Dominando el alto Ebro burgalés, al entrar en el Valle del Manzanedo, comarca de las Merindades, se alza inquietante el Monasterio Santa María de Ríoseco. O lo que queda de él. La primera vez que se habla del monasterio es en el año 1171, cuando fue donado por sus propietarios a la comunidad del Císter de Quintanajuar, pueblo en el que se asentaron sus primeros cimientos. Decir, como curiosidad, que a los cistercienses, orden monástica católica reformada, también se les llamó “monjes blancos” por su indumentaria: hábitos blancos bajo escapularios negros.

La comunidad cisteriana, movida por las donaciones de Alfonso VIII, que desea pacificar la frontera de Castilla con Navarra, se traslada en 1184 a San Cipriano Montes de Oca, en La Rioja. Pero no les gustaba vivir allí, por lo que fueron adquiriendo terrenos, mediante compras y donaciones, en el Valle de Manzanedo. En 1204, sin consultar al Capítulo General de la Orden y con el descontento del rey, se mudan a Rioseco, al pie de un arroyo en Fuente Humorera que desemboca en el Ebro. La importancia del plan hidráulico de los monjes justifica el levantamiento de la abadía junto al río.

Su periplo termina en 1236, año en el que se trasladan hacia su último y definitivo emplazamiento, tras la compra del terreno a los señores de Medina de Pomar. En esa ocasión, cuentan con la autorización del Capítulo General, ya que el “monasterio primitivo” había sido arrasado por una inundación.

Monasterio de Santa María de Rioseco

Monasterio de Santa María de Rioseco | Shutterstock

En 1835, la ley desamortizadora de Mendizábal, que permitía la venta de los bienes monásticos, puso fin al monasterio, ya por entonces en ruinas. Su cesión por parte del comprador al arzobispado de Burgos, convirtió al expoliado y degradado edificio en parroquia de las granjas del monasterio. En 1964, tras celebrarse la última boda, la iglesia dejo de estar en uso. Poco a poco, a partir de la década de los 70, el que había sido un monumental edificio, prosiguió su camino hacia la degradación y el olvido.

Hasta que en 2010 el colectivo Salvemos Río Seco, empeñado en salvar al monasterio del olvido, comienza su recuperación. A través de obras de consolidación de sus restos y dando difusión a su importancia histórica, con acciones culturales y turísticas, se ha conseguido una revalorización, por parte de los ciudadanos y las instituciones, del monumental edificio. En enero de 2019, el conjunto fue declarado Bien de Interés Cultural por Castilla y León.

Cisterciense, renacentista y barroco: las tres fases constructivas

Vistas del monasterio de Santa María de Rioseco de noche

Vistas del monasterio de Santa María de Rioseco de noche | Shutterstock

Santa María de Rioseco fue considerado uno de los monasterios cistercienses más importantes del norte de Burgos. Se conoce como arte cisterciense el llevado a cabo por los monjes de esta orden en la construcción de sus abadías a partir del siglo XII, cuando la orden religiosa comenzó a expandirse. La etapa cisterciense, también llamada “etapa de creación”, se desarrolló entre los siglos XIII y XIV y en ella predomina la sobriedad ornamental.

El Monasterio Santa María de Rioseco, claro ejemplo de este estilo, carece de adornos, haciendo honor a los mandatos de su orden, basados en el ascetismo y la pobreza. El aislamiento y la clausura, principios de los cistercianos, determinaron que este arte se desarrollase en construcciones interiores. Al periodo citado corresponde la iglesia del monasterio. También un claustro y una sala capitular diferentes a las de hoy en día.

El siglo XVI dio paso a etapa constructiva renacentista. Supone una época de prosperidad económica. Durante este período de florecimiento se emprenden numerosas obras en el monasterio. Destacan el comienzo de la Sala Capitular y la contratación de la obra del claustro y su trazado con el maestro cantero y arquitecto español Juan de Naveda.

La etapa barroca comienza en el siglo XVII, llegando hasta el XVIII. En esta fase se construye el actual claustro. En una de sus piedras está grabada la fecha del año 1637). También se construyen la mayoría de las dependencias del monasterio a las que se accede desde la sala capitular, actualmente la zona más arruinada del conjunto monacal. Asimismo, se realizan importantes obras en el interior de la iglesia. Merecen ser destacados los dos arcos que comunican las capillas laterales de la cabecera con la principal.

Así lucen las ruinas del Monasterio de Santa María de Rioseco

Así lucen las ruinas del Monasterio de Santa María de Rioseco | Shutterstock

Reconstrucción ideal del Monasterio Santa María de Rioseco

En 2010, los integrantes de Salvemos Rioseco reforestaron el edificio con la ayuda de la Asociación Forestal de Burgos. En este proceso, se cortaron más de trescientos árboles que dañaban las estructuras y accesos al monasterio. Desde entonces, no han cesado de acometer obras de limpieza, remodelación y difusión. Continúan en su empeño de devolver al monasterio su esencia monumental.

Los espacios del monasterio que están proyectados para su reconstrucción incluyen la iglesia, con planta de una sola nave. El retablo mayor, de estilo barroco, preside actualmente la capilla mayor del Seminario Diocesano de Burgos. La Sala Capitular, de más altura y menos alargada que la original. También el claustro de los monjes, que actualmente supone un grandioso ejemplo de arquitectura clasicista. Comunica con la antigua escalera principal, una bella escalera de caracol helicoidal, semejante a la del Monasterio San Pedro de Cardeña de Burgos.

Cúpula de la iglesia del monasterio

Cúpula de la iglesia del monasterio | Shutterstock

En 2013, además, se abrió la puerta de la cilla, la bodega del monasterio, hasta entonces cegada. Comunicaba el Claustro con la Cilla, haciendo más atractiva su vista. En la entrada principal al monasterio solo puede apreciarse un amasijo de ruinas. Se sabe, por una fotografía del Archivo de Burgos, que existió una clasicista puerta con arco de medio punto y columnas que sustentaban un frontón triangular.

Un panel explicativo ilustra cómo debió ser el monasterio en su época de gran esplendor, en contraste con lo que existe en nuestros días. Todas las mejoras realizadas a lo largo de los años, desde que el colectivo Salvemos Rioseco se puso manos a la obra, han conseguido que Santa María de Rioseco ya no figure en la lista roja de patrimonio en peligro. Se ha convertido, además, en el segundo destino turístico más visitado de las Merindades.

Visitando el monasterio

Vistas desde el monasterio

Vistas desde el monasterio | Shutterstock

Con el sonido del discurrir del Ebro como compañía, lo primero que aparece ante los ojos son unos muros derruidos donde antiguamente se erigía la puerta principal del monasterio. La libertad para moverse como se desee por las dependencias, siguiendo las indicaciones y posibilidades que muestran los carteles, le concede un aire bucólico, poético, a esta visita.

Se puede pasear la gran iglesia, el claustro, la escalera de caracol, los accesos habilitados para subir a la primera planta, al mirador. También se puede contemplar lo que queda de la estructura, imaginar los hornos, las huertas que una vez se extendieron sobre ese bello paisaje. Hay disponibilidad, además, de visitas guiadas, para las que no es necesario realizar reserva.

El monasterio abre diariamente. En verano hay jornadas de puertas abiertas en las que se da a conocer el trabajo de los voluntarios y se ensalza el valor del lugar.