza, también por la latente, oculta en pequeños detalles. En rutas que circundan una naturaleza diseñada para seducir al visitante y una cueva que guarda a la Virgen en las entrañas de la montaña.

Dentro de la ermita pueden verse corazones en las vidrieras. Pequeñas formas que pueden contarse, adivinarse y recorrerse con la vista, cambiando de un color a otro, de una visión a otra. La fantasía de una fábula que colorea el paisaje al antojo de quien lo contempla. Los forjados fueron diseñados siguiendo una idea original de Jujol. Fuera, hiedra y madreselva adornan la arquitectura natural de la zona. Desde la misma puerta pueden iniciarse distintas rutas por los campos de Alt Camp.

Monasteri de Monserrat

Interior del Santuari de Monserrat´| Wikimedia

Tordos y palomas torcaces guían los paseos por el bosque. Desde allí pueden contemplarse montañas de figuras caprichosas que raspan el cielo, con sus cumbres ásperas, recortadas por una sierra de erosión y siglos. Y allí, en el interior de esas mismas montañas, la Virgen asiste al espectáculo, escondida y silenciosa. En la misma colina que aloja la ermita se oculta una cueva, que sirve como santuario natural. Su recogimiento interior contrasta con la vistosidad modernista del exterior, una paradoja inolvidable.

Concluye la jornada con un último vistazo. A veces como el primer paso para un nuevo inicio, la ruta del Císter. Casas, bodegas, ermitas, monasterios o castillos pueden ser la siguiente parada en un camino que admite cambios de senderos y paradas. Otras, como la promesa de un recuerdo imborrable.