En 1878 Antoni Gaudí era apenas un recién graduado por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Tenía 26 años, toda su obra y vida por delante. Sin embargo, ya desde un primer momento, aquel chico reusense no dejaba de encadenar un trabajo tras otro. Aquellos primeros años Gaudí recibió el encargo de diseñar unas farolas para la plaza Real de Barcelona, una vitrina para la Guantería Esteban Comella y el mobiliario para la capilla-panteón del palacio de Sobrellano en Comillas. También en 1878 Gaudí recibiría su primer gran proyecto: el diseño de la Cooperativa Obrera Mataronense, de la cual hoy sólo queda la Nau Gaudí.

Nau Gaudí, Mataró

Nau Gaudí, Mataró | Wikimedia

Nau Gaudí, el edificio que sobrevivió

La nave, situada en la ciudad de Mataró, es probablemente el edificio más sencillo y simple que ideó el arquitecto. Esto es así, al menos en parte, debido al papel que debía cumplir el inmueble. En principio, Nau Gaudí iba a formar parte de un complejo industrial que seguiría el modelo de las colonias obreras. Esto es, naves fabriles donde trabajarían los empleados, junto a una treintena de casas, un casino con jardín y un edificio de servicios, entre otros inmuebles destinados al ocio de los obreros. La nave de Mataró fue la conocida como nave de blanqueo, pero no de dinero, sino de algodón. Al final, fue la única que sobrevivió al tiempo.

Arcos parabólicos de la Nau Gaudí

Arcos parabólicos de la Nau Gaudí | Wikimedia

El elemento más destacable de Nau Gaudí reside en su inclusión de 13 arcos parabólicos, siguiendo el estilo del arquitecto Philibert de l’Orme. De esta forma el artista catalán pudo aprovechar todo el espacio de la nave sin la necesidad de construir columnas o pilares. Fue una propuesta muy innovadora para aquellos años. Además, sería un recurso recurrente en las obras de Gaudí de finales del siglo XIX y principios del XX.

En un principio esta sala, declarada Bien de Interés Cultural, guardaba elementos como las calderas para lejías, la máquina de picar o la escurridora centrífuga. Ahora en cambio acoge la sede del Consorci Museu d’Art Contemporani de Mataró. Allí se encuentra expuesta la colección de Bassat, así como otras muestras de arte local.

Un baño con clase

Junto a la Nau Gaudí también se conservó un pabellón de letrinas, lo que viene siendo un baño público. A pesar de la adustez del edificio, los lavabos también cuentan con un par de características que el artista usaría más adelante. En primer lugar, la cubierta construida como vuelta elevada permite la renovación del aire. Un sistema que sería usado después en las torres de ventilación de la famosa Casa Vicens. En segundo lugar, están los detalles, esos que harían de Gaudí un arquitecto inconfundible. En este caso tan solo se trata de algunos azulejos de cerámica vidriada dispuestos en las ventanas y las puertas.

La Cooperativa Obrera Mataronense

Acuarelas del proyecto de Cooperativa Obrera Mataronense

Acuarelas del proyecto de Cooperativa Obrera Mataronense | Wikimedia

El proyecto inicial del que formó parte la Nave de Mataró era, como ya se ha dicho, mucho más ambicioso. En el siglo XIX proliferaron, además del comunismo y antes de que lo hiciera el marxismo, ideologías como el socialismo utópico o el cooperativismo. En 1864, en consonancia con estas ideas, el industrial Salvador Pagès i Anglada constituyó la Cooperativa Obrera Mataronense en Barcelona. Sin embargo, en 1874 el industrial decidió trasladarla a Mataró.

En un principio, las obras le fueron encargadas al ingeniero Joan Brunet y Alsina hasta que Gaudí retomó el trabajo. A pesar de haber realizado todos los planos de aquel proyecto, el artista sólo pudo llevar a cabo la nave de blanqueo, los servicios y un par de casas. Continuaría con el complejo hasta 1888, pero la falta de capital impidió ir más allá. Un proyecto que a pesar de quedar hecho añicos supuso el principio de la leyenda de Gaudí.