La Iglesia de la Vera Cruz es uno de los monumentos religiosos más visitados de Segovia, no solo por su impresionante arquitectura, sino también por las historias que la rodean. Se localiza en el barrio de San Marcos, en el camino a Zamarramala. Una pequeña localidad a 5 kilómetros de la capital, que pertenece al término municipal de Segovia desde la década de 1970.

Del mismo modo que su ubicación administrativa fue discutida, su construcción también es un tema muy debatido. Pero esta no es la única cuestión polémica sobre esta edificación religiosa. Quizás, quien se acerque lo suficiente, pueda escuchar los secretos fundidos en la argamasa de sus piedras. Palabras que labran historias sobre cuándo se edificó, por qué y sobre todo, quién lo hizo… El misterio permanece en pie desde principios del siglo XIII y todavía no se ha alcanzado un acuerdo. Hoy, todavía, resuenan esas voces.

Un lugar marcado por la historia

Alcanzar la Iglesia de la Vera Cruz de Segovia no deja indiferente a nadie. Tan solo su ubicación, por sí misma, resulta sorprendente para muchos, fuera de los límites de la ciudad. Se trata de un lugar muy especial, no solo por su localización extramuros. Sino también porque la iglesia se levanta sobre una ladera rocosa repleta de tumbas que se han excavado en la piedra.

Su fundación data de principios del siglo XIII, aunque todavía no se ha llegado a un acuerdo sobre su autoría. Aún hoy se discute si sus padres fueron los Caballeros de la Orden del Santo Sepulcro o los Caballeros de la Orden del Temple. Un ejemplo más, como tantos en la historia, de la dificultad de distinguir entre leyenda y realidad, realidad y leyenda.

Pero a la Iglesia de la Vera Cruz no le afecta este debate. Erguida sobre su talud pedregoso, permanece imperturbable al paso de los siglos, y ahora al ir y venir de los coches que, como tantos días y tantas noches, se acercan y se alejan.

Plano de la Iglesia de la Vera Cruz junto a la carretera

Plano de la Iglesia de la Vera Cruz junto a la carretera | Shutterstock

El año 1216 supuso un hito en la corta historia del templo. El Papa Honorio III le otorgó como reliquia un trozo de la Cruz de Cristo. Ahora, este testigo del Lignum Crucis se custodia en la nueva iglesia parroquial de Zamarramala, dejando vacío el retablo relicario en el que descansó durante más de cuatro siglos.

En un principio la Iglesia de la Vera Cruz fue iglesia parroquial de Zamarramala, hasta finales del siglo XVII, momento en el que se levantó una nueva sede parroquial, con el nombre de Iglesia de Santa María Magdalena. En el año 1692 la Vera Cruz se colocó bajo la tutela de la Virgen de la Paz, que, moldeada en piedra en uno de los ábsides, ha sido y es testigo de excepción de la historia. A pesar del cambio de titularidad y de nombre, siguió reconociéndose como Iglesia de la Vera Cruz, igual que hoy en día.

La desamortización significó un giro en el destino del templo de la Vera Cruz, llegando a utilizarse incluso como pajar. El año 1919 la vio renacer como lugar de culto y fue declarada Monumento Nacional por una Real Orden de ese mismo año. Pero no fue hasta después de la Guerra Civil cuando se acometió la restauración del edificio, entre 1946 y 1949 por Francisco Javier Cabello Dodero. Y ya rozando la década de los 50, el Ministerio de Educación Nacional cede la iglesia a la Orden de Malta, haciéndose oficial la toma de posesión en mayo de 1951.

Un recorrido por su arquitectura

La Iglesia de la Vera Cruz, levantada en mampostería, es un templo de estilo románico, con un cuerpo centralizado realizado en piedra labrada, al igual que las columnas, los arcos y los vanos. Consta de doce lados y dos cuerpos, a imagen de la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén. Una similitud que le valió ser reconocida con ese mismo nombre.

La parte central, una cubierta con forma piramidal, aloja una linterna. La cabecera, con orientación Este, en principio contó con un triple ábside, al que se sumó un cuarto como alojamiento de la sacristía. Todas estas son características asimiladas a los antiguos baptisterios romanos de las primeras épocas del cristianismo, imitados posteriormente en las construcciones de templos de Órdenes Cruzadas. Del mismo modo que se identifican en Torres del Río, Navarra.

Visión completa de la iglesia bajo el cielo del atardecer

Visión completa de la iglesia bajo el cielo del atardecer | Shutterstock

El interior queda iluminado por la luz natural a través de pequeñas ventanas saeteras que se abren en el muro de sillería. Un deambulatorio dividido en doce tramos rodea el edículo, o cuerpo central, formando distintos espacios abovedados. Sobre ese espacio central, cincelada en el arco, una inscripción fundacional recibe al visitante.

La portada principal está formada por un arco en herradura, con tres arquivoltas con adornos en zigzag, apoyadas sobre tres columnas con representaciones en sus capiteles. En ellos, además de motivos vegetales, David y Goliat, junto a un león, se entretienen contemplando el paisaje. Y en el otro lado, la Santísima Trinidad convive con un grupo de demonios encargados de atar a un pecador. Pero lo que realmente alimenta la leyenda de su construcción es la cruz ubicada en el centro, igual a la de la Santa Reliquia de la Vera Cruz. Además de dos cruces de Malta, en las albanegas.

Detalle de la portada principal de la Iglesia de la Vera Cruz

Detalle de la portada principal de la Iglesia de la Vera Cruz | Shutterstock

La puerta de acceso es más sencilla, pero merece la pena aguzar la vista para adivinar un relieve bastante deteriorado. En él, las tres Marías visitan el sepulcro vacío de Jesús, sobre el que se posa un ángel. A la derecha de esta puerta está la torre, en cuya base se sitúa la capilla del Lignum Crucis. En su interior el retablo de piedra caliza, ahora vacío, decorado con la corona de espinas, es lo primero que llama la atención. Pero la Iglesia de la Vera Cruz sobresale por mucho más, entre otros templos de corte románico.

Al poco de llegar, su visita, tanto interior como exterior, se transforma en una especie de hilo de Ariadna al que seguir. Sin soltar ese hilo el recorrido alcanza siglos de historia, frescos e inscripciones de encomiendas. Incluso se aprecian declaraciones de visitantes, prendados de la belleza que irradia la iglesia. Según Emilio Castelar, durante su recorrido en el siglo XIX “…es una de las obras que su contemplación más impone en las inteligencias…”. Algo que, sin duda, ningún visitante se atreverá a discutir.

La Iglesia de la Vera Cruz y su atmósfera de leyenda

Imagen de la cruz ante la fachada de la iglesia

Imagen de la cruz ante la fachada de la iglesia | Shutterstock

Algunos historiadores conceden a los Caballeros de la Orden del Temple la autoría de la Iglesia de la Vera Cruz buscando su parecido con la Cúpula de la Roca, en Tierra Santa. Pero la leyenda de la fundación templaria no solo se alimenta de su parecido arquitectónico con las edificaciones de esta orden. Ni tampoco del documento del Papa Honorio III en el que se indica que se envía a la Orden Templaria una reliquia de la Vera Cruz. La leyenda templaria de la Iglesia de la Vera Cruz, conocida durante mucho tiempo como Iglesia del Santo Sepulcro, trasciende arquitecturas y misivas papales.

Es necesario sumergirse en las historias que, en la voz de las gentes del lugar, se entretejen con la historia oficial. Es esta tradición oral la que sitúa la muerte de un caballero templario en el curso del año 1162, y el traslado de su cuerpo hasta los muros de la edificación. Parece que, durante la noche, el caballero que velaba el cuerpo quedó dormido, momento que los grajos aprovecharon para penetrar en la iglesia y destruir el cuerpo. Al cabo de un rato, el vigilante despertó y horrorizado espantó a las aves maldiciéndoles con la prohibición de entrar de nuevo en aquel lugar santo. Se dice que, desde aquel momento, no han vuelto a verse grajos acercarse a las piedras de la Vera Cruz. Solo las golondrinas vigilan el templo.

Otra leyenda localiza en la parte subterránea de la iglesia imponentes tesoros templarios. Grandes riquezas que fueron enterradas allí por caballeros cuyos cadáveres todavía los custodian hoy en día. Manteniéndose en guardia y dispuestos a paralizar con rayos fulminantes a quien se atreva mover siquiera una sola de las piedras.

Estas historias acompañan inevitablemente la visita. El recorrido de la Iglesia de la Vera Cruz se realiza cogido de una mano neblinosa que lo guía. Una niebla de misterio y energía que se percibe ya en las inmediaciones del lugar. Claroscuros de preguntas sin respuesta, cuartos secretos y el número doce que lo envuelve todo, dejando entrever la profunda huella de su simbolismo. Doce apóstoles, doce signos zodiacales, doce tribus de Israel, doce puertas de Jerusalén, 12 meses del año y, los doce lados de la Iglesia de la Vera Cruz de Segovia.

Panorámica del Alcázar de Segovia, iluminado durante la noche

Panorámica del Alcázar de Segovia, iluminado durante la noche | Shutterstock

El misterio está servido y acompaña al viajero en su regreso. Es difícil sacudirse el polvo de su historia, aún acercándose a conocer el Alcázar o llegando hasta Madrid o Ávila. Ni siquiera relajándose por la zona, descubriendo la Granja de San Ildefonso o los preciosos pueblos que por allí se esconden, es sencillo abstraerse. La visita a la Iglesia de la Vera Cruz queda siempre en el recuerdo.