Las Merindades es una comarca repleta de atractivos. Una de sus características se encuentra en la mezcla de elementos naturales y culturales. Por ejemplo, Ojo Guareña combina una serie de cuevas espectaculares con una ermita repleta de frescos. A este respecto destaca Puentedey, un lugar de Burgos que como su propio nombre indica, está marcado por una estructura que se consideró largo tiempo divina.  Se trata de un arco de roca que el río Nela ha ido tallando durante millones de años sobre el que se ha erigiendo una localidad.

Boca del Puente de Dios de Puentedey

Boca del Puente de Dios. | Shutterstock

Un puente natural perfecto

Debido a su planta el hito geográfico se conoció desde la Edad Media como el «Puente de Dios», de donde deriva directamente el topónimo actual del pueblo. Se trata de una larga galería natural, que se fue ensanchando debido a la acción fluvial. El Nela está en su curso alto al paso por la localidad, al nacer al noroeste, junto en la frontera con la provincia de Cantabria. El efecto de la erosión es el que fue abriendo un hueco alargado en la pared.

Interior del arco de Puentedey

Interior del arco de Puentedey. | Shutterstock

En un principio se considera que el paso sería más angosto y alargado. Sin embargo, finalmente adquirió sus dimensiones actuales. La estructura alcanza los 15 metros de altura y supera los 30 de ancho en su punto más abierto. Asimismo, se estira por un total de más de 70 metros. La robustez sin duda es uno de sus puntos fuertes, algo que queda claro al ver tanto el grosor del arco como los edificios a los que da asiento.



Puede atravesarse, lo que permite conocer el interior del enorme arco de piedra. Algo para lo que hay que prestar atención a cómo de cargado vaya el Nela. Durante las distintas horas del día los reflejos de la luz en las rocas van haciendo aparecer diferentes tonalidades. Por tanto, en una misma jornada se puede observar cómo varía el puente natural. Posee varias oquedades, como la puerta del viento, que se cuenta que servía para limpiar el grano.

Puentedey y paso de carretera sobre el Nela desde donde suelen tomarse las fotografías del arco

Puentedey y paso de carretera sobre el Nela desde donde suelen tomarse las fotografías del arco. | Shutterstock

Los monumentos del Puente de Dios

Hay registros escritos de Puentedey desde la Edad Media. Entonces se cree que la localidad estaba protegida por una muralla. De esto se deduce a su vez que no era ajena a los conflictos. Sea como fuere, su protección era relativamente fácil por la combinación de la infraestructura defensiva y la privilegiada orografía. A mediados del siglo XIV estaba supeditada a la autoridad de Aguilar de Campoo.

Sierpe en la iglesia de Puentedey

Sierpe en la iglesia de Puentedey. | Shutterstock

Con el tiempo pasó a ser una zona de señorío y más tarde a ser cabeza de ayuntamiento, la Junta de Puente Dei. Una oquedad del entorno del Puente de Dios, la Cueva de los Santos, fue el sitio donde se hacían las reuniones entre los líderes de esta localidad, Quintanabaldo y Brizuela. Hasta 1900, año en que se integró en la Merindad de Valdeporres, mantuvo el estatus municipal.

De este pasado destacan dos edificios sobre el arco de roca. La iglesia de San Pelayo todavía guarda elementos de su primigenia época románica. Como es habitual en la zona, con el tiempo fue adquiriendo otros estilos para generar un todo ecléctico. Lo que más destaca de ella es su portada, antigua, en la que sobresale la imagen de una sierpe. Se ha interpretado como la lucha de San Jorge con el dragón. Sin embargo, también se han lanzado hipótesis más folclóricas, atadas a un origen mítico del Puente de Dios.

Palacio de los Brizuela y panorámica de Puentedey

Palacio de los Brizuela y panorámica de Puentedey. | Shutterstock

En el otro extremo del Puente de Dios queda el palacio de los Brizuela. Este castillo de la Edad Moderna fue obra de los Fernández-Brizuela y consta de un par de fuertes torreones. Estos se unen por zonas intermedias, que terminan de crear el complejo. La familia que lo elevó tuvo importantes cargos en toda Castilla, de Las Merindades a Madrid. Desde su forma original en el siglo XV/XVI hasta la actualidad ha sufrido cambios, pero sigue mostrando una silueta poderosa. Sus principales actuaciones bélicas tuvieron que ver con revueltas locales en el XVII.

Puentedey y sus alrededores

La ubicación de Puentedey hace que sea perfecto para realizar grandes rutas de senderismo. Así, la opción más sencilla supone encaminarse al norte. Allí aguarda la cascada de la Mea y su barranco dejan unas postales espectaculares. Entre paredes de piedra y bosques, presenta su mejor cara durante las épocas de lluvias y el deshielo. En verano y el principio del otoño, sin embargo, suele ir poco cargada. En todo caso, la roca que rodea la caída de agua resulta espectacular siempre. Entre ida y vuelta no se alcanzan ni los cuatro kilómetros, por lo que es apta para todos los públicos.

Vista del Puente de Dios de Puentedey

Vista del Puente de Dios. | Shutterstock

Algo más adelante quedan los canales del Dulla. Se trata de una serie de profundos cañones que se distribuyen en la frontera entre la merindad de Valdeporres y la de Sotoscueva. Es habitual plantear un recorrido que parta de Puentedey y regrese de forma circular al mismo pasando por Quintanilla de Valdebodres. En este caso las distancias pueden llegar a superar los 15 kilómetros de querer ver varios barrancos, aunque siempre se pueden recortar según el gusto de quien lo haga. De nuevo el bosque acompaña, en un entorno puramente natural.

Sin embargo, el plato más fuerte que queda a tiro de piedra de Puentedey es el monumento natural de Ojo Guareña y su ermita de San Bernabé. Ambos, ya referidos al principio, componen un todo realmente único. Por un lado están más de 400 cuevas que generan un complejo de 110 kilómetros de galerías. De gustar las formaciones telúricas, la cueva Palomera es la mejor opción, ya que despliega un notable rango de las mismas. Mientras tanto, el templo destaca por estar completamente adaptado a la oquedad natural. Frescos modernos narran la vida de San Tirso, la advocación original del lugar.

Cascada de la Mea

Cascada de la Mea. | Shutterstock

Por último, quedan ciertas poblaciones de interés en los alrededores. Espinosa de los Monteros es célebre por la tradición que le llevó a aportar un cuerpo de protección real que se encargaba de la vigilancia nocturna de los monarcas castellanos. En la actualidad se trata de un enclave que destaca por sus casas señoriales y ambiente tradicional. Medina de Pomar, que llegó a ser capital de Las Merindades, destaca a su vez por el Alcázar de los Velázquez. Más lejos, aunque igualmente impresionante, Frías se eleva sobre un risco y cuenta con núcleos asociados tan bonitos como Tobera y sus largas cascadas.