Cuentan las viejas lenguas que la primera vez que alguien escribió sobre el valle de Polaciones no pudo resistirse a describir la inmensa belleza del lugar. Lomas verdes que miran al cielo. Bosques que se extienden más allá del horizonte. Pueblos escondidos que se descubren de boca en boca. Una atmósfera que invita a quedarse. A cerrar los ojos y escuchar el canto del río. A desaparecer del mundo mientras el sol cae entre las montañas.

Cantabria es un destino como pocos. Desde su hermosa capital hasta el impresionante paraje natural que lo envuelve. Eso sí, iniciar ruta por el valle de Polaciones es aceptar dos cosas. La primera, que es un universo rural como pocos y que, por ende, hay que cuidarlo. La segunda que el amor a primera vista sí existe. ¿Lo mejor de todo? Que es un destino tan versátil que se puede visitar en cualquier momento del año porque hay opciones de todo tipo. Y no solo eso, sino que el paisaje adquiere una nueva personalidad en cada estación.

Un tesoro escondido

Llegar al valle de Polaciones requiere de algunas habilidades especiales. La primera es, sin duda alguna, la orientación. O mejor dicho, la capacidad de perderse por carreteras pequeñas mientras los árboles crecen cada vez más. Ubicado al oeste de Cantabria, este hermoso enclave no se deja descubrir fácilmente. La mejor ruta para acceder a Polaciones es la que discurre por la carretera de Tudanca. Se puede acceder a ella a través de la Autovía del Cantábrico.

Las tonalidades verdes se intensifican a medida que uno llega al valle. Las lomas entrecortan el cielo y los picos se elevan por encima de los 2.000 metros. Entre bosque y bosque asoman los tejados rojizos de las casitas de los pueblos que adornan la zona. Un paraje de postal que se revela con un ritmo lento.

Menhires, castros y alto medievo

Menhir en la montaña

Menhir en la montaña | Shutterstock

Polaciones fue hogar de pequeñas sociedades campestres en la Edad de Bronce. Prueba de ello son los menhires encontrados en el Puerto de Sejos. Un encadenado montañoso que cruza las fronteras del valle y donde se han encontrado este tipo de construcciones. La Alta Edad Media también fue una época de bonanza económica y cultural para el valle. El castro de Santa Eulalia forma parte de la herencia de aquella época. Sobra mencionar que la visita a estos dos pedacitos de historia es altamente recomendable.

La verdadera esencia del valle reside en su paisaje ganadero. Un paisaje de pastoreo. De mancharse las manos de tierra y escuchar el cacareo del gallo por las mañanas, aunque sea a horas intempestivas. Y es, precisamente, este ambiente rural el que lo transforma en un enclave inolvidable donde tradiciones, artesanía y gastronomía pasan de generación en generación.

Pueblos para comérselos

Pueblo de San Mamés en invierno

Pueblo de San Mamés en invierno | Shutterstock

Otra de las cosas que enamoran del valle de Polaciones son sus simpáticas gentes. Su carácter se mueve por el tono típico de los destinos del norte. Acogen al visitante y lo cuidan como si fuera uno más de la familia. Nueve pueblecitos componen la pintoresca panorámica de este bello paraje. Con sus casonas típicas, sus verdes prados, sus callecitas empedradas y un delicioso olor a parrilla saliendo de sus chimeneas.

La primera parada obligatoria es en Lombraña, la pintoresca capital de Polaciones. El lugar perfecto para disfrutar de un agradable paseo entre sus casas de piedra y jardines. En la aldea se puede visitar la Casa de La Cotera, un tesoro arquitectónico declarado Bien Protegido. Lombraña cuenta también con una iglesia de estilo románico perfectamente conservada que merece la pena visitar antes de continuar camino hacia el próximo pueblo.

Tresabuela es uno de esos rinconcitos del mundo que sorprenden nada más poner un pie en ellos. Una de las razones son sus pintorescas casas adornadas con flores por sus, más o menos, 30 habitantes. El entorno que rodea a este oasis de tranquilidad acentúa su encanto. Montañas a lo lejos, verdes pastos tintados por el ganado y hayedos.

Puente Pumar es otro tesoro rural que preserva el encanto del valle. Además posee un punto de encuentro del Ecomuseo Saja-Nansa. Una institución que promueve excursiones por la zona como Pozos del Amo y La Cruz de Cabezuela. También la aldea de Cotillos es un punto casi imperceptible en los mapas que se vuelve hermosa en los ojos de todo aquel que la visita. Con poco más de 10 habitantes, esta pequeña maravilla rural se ubica a poco más de 1.140 metros de altura. En su interior residen casitas de techo rojizo, pajares, una ermita y una plaza.

Aunque los pueblos que rodean el valle de Polaciones son pequeñitos, lo cierto es que son el destino perfecto para relajarse, pasear y disfrutar de la deliciosa gastronomía cántabra. Además de las aldeas ya mencionadas, existen otras como Uznayo, Santa Eulalia, San Mamés, Salceda, La Laguna y Pejanda que merece mucho la pena visitarlas.

Un escenario natural único

Cascada en el valle de Polaciones

Cascada en el valle de Polaciones | Shutterstock

El mejor marco para situar a estos pintorescos pueblecitos no es otro que la imponente Cordillera Cantábrica. Concretamente, entre las sierras Peña Labra, Cordel y Peña Sagra. Vistiendo estos montes se encuentran bosques de hayas, abedules y praderas en las partes bajas de las lomas. Los amantes de la naturaleza encuentran en este valle su santuario particular. Ya no solo por el gran número de excursiones que se pueden realizar, sino por la variedad de vegetación que se descubre en su interior.

La fauna es amplia y rica, destacando las comunidades de lobos, osos, rebecos y jabalíes que habitan en los bosques. En cuanto a aves, son comunes las especies de buitres y águilas. Cruzando los cortes de piedra y caminos montañosos discurren las aguas frescas y cristalinas del río Nansa. Un entorno único ideal para perderse.

Montañas escarpadas

Montañas escarpadas | Shutterstock

Todo buen excursionista sabe que se puede acceder a todo sitio al que alcance la vista. Con las medidas adecuadas, eso sí. Y el valle de Polaciones ofrece excursiones, subidas y caminos a diestro y siniestro. Para empezar, solo hace falta echar un vistazo a las majestuosas sierras que lo envuelven. La Peña Sagra, con 2.047 m. de altura, el Pico Tres Mares, 2.175 m., la Peña Labra, 2.018 m., y el Cueto Jelgueras, 1.745 m., son algunos de los puntos más atrayentes para los excursionistas que exploran la zona.

Los Caminos del Ecomuseo, una guía diseñada por el Ecomuseo Saja-Nansa es otra referencia perfecta para adentrarse en las rutas del valle. Se dividen en dos grupos: excursiones sobre el Valle del Nansa, de fácil acceso y normalmente indicadas para personas no expertas. Algunas de ellas son Pesués-La Cruz, San Mamés-La Cruz de Cabezuela y Cosío-Pejanda. Los Puertos de Sejos forma el segundo grupo de excursiones con rutas más exigentes como Uznayo-Collado de Rumaceo y Puente Pumar-Pozo del Amo. Esta zona es casi como un viaje en el tiempo, ya que se encuentra poblada de menhires.

Fiestas imperdibles

Carnaval en zonas rurales

Carnaval en zonas rurales | Shutterstock

¿Qué mejor manera de finalizar una visita a Polaciones que adentrándose en sus fiestas populares? La mejor excusa para saborear toda su gastronomía tradicional acompañada de unas buenas sidras. Una de las celebraciones más representativas es Nuestra Señora de la Luz, que tiene lugar durante el mes de Agosto en los pueblecitos de Pejanda, La Laguna y Puente Pumar.

El Encuentru es otra de las fechas para marcar en el calendario. Se trata de una reunión folclórica de músicos que tocan el rabel, el instrumento por excelencia de Polaciones. Una muestra de la cultura del lugar llena de conciertos y música popular que le alegra a uno el día. Por último, cabe mencionar el Carnaval de los Zamarrones. El valle se tiñe de comparsas, disfraces y juegos como “el sabaneo”, que consiste en salpicar barro a todo aquel que se acerque.