El sol aprieta ligeramente, pero en León rara es la vez que su contacto quema. Hoy no ha sido menos. A finales de junio y mientras el resto de la península sufre las brasas del sol veraniego, en León hace un día espléndido para una ruta. El camino que empezaba desde Puebla del Lillo ha discurrido hasta el lago glaciar de Isoba. La abundante y verde hierba que cubre sus alrededores es la mullida recompensa a una ruta de poco más de cinco kilómetros, sin contar la vuelta. Ahora toca el bocadillo. Mientras, las ranas están inmersas en una fascinante conversación que se encargan de que todo visitante conozca. El lago de Isoba es su casa. Eso que quede claro.

Ejemplar de ranita de San Antonio o rana verde

Ejemplar de ranita de San Antonio o rana verde | Shutterstock

Un espectáculo natural entre los Picos de Europa

Emplazado en una pequeña depresión del terreno a casi 1.400 metros de altitud, el lago de Isoba se abre camino en el Parque de los Picos de Europa leoneses. Parte del valle de Langreo, esta masa de agua de unos 400 metros de diámetro reposa bajo el imponente pico de Peña San Justo desde que fuera formada por allá en la última glaciación cuaternaria.

El lago Isoba se caracteriza por su escasa profundidad, de apenas unas decenas de centímetros en la mayor parte de su superficie. Este hecho permite la proliferación de abundante vida animal y vegetal. Así, la vegetación palustre salpica de verde las orillas de Isoba y ampara a una ruidosa colonia de rana verde cuyos cánticos atraen a depredadores como cigüeñas y garzas.

Lago de Isoba

Lago de Isoba | Shutterstock

En el mismo valle que da cobijo al lago, es posible visitar un chozo de pastores tradicional que fue restaurado hace tan solo unos años. En la Montaña Oriental Leonesa es habitual ver dos modelos: el de horma y el de pie. El chozo de Isoba pertenece al de horma. Así, consiste en una base circular de piedras sobre la que se eleva un cono de piezas de madera largas y delgadas. A unos metros del mismo está el albergue contemporáneo de los pastores: un refugio moderno, mucho más similar a una pequeña casa. Actualmente, entre mediados de junio y finales de septiembre rebaños de ovejas merinas aún transitan por los pastizales que rodean al lago.

La leyenda del lago: “¡Húndase Isoba!”

En el siglo X, el renacer de la España de Al-Ándalus, liderada por el canciller del Califato de Córdoba conocido como Almanzor, trajo consigo el terror de muchos cristianos. Con la intención de huir de las garras del chambelán musulmán, algunos peregrinos, en su periplo a Santiago de Compostela, decidían usar los caminos que atravesaban las montañas. Uno de estos caminos transitaba por el bello lago Isoba. Hasta aquí la historia es verídica.

La leyenda cuenta que uno de aquellos viajeros llegó al valle de Langreo muerto de sed, hambre y cansancio. El peregrino llamó una por una a todas las puertas de Isoba, pero su único incentivo era la frase “Dios le ampare”, seguida de un portazo. Tan solo hubo dos que socorrieron al extenuado viajero: el cura y la conocida como pecadora, una mujer de la zona que, se decía, era la madre soltera del cura.

A la mañana siguiente, antes de emprender de nuevo el camino a Compostela, el peregrino exclamó: “¡Húndase Isoba, menos la casa del cura y la de la pecadora!”. De repente, un torrente de agua descendió de las montañas y anegó al pueblo. Solo dos viviendas quedaron en pie. Así, cuenta esta historia, es cómo nació el lago de Isoba.

Isoba, el último pueblo de León

Pueblo de Isoba con los Picos de Europa de fondo

Pueblo de Isoba con los Picos de Europa de fondo | Shutterstock

Por suerte, en realidad el pueblo nunca se hundió. Sus escasas y pequeñas casitas, así como su iglesia, siguen en pie con apenas unos 14 habitantes permanentes. Isoba se extiende a la entrada del puerto de San Isidro, donde la estación de esquí hace de reclamo turístico los meses de invierno. Asimismo, se trata del último pueblo de León antes de pasar a zona asturiana.

A pesar del tránsito de turistas en los meses de funcionamiento de la estación de San Isidro, el estilo de vida del pueblo se mantiene varado en el tiempo. De esta forma, la ganadería sigue siendo la principal actividad económica de la zona. Además, cerca de Isoba no solo es posible visitar el lago del mismo nombre. El lago Ausente o las lagunas del Valle del Haza también ofrecen destinos bellos y naturales. Por supuesto, tampoco falta el senderismo.

La ruta al lago de Isoba

Para visitar el lago glaciar hay que tener en cuenta que no es necesario hacer ninguna ruta. Ir en coche también es posible, ya que se puede aparcar cerca de la carretera LE-332. Sin embargo, para quien prefiera disfrutar un poquito más del paisaje existe la opción de caminar a través de la ruta PR-LE 17 señalizada con balizas, que consta de unos 12 kilómetros en total y una baja dificultad.

El sendero comienza en el municipio de Puebla de Lillo, a 70 kilómetros de la capital de la provincia. Hay que tomar el camino que conduce a los depósitos de agua. Después, la naturaleza asalta al visitante por doquier. Primero, el caminante discurre entre los árboles del robledal de Polvoredo hasta llegar al Alto de la Vega del Río Silván, parada obligatoria. El camino continúa entre rocas, montañas y paisajes que quitan el aliento. En estos lindes se pueden observar los restos de las antiguas minas de talco de San Andrés, que fueron explotadas entre los años 20 y 90.

Puebla de Lillo, León

Puebla de Lillo, León | Shutterstock

Ya hacia el final, después de atravesar el costado oeste del pico de Peña Niales, el lago de Isoba se extiende como un bello trofeo al caminante. De repente, en las orillas del estanque algo comienza a moverse entre la vegetación. Son las ranas que saltan de un lado a otro en una sinfonía de voces que anuncian el fin de la ruta.