Tobera es una localidad situada en el municipio de Frías, dentro la comarca de las Merindades en la provincia de Burgos. Se trata de uno de los tantos lugares espectaculares que guarda Castilla y León. Las cascadas del río Molinar son la seña de identidad de este pequeño rincón burgalés, cuyas primeras referencias han de buscarse a principios del siglo XI. En aquel momento, Gómez Díaz y su mujer vendieron al Conde Don Sancho la villa de Oña. A cambio recibieron este lugar plagado de casas y molinos que posteriormente, en 1489, pasó a ser un barrio fredense, además de uno de sus grandes atractivos.

Una de las cascadas de Tobera

Una de las cascadas de Tobera. | Shutterstock

El agua como punto de unión

El río Molinar, que desciende desde un escarpado desfiladero, une a la vez que separa al pueblo en dos zonas. A su paso se forman multitud de cascadas y su discurrir atraviesa rincones tan pintorescos como el puente romano-medieval. Justo al lado se encuentra la ermita de Santa María de la Hoz y a sus pies la del Cristo de los Remedios. La primera, del siglo XIII, se edifica sobre los restos de un templo anterior. De estilo románico tardío muestra algunos elementos góticos y se documenta como hospedería para los peregrinos del Camino de Santiago, de uno de los ramales del Camino Francés.

Santa María de la Hoz

Santa María de la Hoz y conjunto medieval de Tobera. | Shutterstock

Está compuesta de una única nave decorada con frescos. Una vez al año se celebra la romería de la Tobería, momento en el que es posible visitar la ermita. El altar de caminantes o humilladero del Santo Cristo de los Remedios del siglo XVII guarda una talla de Cristo Auxiliador en una vitrina. A sus pies destaca una serpiente tallada. La leyenda dice que un día pasaba el correo de la reina y su caballo se desbocó cuando se encontró uno de estos reptiles en el puente. El mensajero se encomendó al Cristo de los Remedios y se salvó.  Agradecido, mandó erigir el santuario, cuyo altar fue el predecesor del que hoy día se puede admirar.

Desde este punto es posible seguir el Paseo del Molinar para poder disfrutar de las diferentes cascadas y miradores de Tobera. Unas escaleras de piedra, en el margen derecho del río, acompañan a los visitantes hacia un lugar donde se puede contemplar la primera caída de agua. A partir de allí las calles del pueblo dejan disfrutar en su recorrido de hasta cinco saltos.



El recorrido concluye en una impresionante cascada que se precipita en el viejo puente de Tobera. Lo más habitual es regresar a la ermita por la ribera izquierda. Una gran alternativa es realizar un picnic en las mesas habilitadas en esa zona. Cabe mencionar que el pequeño puente formaba parte de la calzada romana que unía esta zona con los pueblos del norte.

Puente medieval de Tobera

Puente medieval de Tobera. | Shutterstock

El agua como fuente de riqueza: del molino de papel a la central eléctrica

Antaño fueron muchos los molinos que funcionaron a pleno rendimiento aprovechando la energía que ofrecía el caudal de la cascada. Ya en el siglo XII se documenta una fábrica de papel, considerada una de las más antiguas de España. Los molinos papeleros aprovechaban la fuerza motriz del agua para generar un papel de calidad y larga duración.

Durante los siglos XVI y XVII estos batanes o molinos surtieron de papel a la mayor parte de imprentas de la ciudad de Burgos. De la misma manera se documenta la producción de lanas y linos en la misma época. Hoy en día, la central hidroeléctrica de la villa de Tobera es la encargada de aprovechar toda esa energía hidráulica.

Cascada cargada en Tobera, Burgos

Cascada cargada en Tobera, Burgos. | Shutterstock

El agua como seña de identidad

La garganta que atraviesa los montes Obarenes fue una importante vía de comunicación que unía La Bureba con Orduña a través de una calzada romana. Ese desfiladero, a modo de tubo, da nombre al pueblo de Tobera. Cuenta la leyenda que las piedras calizas o tobas depositadas en el agua son princesas. Las muchachas prefirieron convertirse en piedra antes de ser mancilladas por villanos. Con estas rocas está construida la propia ermita de Nuestra Señora de la Hoz.

Caída de agua en Tobera

Caída de agua en Tobera. | Shutterstock

Uno de los mejores momentos del año para disfrutar de las cascadas que atraviesan esta pequeña villa es la primavera, justo después del deshielo. El recorrido total, ruta fácil y de un poco más de 1 kilómetro, se puede realizar en 30 o 45 minutos. Entonces el ruido de las aguas es una de las características más señeras del lugar. Un gran flujo fluvial resulta ensordecedor, generando un peculiar ambiente.

Cascada en Tobera

Cascada en Tobera. | Shutterstock

Un complemento perfecto a una escapada en el lugar espera en la cabeza del municipio al que pertenece. Frías es considerada la ciudad más pequeña de España. Dicho título fue dado en 1435. Hoy se conforma como un pueblo de curioso perfil. Encaramado a lo alto de un monte, su castillo se eleva sobre un risco de forma espectacular. Un ambiente medieval que confirma la remozada iglesia de San Vicente, en el otro extremo. Sobre un abismo, como las ermitas de Mont-Rebei, fue víctima de expolio durante principios de siglo. Entonces perdió su pórtico románico. En todo caso, toda la localidad supone un buen lugar donde echar el día.