Puigcerdà

Lago medieval en los Pirineos

La fronteriza capital de la Baja Cerdanya fue, durante décadas, heroico bastión liberal en las guerras carlistas y sufrió numerosas violencias. Su entorno, su clima y su atractivo lago artificial la convirtieron en pionero centro de veraneo a finales del siglo XIX.

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Este municipio capital de la comarca de Cerdaña es fronteriza con Francia. Puigcerdà posee un interesante casco histórico y unos alrededores perfecto para dar largos y tranquilos paseos. Además es un lugar ideal para disfrutar de la naturaleza haciendo turismo activo en invierno y verano, tanto en las dos cadenas de montes que rodean la localidad: el Pirineo al norte como en el Parque de la Sierra del Cadí Moixeró al sur; dentro de éste último se encuentra el recóndito pueblo de Bagà. Cruzando la frontera a través de una carretera internacional se llega al curioso pueblo de Llivia. Para conocer la gastronomía local y los mejores alojamientos donde poder reponer fuerzas no dudes en consultar nuestra página Dormir y comer en Puigcerdá.

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El nombre de este territorio viene de Podium Ceretani (Colina de los Ceretanos), en clara alusión a la tribu íbera que ya describieron en sus fuentes griegos y romanos. Por tratarse de un paso natural entre ambas vertientes de los Pirineos, fue también ocupada por visigodos y musulmanes (en 715). En el año 835 fue tomada por el primer conde de la Cerdaña, el noble franco Sunifredo; éste gobernaría el condado desde el vecino castillo de Llivia.

El valor económico de los derechos de peaje a los mercaderes que transitaban entre la Península y el resto de Europa fue creando crecientes conflictos entre el conde de la Cerdaña y sus vecinos, los condes de Toulouse y Foix. En el año 1095 ya está documentada la existencia de un castillo en lo alto de la colina donde ahora está Puigcerda.

A comienzos del siglo XII el condado de Cerdaña es heredado por Ramón Berenguer III, conde de Barcelona; por esta vía el territorio pasará a formar parte de la Corona de Aragón. Los dispersos habitantes del territorio eran gobernados desde Llivia, hasta que en el 1177 el rey Alfonso I de Aragón decide el poblamiento de la colina de Puigcerda, formando una nueva veguería (entidad administrativa) y autorizando en 1181 a la nueva población la celebración de ferias. A mediados del siglo XIII es horadada una enorme alberca para asegurar el suministro en caso de asedio y facilitar el riego de las huertas en tiempo de paz. El progreso se vio frenado en 1280, cuando el fuego prendió en las viviendas de madera de la localidad.

En el siglo XIV está documentada la existencia de una relevante judería. Un importante seísmo devasta la zona en 1428. En los años centrales de esa centuria se dejan sentir los efectos de la peste que asola Europa. En 1463 el rey Juan II le cede al reino de Francia la parte de la Cerdaña al norte de los Pirineos, rebelándose parte de la población. En 1477, los rebeldes asediaron la fortaleza de Puigcerdá. El nuevo carácter fronterizo motivaría que el castillo medieval fuera sustituido por otro capaz de resistir ataques artilleros.

En el siglo XVI ya es de nuevo parte del reino de Aragón, pero se agrava el problema del bandolerismo en esta zona. En 1640, a resultas de la sublevación de Cataluña contra el rey Felipe IV, la Cerdaña es tomada por las tropas francesas. En noviembre de 1659, por el Tratado de los Pirineos, la Monarquía hispánica reconoce el dominio francés de la Cerdaña y Puigcerdá se convierte definitivamente en localidad fronteriza, residiendo allí un corregidor.

La estatua del brigadier Josep Cabrinetty presidiendo la plaza (A.C.C.E.)

En el marco de la Guerra de la Independencia, los franceses hacen a la localidad capital del Departemento del Segre. Como sede administrativa comarcal, paso fronterizo y centro mercantil -y por ello liberal- fue reiteradamente atacada por los carlistas que dominaban las comarcas limítrofes en el siglo XIX. Especialmente en la Tercera Guerra Carlista, en la que la villa fue atacada periódicamente, llegando a ser asediada en los años 1873, 1874 y 1875 por el general Savall, resistiendo todos los envites. En el más dramático fue auxiliada heroicamente por el brigadier Josep Cabrinetty, al que la población le dedicó un monumento en 1880.

Durante el largo período de la Restauración se convierte en un pionero centro turístico, especialmente a partir de finales de los años ochenta del siglo XIX. Numerosas familias barcelonesas se construyen residencias, denominadas “torres” en la parte alta de la colina del pueblo. En 1929 sus habitantes reciben la visita regia de Alfonso XIII, que inauguró el Real Club de Golf de Cerdaña. En ese periodo muchos veraneantes van trasladando sus residencias al valle, alrededor de esta instalación.

En julio de 1936 los milicianos anarquistas saquean e incendian la iglesia parroquial, de la que solo queda el campanario, destruyen el monumento al héroe liberal y asesinan a los vecinos derechistas.

Tras la guerra fue regresando el turismo a la localidad. El hockey sobre hielo se introduce tempranamente aquí en el año 1956.

Comenzamos nuestra visita a Puigcerdà frente a su lugar más emblemático: el Campanario de la Iglesia de Santa María; es lo único que queda del templo gótico del siglo XII asaltado, en 1936. La torre supera los treinta metros de altura y es posible acceder a su interior.

En la calle de las Escoles Píes está la Capilla de Nuestra Señora de Gracia (s. XV), atacada  a finales del siglo XVIII por los franceses. En tanto que la Iglesia de Sant Jaume de Rigolisa es un monumento historicista levantado tras la destrucción de la anterior a finales del siglo XVIII.

El antiguo Hospital de la Villa, dedicado a amparar a enfermos y pobres de solemnidad, está situado en la plaza de Santa María y documentado desde el siglo XII.

Establecida la Orden Mendicante de Santo Domingo en la localidad a finales del siglo XIII, se concluyeron las obras de su convento a principios de la centuria siguiente. A lo largo de su dilatada historia Sant Domènec sufrió importantes daños desde el siglo XV (terremoto) hasta las guerras del siglo XIX. Tras el incendio de 1936 su templo pasa a sustituir a la incendiada parroquia de Santa María. El claustro es lo más destacado, además de ser sede de un archivo. En la iglesia, de grandes proporciones y una sola nave, se conservan restos de pinturas murales bajomedievales. De su frente tiene interés la monumental puerta, aunque ahora se puede ver también otra procedente de la desaparecida iglesia de Santa María.

Vista de la localidad en la actualidad

Aunque también muy afectado por la violencia de 1936, el Ayuntamiento,edificado en el siglo XIII y restaurado posteriormente, es un edificio singular. Can Deulofeu es un curioso ejemplo de vivienda medieval de estilo gótico. En la antigua Plaza Mayor hay algunas interesantes casa que han subsistido a las destrucciones, entre ellas cabe destacar las de Descatllar y Cadell.

En la plaça del Herois (de los Héroes) hay un obelisco de mármol rojo que recuerda a los defensores del pueblo durante las guerras carlistas.

L’Estany (s. XIII)es un paraje de visita imprescindible. El atractivo de este lago medieval inventado ya era notable a finales del siglo XIX cuando atraía a los primeros veraneantes. En sus inmediaciones y reforzando el pintoresquismo de la zona se halla la Torre del Cònsol (1886), encargada por el diplomático danés Schierbeck y acompañada de un hermoso parque. En esa línea es digno de contemplar el frente del Casino Cereta (1893), escenario de representaciones teatrales y reuniones sociales para aquellos adinerados visitantes pioneros.

Por último, la apasionante historia de la comarca se puede visualizar a través de los objetos y exposiciones del Museu Cerdà, que ocupa un convento carmelita del siglo XIX.

Quedan todavía en el casco urbano pequeños vestigios de la muralla medieval, que fue demolida a finales del siglo XIX.

Otro de los emblemas de la comarca es el Puente de Sant Martí (gótico del s. XIV), situado en la carretera que va a Guils de Cerdanya.

Esta comarca pirenaica está repleta de monumentos del románico catalán, entre los que es recomendable visitar las Iglesias de Sant Julià de Age, donde a pesar de las reformas del siglo XVIII existen numerosos elementos románicos, y la de Sant Tomàs en Ventajola (ss. X-XI), que incluye elementos decorativos propios del arte lombardo en su cabecera.

Datos prácticos

Coordenadas

42º 25’ 54” N, 1º 55’ 42” E

Distancias

Girona 158 km, Barcelona 159 km, Madrid 666 km

Aparcamiento

Es conveniente dejar el vehículo en las inmediaciones de las vías de acceso al centro urbano.

Altitud

1 202 m

Habitantes

8 957 (2012)

Cabalgata de Reyes (5 de enero), Carnestoltes (febrero), Romería a Sant Marc (25 de abril), Semana Santa, Noche de San Juan (23 de junio), Sant Cristòfol (10 de julio), Fiesta de l’ Estany (tercer fin de semana de agosto), Virgen de la Sagristía (8 de septiembre), Los Pastorets (diciembre)

Fiesta del Trinxat (febrero), Feria del caballo hispano-bretón (primer fin de semana de noviembre)

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