Hay castillos españoles que son auténticas joyas arquitectónicas, algunos con una historia asombrosa y otros que, aún siendo castillos en ruinas, merece la pena visitarlos. El caso del castillo de Púbol es una combinación de arquitectura, historia y cultura que tiene sus orígenes en el siglo XI. Conocido como Casa-Museo Gala Dalí, está ubicado en La Pera, en la provincia de Girona

Conforma el popular “Triángulo Daliniano”, que junto a la Casa Salvador Dalí de Cadaqués y el Teatro-Museo Dalí de Figueres, permite disfrutar de la peculiar obra del artista. Un lugar que el pintor Dalí acondicionó al detalle para regalárselo a su esposa como residencia. El último taller del artista y el mausoleo para su musa, un castillo medieval decorado al más puro estilo surrealista.

Recorrido por la historia del Castillo de Púbol

Castillo Gala Dalí

Castillo Gala Dalí, Púbol | Shutterstock

El Castillo Gala Dalí es un castillo de estilo gótico-renacentista que data del siglo XI. En esa fecha la torre del castillo era lo único que estaba en pie, el resto de la fortificación se construyó entre los siglos XIV y XV. La estructura del edificio consta de tres plantas dispuestas en torno a un patio alto. 

La primera documentación sobre él es del siglo XVI, cuando fue comprado por Arnau de Llers. En 1370 pasó a ser propiedad de Gisper de Campllong. Años más tarde, la familia se unió con los Requenenses y se convirtieron en barones de Púbol. Cómo curiosidad, se dice que el barón de Púbol cobraba en él los diezmos a sus vasallos. Cuando los pagos no eran correctos quemaba vivos a sus vasallos y los arrojaba al pozo.

Perteneció al barón hasta el siglo XVII que pasa a manos de distintas familias nobles como los Olmos o los Tormo. Después, la fortaleza pasó una etapa de abandono hasta que fue comprada en 1969 por Dalí.

La presencia de la figura de Salvador Dalí en el Castillo de Púbol

Castillo Púbol, Girona

Castillo Púbol, Girona | Shutterstock

Dalí compró la propiedad del castillo en 1969 por la cantidad de un millón y medio de pesetas, un castillo abandonado con un jardín semisalvaje. Una atmósfera misteriosa y romántica que el pintor se aseguró de mantener pues le cautivó nada más verlo. Era la inspiración que necesitaba y el regalo perfecto para su musa, una fortificación medieval para su dama.

Salvador Dalí se encargó de la decoración interior: representaciones pictóricas en muros y techos, falsas arquitecturas, simbología romántica y estancias decoradas al estilo barroco. Todo el castillo adquirió un ambiente delicado, diseñado exclusivamente para su esposa. De hecho, en todas las estancias se rinde culto a Gala, como si se tratara de una señora feudal.

Y la realidad fue esa, Gala “reinó” el castillo desde 1970 hasta su muerte en 1982. Su esposa fue mucho más que una musa, conocida como Gala, pero llamada Elena Dimitrievna Diakonova, era una artista prestigiosa. Escritora y diseñadora de ropa muy respetada en su época, colaboraba con algunas de las creadoras más importantes en la historia de la moda

Fue este castillo donde Gala llevó a cabo sus obras gracias a la soledad que le regalaba el pintor. Tanto es así que Dalí solo podía acceder a visitarla si recibía una invitación escrita de su puño y letra. Incluso es aquí donde Gala recibía a sus amantes sin tener que dar explicaciones, puesto que el matrimonio tenía una relación abierta.

Tras el fallecimiento de su esposa, el castillo pasó a ser el mausoleo de Gala. A la derecha de la tumba hay una lápida vacía que debía ocupar Dalí al morir, pero finalmente fue enterrado en el Teatro-Museo Salvador Dalí de Figueres. Cuentan que las dos tumbas están comunicadas entre sí para que los amantes se dieran la mano hasta la eternidad.

Dalí trasladó al castell de Púbol su taller, siendo este el último taller del pintor, pero no su última residencia. Tras un incendio en la propiedad, Salvador Dalí se trasladó a Figueres, dónde vivió los últimos años de su vida.

Un museo de arte surrealista, estancias llenas de detalles y muestras de amor a Gala

Trono de Gala, Castillo de Púbol

Trono de Gala, Castillo de Púbol | Shutterstock

Jardín de los elefantes, Castillo de Púbol

Jardín de los elefantes, Castillo de Púbol | Shutterstock

En la actualidad el castillo destaca por su arquitectura con orígenes medievales, pero con un estilo surrealista atípico en una fortaleza de la Edad Media. Y es que, tras comprar el castillo, Dalí aprovechó los desperfectos de las estancias y paredes para crear algunas de sus obras más surrealistas, todas ellas rindiendo culto a su esposa Gala.

En la primera planta, conocida como la planta noble o el Salón de los Escudos, se encuentra el trono de Gala, decorado con paisajes del Empordá y con varios trampantojos para ocultar los elementos modernos de la estancia, puesto que su esposa no quería verlos. 

En la buhardilla es posible encontrar vestidos de Alta Costura que pertenecían a su esposa, de diseñadores como Dior o Chanel; la habitación azul dónde dormía; y el lugar donde se encuentra el último caballete que utilizó Dalí. Junto a la estancia, se encuentra la antigua cocina del castillo, convertida en tocador.

Además, cabe destacar la joya del castillo, conocido como El Jardín de los Elefantes. Aquí se encuentran las famosas esculturas de Dalí, elefantes con largas patas que caminan por encima de la vegetación del salvaje jardín. Un recorrido romántico que deja sin aliento a todo aquel que lo visita, incluso una piscina con bustos de Wagner.

En el garaje es posible descubrir el famoso Cadillac azul que utilizaban para sus viajes, incluso el Datsun naranja que conducía Gala. Por último, el sótano, un lugar que era utilizado para celebrar fiestas.

El Castillo de Púbol puede ser considerado un santuario que rinde homenaje a la musa de Salvador Dalí. Uno de los puntos clave del Triángulo Daliniano, sin duda, tan peculiar como el resto de obras del artista. Una fortaleza medieval con un estilo surrealista que solo Dalí podía conseguir. Visita imprescindible en Girona.