El viajar es parte del más profundo ser de la Maragatería. Esta región leonesa está en medio, literalmente. Su posición permitía conectar Castilla al oriente con las occidentales comarcas del Bierzo así como las tierras gallegas. Fruto de ello surgió con fuerza el fenómeno arriero, tan maragato como el pueblo que protagoniza este artículo: Castrillo de los Polvazares. Una pequeña localidad en la que la esencia errante de sus antiguos comerciantes sigue viva en forma de arquitectura y peregrinos.

Castrillo de los Polvazares en la Maragatería

La piedra es clave en este rincón de la Maragatería. | Shutterstock

Parte de casi cualquier lista que verse sobre pueblos más bonitos de su comunidad y del país, Castrillo de los Polvazares se sitúa muy cerca de Astorga. De hecho, es parte del municipio que encabeza por el norte la Vía de la Plata. No es casualidad que desde época romana la zona fuera un nido de comunicaciones. Algo menos de ocho kilómetros separan las antiguas murallas, las celdas, la catedral y el palacio episcopal astorgano, de las empedradas calles de la pedanía. Como curiosidad, se cree que el nombre tiene que ver con la cercanía de un par de castros.

Castrillo de los Polvazares en la Maragatería

Los amplios pórticos permitían el paso de carros. | Shutterstock

La mayor característica de la localidad es su uniformidad. Un ocre similar pinta de fachadas a la misma calzada. A esta no pueden acceder coches que no sean de residentes, lo que hace que luzca en perfecto estado. Las viviendas son reminiscencias claras del fenómeno arriero. Portones amplios dejaban entrar a los carros muleros que los maragatos llevaban a Galicia o Asturias para recoger pescado. En los amplios patios y galerías podían descansar y reabastecerse en su camino a la meseta, donde se aprovisionarían de aquello que faltaba en el norte. La piedra es una seña de identidad local, donde abunda la pizarra. Todo ello crea un entorno encantador.

Un cocido camino de Santiago

Pero más allá de por listas de sitios bonitos, Castrillo de los Polvazares es conocida por dos elementos. Uno de ellos es el Camino de Santiago. El espíritu errabundo de los maragatos tiene en aquellos que se dirigen a la catedral compostelana una suerte de reflejo. El Francés, la ruta más famosa y recorrida pasa por las calles de la pedanía astorgana. Un bello recuerdo camino de Santa Catalina de Somoza, Rabanal del Camino, Foncebadón, la Cruz de Fierro y más allá El Bierzo. Superar el puente sobre el Jerga y desayunar es una costumbre que ha contribuido al reconocimiento del lugar. Además, como parte del fenómeno jacobeo es Patrimonio de la Humanidad.

Castrillo de los Polvazares en la Maragatería

El aspecto más tradicional marca a Castrillo de los Polvazares. | Shutterstock

Al estar tan al lado de Astorga no muchos peregrinos llegan a la población a una hora decente para probar su otro elemento estrella. Se trata del archiconocido cocido maragato. No podía ser de otra forma, este guiso es muy particular. Como otros de su especie, se basa en unir garbanzo, repollo y productos cárnicos locales. Sin embargo, sus vuelcos se sirven al revés. Primero se toman las carnes, después la verdura y la legumbre para culminar con la sopa. Se supone que de ello tienen culpa también los arrieros.

De esta forma, el mejor plan para conocer esta bella localidad de León es llegar pronto, reservar en uno de sus restaurantes para asumir el reto del cocido maragato y dar una vuelta. Mientras se contempla el pasar de los peregrinos y se hace hambre, se puede presenciar un paisaje que deja claro por qué triunfó ser comerciante. Aunque sereno y ciertamente atractivo, la tierra no era la más productiva. Por ello los hombres se dedicaron a viajar hasta que el ferrocarril les quitó su forma de vida. Las mujeres quedaron exprimiendo con valor lo que el suelo generaba o mantenía.

Castrillo de los Polvazares en la Maragatería

Vista aérea de Castrillo de los Polvazares. | Shutterstock

La mencionada Santa Catalina de Somoza es otro ejemplo de maragatería. Siguiendo el Camino de Santiago también resultan curiosos los también referenciados Rabanal del Camino, a los pies del Monte Irago, y Foncebadón, un pueblo resucitado por el paso de peregrinos cerca de la cima. Astorga es otro lugar imprescindible. La base más obvia para una escapada que incluya a Castrillo en su itinerario es el mejor punto de entrada gracias a la A-6. Más lejos, El Bierzo o la misma León son alternativas igualmente apetecibles. Sea como fuere, la visita merecerá la pena.