En la parte toledana del triple cruce entre dicha provincia, Ávila y Cáceres se alza el curioso castillo de Oropesa. Un conjunto que, según por donde se mire, dará una visión completamente distinta. Por ejemplo, la de una fortaleza militar de claro origen árabe. Aunque si se cambia de ángulo, se verá una cristiana. Anexa queda una parte palaciega. Solo con mirar, queda claro que la historia de este edificio ha sido ajetreada. Hoy parador, fue el punto desde el cual los Álvarez de Toledo ejercieron uno de sus primeros títulos.

Torre del homenaje en el Castillo de Oropesa

Torre del homenaje. | Shutterstock

Del viejo al nuevo castillo de Oropesa

La intrincada andanza del monumento oropesano tiene un epílogo anterior a la Edad Media. Sobre el montículo sobre el que se asienta, dominando el Campo Arañuelo, se cree que hubo un enclave romano. A su vez, existen indicios de una habitación celtíbera todavía más antigua. Sea como fuere, el conjunto actual comenzó a existir en el siglo XII/XIII de mano de los musulmanes. Ellos habrían erigido el Castillo Viejo, un rectángulo fortificado. Segmentos de murallas y un par de torres se asocian a este periodo.

Patio de armas del Castillo Nuevo de Oropesa

Patio de armas del Castillo Nuevo de Oropesa. | Shutterstock

El lugar cambió de manos varias veces, pero siempre destacó por guardar el camino a Extremadura desde la meseta. Una posición estratégica que llevó a reforzar el conjunto original. Sin embargo, el hecho más destacado que le afectó fue el nombramiento de García Álvarez de Toledo como primer Señor de Oropesa a mediados del siglo XIV. Esto fue una recompensa al hecho de que renunciase a ser maestre de la Orden de Santiago. Tiempo más tarde, sus herederos verían aumentada su dignidad a condes, mientras el linaje se convertía en uno de los más laureados de España.



De esta forma, la consolidación precondal del poder de los Toledo, como se les conoció hasta el XIX, supuso que se creara el Castillo Nuevo desde principios a finales del siglo XV. Se ejecutó pegado al anterior en estilo góticomudéjar. Es llamativo que las torres que rodean a su patio de armas son bastante distintas. Por ejemplo, en un vértice se muestra imponente un poderoso torreón cuadrado. Sin embargo, la torre del homenaje es la más notable. Cuadrada y de 25 metros de alto, sus esquinas muestran vistosas garitas defensivas. La escalinata que da acceso a sus instancias superiores y el adarve es quizá el elemento más bello de la fortaleza.

Exterior del castillo de Oropesa

Exterior del castillo de Oropesa. | Shutterstock

Los palacios de los Álvarez de Toledo

Sin embargo, la rama oropesana de los Toledo quiso también tener comodidad para manejar sus asuntos. De este modo, comenzó a elevar espacios palaciegos pegados a la fortaleza. Un plan completo. Otra vez, existen una pareja de palacios, el Viejo o de Doña Elvira y el Nuevo. La originalidad no es la clave de la nomenclatura del castillo de Oropesa y sus anexos, por lo que esta puede resultar algo liosa.

Vista general de los palacios y el Castillo de Oropesa

Vista general de los palacios y el Castillo de Oropesa. | Shutterstock

Gótico mudéjar y de finales del XIV en inicio, el palacio de Doña Elvira fue expandiéndose casi como una extensión de la pared norte del Castillo Viejo. Su nombre le viene dado por la esposa del segundo señor de Oropesa. En él se desarrollaron los ascendidos Álvarez de Toledo, que también tenían que prestar atención a Tornavaca y Jarandilla, otros Señoríos obtenidos por García. Siguieron usándolo, ampliado, en su época condal, a partir de 1475.

Fachada de uno de los palacios de Oropesa en Toledo

Fachada de uno de los palacios de Oropesa en Toledo. | Shutterstock

Perpendicularmente al anterior, formando con el castillo el tercer lado de un enorme rectángulo, apareció el Palacio Nuevo. Juan Álvarez de Toledo y de Monroy, IV conde de Oropesa, fue quien optó por erigir el edificio. La construcción sucedió entre finales del XVI y principios del XVII. Durante este tiempo fue un cercano servidor de Felipe II, al punto de que este le encomendó llevar a El Escorial restos de familiares, entre ellos el mismo Carlos V. Francisco de Mora fue el arquitecto a cargo del proyecto, dotándolo de un agradable y señorial carácter renacentista. Una seña de identidad de este discípulo herreriano.

Castillo de Oropesa desde el aire

Castillo de Oropesa desde el aire. | Shutterstock

De sede condal a un parador pionero

El lugar de poder se mantuvo como tal hasta el siglo XIX, cuando se suprimió el mayorazgo de la casa de Toledo. La decadencia fue total. Tampoco ayudó la Guerra de Independencia. Durante la misma, el ejército francés hizo estragos en la estructura. Entre otros usos adicionales del Castillo de Oropesa se incluyeron el de cuartel de la Guardia Civil o el de coso taurino. Pese a ello, logró aguantar hasta que llegó su gran oportunidad.

Patio de los palacios de Oropesa

Patio de los palacios de Oropesa. | Shutterstock

En 1930 se cedió por parte del consistorio un segmento del castillo para servir como sede de uno de los primeros Paradores en sede monumental. La inauguración tuvo un gran boato e incluyó a personalidades como el marqués de Comillas. El concepto fue bien hasta que otra guerra, la Civil, destrozó el lugar. Pese a ello, logró remontar el vuelo en 1966, cuando el conjunto fortalezas-palacios se consolidó como Parador. Desde entonces ha servido como residencia de paso, favorecida por su situación a tiro de piedra de lugares tan interesantes como la Sierra de Gredos o Monfragüe. Un final mucho mejor que la ruina para el polifacético edificio.