Aunque ahora nos resulte una obra monumental, impresionante, sobrecogedora incluso, lo cierto es que el acueducto de Segovia fue ideado con fines prácticos. No deseamos ser tampoco malinterpretados: por supuesto que los romanos eran conscientes de sus capacidades y de los monumentos que estaban dejando a su paso. Pero lo que sobre todo esperaban de lo que hoy denominamos maravilla era que fuera útil. Que sirviera para que los habitantes de esta antigua ciudad romana pudieran tener agua a su disposición.

La palabra acueducto, si alguna vez os lo habíais preguntado, proviene de la unión de dos palabras latinas: aqua, agua, y ducere, conducir. No podían haber sido más claros en sus intenciones. Jamás hubieran imaginado que esta obra terminaría siendo Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Jamás lo hubieran imaginado porque, al fin y al cabo, no existía la UNESCO, ni los Patrimonios de la Humanidad, pero seguro que se enorgullecieron igualmente de esta obra.

¿Por qué fue importante?

Insistimos en los fines prácticos, porque es necesario hacerlo. Allá por el siglo II d.C., Segovia era una ciudad romana repleta de cuestas, desniveles y con un camino hasta la sierra de Guadarrama de más de 15 kilómetros. Como lo es hoy en día, pero menos romana que antaño. Sus pobladores tenían que recorrer cada día este camino para obtener agua de lo que hoy es el manantial de la Fuenfría. Cada día. 15 kilómetros. Así que cuando estos pobladores descubrieron las bondades de los acueductos no tuvieron dudas. Por qué andar un montón a diario para buscar agua cuando ese agua puede llegar a ti. Por esto fue importante: fue el proveedor oficial de agua de la ciudad.

Acueducto de Segovia

Acueducto de Segovia | Shutterstock

Esto no es todo, claro, porque estamos hablando del gran imperio romano. Estamos hablando del gran imperio romano, además, en un momento de esplendor. De glorias, crecimiento y desarrollo. Así que este acueducto de Segovia se sumó a las muchas obras que se construyeron durante estos años de dominio romano. Encontramos otro ejemplo contemporáneo en un extremo de la península y en nuestra lista de maravillas: el anfiteatro de Tarragona. Los ingenieros romanos sabían lo que hacían.

¿Cómo empezó la historia del acueducto?

Detalles del acueducto de Segovia

Detalles del acueducto de Segovia | Shutterstock

Hasta hace relativamente poco tiempo, se consideró que el acueducto romano era más antiguo de lo que hoy se sabe que es. Los últimos estudios en torno a los materiales empleados permiten fijar como fecha de construcción principios del siglo II. Bien durante los últimos años del gobierno de Trajano (98 – 117 d.C), que cubrió de gloria el imperio, bien durante los primeros de Adriano (117 – 138 d.C.), que supo estar a la altura de su predecesor. Ese esplendor puede sentirse en cada arco de los 167 que componen la parte visible del acueducto de Segovia.

167 arcos construidos con 120 pilares, con material extraído de la misma sierra de Guadarrama. Estos bloques de piedra están unidos sin ningún tipo de argamasa, sostenidos por un perfecto estudio de las fuerzas de empuje que todavía hoy sorprende. Y maravilla.

167 arcos que parecen imposibles y que alcanzan una altura de 30 metros en su punto más alto: en el centro mismo de la ciudad de Segovia. Antes, este recorrido de 15 kilómetros es en su mayor parte subterráneo. Todavía hoy en día puede visitarse el punto exacto en el que los romanos iniciaron esta gran obra. Atendiendo a sus singularidades, sus dimensiones y ese punto central que se alza en el casco antiguo, casi puede uno creer que es obra del diablo, como reza una antigua leyenda.

¿Cómo ha llegado así a nuestros días?

En su punto más alto, el acueducto de Segovia alcanza casi 30 metros

En su punto más alto, el acueducto de Segovia alcanza casi 30 metros | Shutterstock

Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, el acueducto es hoy en día el símbolo más representativo y reconocible de Segovia. Ha perdido, como es evidente, su función práctica. Los segovianos no necesitan llegar hasta la sierra, ni que la sierra llegue hasta ellos, para ingerir las cantidades necesarias diarias de agua. A nadie se le pasa por la cabeza, en cualquier caso, derribar este monumento sólo porque haya perdido su utilidad. Estas maravillas son maravillas al margen de su cometido actual, que consiste simplemente en maravillarnos. Y también enseñarnos, o recordarnos, quién estuvo antes.

Así que el acueducto de Segovia ha permanecido inmutable durante siglos. Va camino de cumplir veinte. Sí ha sido, sin embargo, objeto de cuidados: hacia finales del siglo pasado, se habían intervenido más de 15 pilares para evitar su deterioro. En este año 2021 de nuestra era, el tránsito de vehículos a su alrededor no está permitido y la zona de protección del monumento se ha ampliado en los últimos tiempos. Nos parece eterno, porque siempre ha estado ahí, porque siempre ha estado así, pero hay que cuidarlo.

¿Por qué nos sigue alucinando?

Acueducto de Segovia desde la Avenida del Acueducto

Acueducto de Segovia desde la Avenida del Acueducto | Shutterstock

Nos parece eterno también porque nos sentimos indefensos bajo sus arcos, ante su enorme tamaño, creyendo por un momento que no ha podido ser obra del hombre. Por eso es una maravilla. Y por la armonía con la que se relaciona con el resto de una ciudad que ha conservado su pasado. Está en el epicentro de ésta y casi parece un elemento más, pero no lo es. Entiendes que no lo es cuando no dejas de advertirlo en la distancia, mientras callejeas por el casco antiguo. Entiendes que no lo es cuando topas de frente con él y te sientes diminuto.

El acueducto de Segovia es una maravilla desde su misma concepción. Lo es por su construcción, de una complejidad extrema para la época, de una ejecución excelente. Lo es porque representa, además, un periodo dorado de la historia del imperio romano. Y lo es porque, simplemente, así lo sientes. Así te sale pensarlo. Lo ves y piensas: qué maravilla.

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