En el margen derecho del rio Ebro, a pocos kilómetros de su desembocadura en el Mediterráneo en la provincia de Tarragona, surge una figura imponente, la del castillo templario de Miravet. De origen islámico, fueron tales caballeros los que convirtieron a la fortaleza, junto a las de Tortosa, Monzón y Gardeny, en la punta de lanza para la reconquista de los territorios valencianos. Su historia, toda una aventura en tiempos de guerra, habla de batallas, intrigas, princesas y reyes.

Vista aérea del castillo de Miravet

Vista aérea del castillo de Miravet. | Shutterstock

Los templarios y la Corona de Aragón

La historia de la orden de los templarios en España está íntimamente unida a la Corona de Aragón. Alfonso I el Batallador, rey de Aragón y de Pamplona, legó a su muerte, sus reinos a la orden del Temple ofreciéndoles así una oportunidad única de intervenir en la política aragonesa. Aunque la más alta nobleza impidió buena parte de sus intenciones, a partir de ese momento su papel fue determinante en todas aquellas empresas de conquista y administración de los territorios en poder musulmán que poco a poco fueron ampliando el Reino de Aragón.

Detalle de los retratos de Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV

Detalle de los retratos de Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV. | Atribuido a Francisco Camilo y Andrés Urzanqui en copia del original de Filippo Ariosto

Ramiro II, hermano de Alfonso I, fue escogido por la nobleza para sucederlo. Su devoción por la vida monástica provocó que casara a su hija Petronila, de apenas un año, con el Conde de Barcelona, Ramon Berenguer IV. En sus manos dejó la corona. Una de sus primeras decisiones, fue pactar con los templarios de manera que recibieran privilegios sobre las tierras conquistadas a cambio de conservar el dominio en tierras aragonesas.

Ese pacto supuso el inicio del acuerdo entre monarquía, nobleza y la Orden Militar para conquistar o reconquistar, según el prisma con el que se mire, los territorios árabes de todo el este peninsular. Los últimos reductos, fueron Siurana y Miravet que resistieron hasta 1153 el asedio de las tropas cristianas. El ambiente, heredado de Alfonso I, era de auténtica cruzada.

Vista del castillo desde el Ebro

Vista del castillo desde el Ebro. | Shutterstock

La importancia del castillo de Miravet

Tras la reconquista de Miravet, los templarios inician la construcción de la nueva fortaleza sobre su antecesora, la musulmana. El resultado fue uno de los mejores ejemplos de castillo monasterio románico cisterciense de toda la península. Se trataba, en definitiva, de reforzar las líneas defensivas que de forma natural ejercían los ríos en el Reino de Aragón. Las fortalezas de Tortosa en el Ebro, Monzón en el Cinca y Gardeny en el Segre conformaban una línea defensiva. Una verdadera punta de lanza para la reconquista de los territorios valencianos.

Los caballeros del Temple, conocedores de la importancia de dominar los pasos naturales de los ríos, aplicaron el mismo modelo en otras plazas fuertes de la península. Buen ejemplo es la de Gormaz sobre el Duero, pese a su origen califal. Durante el reinado de Jaume I, el bastión de Miravet se convirtió en la sede provincial del archivo y el tesoro de la Corona de Aragón y fue cuando se realizaron las grandes conquistas al sur del Ebro.

Vistas desde del castillo de Miravet

Vistas desde del castillo de Miravet. | Shutterstock

En 1307, después de que Jacques de Moley, último Gran Maestre de la orden, fuera apresado se inicia la persecución de los templarios que se hicieron fuertes en algunas plazas, entre ellas, Miravet. El trágico asedio duró aproximadamente un año hasta que en diciembre de 1308 capitularon ante el rey de Aragón Jaime II. Seis de ellos mantuvieron la resistencia un día para finalmente encontrar la muerte al intentar proteger en la torre el archivo y el tesoro de la orden.

Con la desaparición de los templarios, se inició el declive de su esplendor. Los Hospitalarios tomaron el control del castillo hasta bien entrado el siglo XIX. Durante todo ese período fue testigo mudo de contiendas muy variadas. Entre ellas quedan las dels Segadors, la guerra Sucesión, las guerras carlistas y finalmente la guerra civil española ya en el siglo XX. En 1990 su titularidad pasó a la Generalitat de Catalunya.

Fragmento del muro de la fortaleza

Muro y torre. | Shutterstock

El castillo hoy en día

En la visita al castillo se respira la austeridad del románico cisterciense que sigue patrones similares a los de Poblet, Santes Creus y Vallbona de les Monges. Una imagen de la casa y castillo de Dios en la tierra, con una gran sencillez ornamental. El visitante se puede hacer a la idea de hasta qué punto se trataba de un lugar totalmente preparado para resistir largos períodos de asedio y sangrientas batallas. Con un muro de 25 metros, que se erige directamente desde las rocas del cerro donde fue construida la fortaleza primigenia, se encuentran una serie de elementos que los templarios utilizaron para convertir el lugar en una plaza fuerte. El acceso se efectúa por la barbacana. Se trata de una rampa de acceso que por su ángulo prevenía los ataques directos a la entrada, y que da entrada a una gran terraza amurallada distribuida en tres niveles.

Patio de armas del castillo de Miravet

Patio de armas. | Shutterstock

En ella se pueden encontrar los restos de almacenes e incluso de una caballeriza. Una puerta da paso al interior del castillo, concretamente a un patio de armas. A su alrededor, una cisterna, la cocina, un gran comedor, un granero, una bodega y un almacén. En la planta superior, las dependencias privadas de los habitantes y la iglesia. Es de planta basilical y con cubierta de bóveda de cañón. A través de una escalera de caracol se accede a una gran terraza donde es posible disfrutar de unas vistas incomparables.

Es necesario pagar una entrada para acceder al recinto. La visita se puede realizar libremente. Sin embargo, es muy recomendable contratar una visita guiada. Esta incluye otros lugares del pueblo y permite descubrir, entender, la importancia del castillo de Miravet.