Qué ver en Moya

Abandonada villa de los indomables

Ubicada sobre un alto promontorio que sirve de frontera natural entre Castilla, Valencia y Aragón, Moya es hoy una localidad deshabitada con una apasionante historia. A continuación te nombramos diversas opciones que ver en Moya.

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El recorrido por las ruinas que ver en Moya, Cuenca, requiere de un par de horas. Recomendamos especialmente leer nuestro apartado de historia para apreciar el lugar, pues de lo contrario no puede interpretarse lo que se ve.

Una buena opción para continuar la escapada es dirigirse hacia el norte por la N-330 para visitar el enclave valenciano de Ademuz. Si queda tiempo se puede hacer senderismo por el cercano Parque Natural de la Puebla de San Miguel. La otra alternativa cercana es viajar hacia el noroeste para visitar Cañete y recorrer los lugares del temible Valido Don Álvaro de Luna.

Quien regrese en dirección sur puede aprovechar para hacer una visita al municipio vinícola de Utiel. Las alternativas para parar en esta comarca son muy limitadas. La opción es reservar en Ademuz o dormir en Cañete.

¿Quieres conocer este sitio?

La historia de Moya es más que interesante y merece la pena leerla para saber luego que ver en Moya.

Su historia está determinada por su condición fronteriza entre los reinos de Aragón, Castilla y Valencia. Se han encontrado vestigios de la Edad del Bronce y del Hierro, pero no hay rastro alguno de los musulmanes.

Su historia comenzó en 1210, cuando el rey Alfonso VIII la funda, concediéndole fueros y privilegios para poblarla. Cinco años después el rey Enrique I –hijo del monarca fundador- donó la villa a la Orden de Santiago, que edificó el castillo. El carácter aduanero de la plaza y el vasto territorio que la conformaba (llegó a contar con 33 aldeas) la convirtieron, desde el mismo momento de su fundación, en tierra codiciada por nobles e infantes. Esto iba de mano en mano como garantía de pactos y servicios.

Fue señorío de la mano de don Juan González, Maestre de la Orden de Calatrava. Sin embargo, en 1319 pasó a pertenecer de nuevo a la Corona. Formará luego parte del señorío de Albornoz.

En el año 1391 los moyanos compraron su libertad –a cambio de diez mil florines de oro- a la viuda de Juan de Albornoz, señor de Moya. Desde ese momento volvieron a depender directamente de la Corona y se gobernaron así mismos. Apetecidos por los validos de los reyes, sus villanos adquirieron fama de indomables. Incluso llegaron a defender su autonomía ante las Cortes castellanas.

También consiguieron oponerse con éxito a las pretensiones del valido Juan Pacheco –el famoso Marqués de Villena– que trató de que se la donara su amigo el rey Enrique IV.

Pero finalmente no pudieron evitar que la reina Isabel la Católica se la entregara a Andrés de Cabrera como premio por su ayuda en su accesión al trono. Además, en 1480 la reina convirtió el señorío en marquesado. Consciente de la codicia que Moya despertaba en otros nobles, el nuevo marqués mejoró la fortificación de la villa y reformó el castillo. Por aquel entonces esta localidad castellana alcanzó su momento de mayor prosperidad, que mantendría hasta el siglo XVI.

Serranía Baja de Cuenca
Villa de Moya / Foto: lugaresconhistoria.com

Nunca hubieran imaginado Andrés Cabrera y Juan Pacheco –tremendos enemigos en la Corte de Enrique IV– que el hijo de éste y la hija de aquel casarían. De esta manera, se incorporó el marquesado de Moya al de Villena. Este evento que marcará el inicio de la decadencia de la localidad. Actualmente el marquesado es parte de la Casa de Alba.

Durante la Guerra de la Independencia, Moya fue un centro de resistencia antifrancesa, resultando saqueada en varias ocasiones. Durante la primera guerra carlista fue también un bastión gubernamental. Así, fue asaltada y saqueada por el general carlista Cabrera en 1835.

Finalmente, la aplicación de la reorganización municipal y provincial de Javier de Burgos –que implicó la independencia a decenas de las aldeas de su concejo- y la desamortización de Mendizábal (que expulsó a las ricas Órdenes de la villa) supusieron la desaparición de la grandeza de este municipio conquense.

Desde este momento, sus habitantes fueron abandonando el recinto urbano primitivo para trasladarse a Santo Domingo de Moya. Hasta entonces la localidad no era más que uno de los arrabales al pie de la colina. En la actualidad, y tras varias décadas de absoluta dejadez, se están llevando a cabo trabajos de restauración. Estos pretenden devolver a la villa el esplendor que tuvo en la Edad Media.

A continuación, corresponde leer el apartado Qué ver en Moya.

A continuación, encontrarás todo lo que hay que ver en Moya.

El Castillo, situado en lo más alto del cerro donde se asentaba la localidad, es lo primero que llama la atención del visitante. Fue construido por la Orden de Santiago y durante los años de la Reconquista constituyó un importante enclave militar.

Fue reformado por Andrés de Cabrera y Beatriz de Bobabilla cuando en 1480, adquieren el título de primeros marqueses de Moya. Conserva todavía los lienzos de sus murallas y algunas puertas de acceso. Por ejemplo, la del Altillo, la de los Carros o la de San Juan. Una puerta flanqueada por dos torreones cilíndricos resguarda el paso a la torre del homenaje, de planta rectangular e interior semicilíndrico.

Pasear por su casco urbano, declarado Conjunto Histórico-Artístico, es regresar a la época medieval. En la Plaza Mayor se encuentra la Iglesia de Santa María la Mayor. Es el templo más antiguo que ver en Moya y además el único que conserva el culto. Es de estilo gótico y en su interior destaca el altar mayor, muy decorado.

El Ayuntamiento y el Pósito, ambos del siglo XVII, y la Iglesia Gótica de la Trinidad ocupan otras fachadas de la plaza. Próximo a éstos, las ruinas del antiguo Hospital.

Detrás del templo de la Trinidad hay que ver en Moya el Convento de monjas concepcionistas. Fundado en el siglo XVI, hoy sólo conserva sus muros y arranques de los arcos. Destaca también la Iglesia de San Bartolomé, que guarda aún unas interesantes pinturas de los siglos XIV y XV.

ayuntamiento moya
Ayuntamiento de Moya

Detrás del templo de la Trinidad está el Convento de monjas concepcionistas. Fundado en el siglo XVI, hoy sólo conserva sus muros y arranques de los arcos. Destaca también la Iglesia de San Bartolomé, que guarda aún unas interesantes pinturas de los siglos XIV y XV. Se trata de un templo imprescindible que ver en Moya.

A pesar de su abandono, la villa de Moya sigue celebrando el Septenario. Sus orígenes se remontan a 1639, cuando los vecinos de la localidad sacaron en procesión a la Virgen para rogar por el fin de una larga sequía. Desde entonces y cada siete años, los habitantes de las localidades y pedanías cercanas se reúnen para celebrar la romería de la Virgen de Tejeda. Se lleva en carrera desde su santuario, en Garaballa, hasta el castillo de Moya.

Finalmente, esto es lo principal que ver en Moya.

Imprescindibles

iglesia santa maria mayor moya
Iglesia de Santa María la Mayor
muralla moya
Puerta de la muralla

Datos prácticos

Coordenadas

39° 56′ 54″ N, 1° 21′ 55″ E

Distancias

Cuenca 101 km, Toledo 363 km, Madrid 265 km

Aparcamiento

Es fácil aparcar en las inmediaciones de la villa.

Altitud

1149 m

Habitantes

186 (2013)

Entre todo lo que ver en Moya, nada como asistir a sus fiestas. Por un lado, el Cristo de la Caída (15 de mayo). Por otro lado, Septenario (cada siete años, del 16 al 26 de septiembre).

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