En la comarca del Vallés Oriental, provincia de Barcelona, a poco más de 7 kilómetros del poblado de Sant Feliu de Codines, se encuentra el impresionante monasterio de Sant Miquel del Fai. En realidad se trata de un espacio formado por varios monumentos y lugares de interés que funcionan como un único complejo. Está inmerso en un enclave natural espectacular de esos que quitan el hipo, rodeado de cuevas, cascadas y recovecos montañosos cercanos a las aguas del río Tenes.

Fue designado Bien de Interés Cultural por parte del Estado en 1988, lo que aporta una idea del valor patrimonial de todo el monumento. Su estilo arquitectónico combina elementos del románico con otros propios del gótico catalán. Es un lugar ideal para realizar una escapada en coche para ver un complejo monumental interesante, curioso y con mucha historia detrás. Se puede, también, realizar varias rutas por las inmediaciones y otras actividades. Por eso, atrae a senderistas y amantes de la naturaleza.

Unas vistas del Monasterio de Sant Miquel del Fai, Cataluña, España

Unas vistas del Monasterio de Sant Miquel del Fai, Cataluña, España. | Shutterstock

Un lugar de culto ligado a los frailes benedictinos

El monasterio, sus alrededores y diversas construcciones colindantes han sido y son un lugar fascinante y religioso del cual existe documentación desde el año 887. Décadas más tarde de su primer asentamiento irrumpió la figura de Gombau de Besora, que fue un aristócrata muy creyente y devoto que tenía una gran influencia en toda Barcelona a finales del siglo X y principios del XI. Este noble adquirió los terrenos para, tras recibir importantes donaciones, fundar un monasterio que se levantó sobre la Iglesia de San Miquel. Fue el comienzo de algo grande.

Vista aérea del Monasterio de Sant Miquel de Fai

Vista aérea del Monasterio de Sant Miquel de Fai. | Wikimedia

Se puede decir que desde sus orígenes hubo una importante actividad religiosa en la zona. Muchos lugareños iban allí a rezar sus plegarias. Siempre hubo en la zona frailes desarrollando su labor de culto. Pero cabe reseñar que la casa del Priorato y otras partes del monumento no se levantó hasta el siglo XV, mucho después. En 1567, tras los relevantes procesos de secularización, fue objeto de obras de gran calado en las escaleras y el puente que llevan hasta el monasterio, incluso la propia parroquia sufrió algunas transformaciones. Ya en el siglo XIX pasó a ser propiedad de particulares y con el siglo XX se erigió como un importante destino turístico. En 1990 el espacio fue adquirido por un grupo de empresarios catalanes que lo han gestionado hasta la fecha.

Su uso turístico, desafortunadamente, no ha ido acompañado de un plan riguroso de conservación y eso lo ha notado el edificio y sus alrededores, en ocasiones desmejorados. No ha sido hasta 2017 que la Diputación de Barcelona ha entrado en escena adquiriendo una gran parte de la finca. Entonces es cuando se ha mejorado su protección y garantizado un correcto uso público. Actualmente todo el espacio ha ganado en calidad y habitabilidad.

Una iglesia troglodita nacida en una cueva

Una de las principales peculiaridades de la Iglesia de Sant Miquel del Fai es que fue construida aprovechando la misma piedra de una de las cuevas. Por eso dicen que tiene carácter troglodita. En ella se puede contemplar una capilla de estilo románico que data del siglo X.

El monasterio de Sant Miquel del Fai y su entorno natural

El monasterio y su entorno natural. | Shutterstock

Fuera, ubicado en la plaza de la Abadía, se encuentra la casa del Priorat anteriormente mencionada. El estilo gótico catalán alcanza su mejor representación con este edificio, construido en el siglo XV con el objetivo de sustituir a las pretéritas construcciones monásticas. Allí se estableció la Casa del Prior y las dependencias de los monjes que habitaban en el monasterio. Desde su mirador es posible disfrutar de unas de las vistas más bellas y emocionantes de todo el complejo.

Vista desde el camino que cruza por detrás de la cascada del río Tenes en el espacio natural.

Vista desde el camino que cruza por detrás de la cascada del río Tenes en el espacio natural. | Shutterstock

No hay que dejar de ver las dos cuevas de la zona. Por un lado la cueva de Sant Miquel, un auténtico refugio natural, lleno de impresionantes estalactitas y estalagmitas. Por otro, la de las Tosques, más escondida. Un lugar recóndito que exige ayuda profesional para llegar a sus inmediaciones. Se debe bajar por unos pasillos verdaderamente estrechos casi a modo de fusión con las rocas. Para visitarla es recomendable utilizar un calzado que agarre bien y sea impermeable para visitar la zona.

El espectacular salto del río Tenes

Un lugar realmente impresionante y al que llegan a diario muchos turistas. Así es el salto del río Tenes. Allí, en el refugio de las cuevas, se puede sentir la cascada caer en toda su dimensión. Su vibración, el torrente de ruido del agua al caer, la humedad, el latir de la naturaleza, un sitio prodigioso para los sentidos. Es recomendable cerrar los ojos y dejarse llevar.

Gente practicando senderismo en Sant Miquel del Fai

Gente practicando senderismo en Sant Miquel del Fai. | Shutterstock

Desde la zona de las cuevas se puede realizar el camino de la Ermita. Es un sendero hasta una ermita ruinosa que data del siglo IX y que es buen sitio para descansar un rato, respirar y meditar unos minutos. Es la Iglesia primigenia de la zona, a la que iban los peregrinos a rezar en aquellos tiempos.

Un espacio accesible que ofrece rutas para todos

Existe un servicio provincial de autobuses que parte desde Barcelona y que, parando antes por el pueblo de Sant Feliu, llega hasta toda la zona del monasterio de Sant Miquel del Fai. Pero, como es lógico, también está la opción de visitar el complejo con un coche particular. Todo el Espacio Natural, que así se le llama a todo el complejo turístico, consta de buenos accesos, una ordenación del territorio decente y equipamiento público.

salto del río Tenes

Cascada en Sant Miquel del Fai. | Shutterstock

Asimismo, y para los amantes del senderismo, existen varias rutas que se pueden realizar por la zona. La más sencilla es la ruta circular que parte de Riells del Fai, pasa por Sant Miquel del Fai y Turó de l’Ullar para volver a Riells del Fai. Son 12 kilómetros de sendero que se completa en apenas tres o cuatro horas y que puede hacer cualquiera que esté mínimamente en forma.

No es la única propuesta de ocio aparejada al monasterio. Son relativamente frecuentes los espectáculos alrededor de la zona o los talleres para niños o adultos. Como es lógico, también se ofrecen visitas guiadas para todos los públicos. Se puede disfrutar asimismo de una zona habilitada para los almuerzos e incluso de un bar para degustar algo mientras se visita la zona.